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martes, 16 de diciembre de 2014

ROSAS AZULES


Se acerca el día, no puedo volver a fallar, debo ser preciso. No entiendo cómo pude equivocarme aquella vez… ¡esta vez no pasará! Ella, no volverá a mirarme despectivamente, no lo consentiré. Quiero que me vuelva a mirar con respeto, como lo hacía cuando nos conocimos, con esos ojos verde-oliva, brillantes y húmedos por la emoción de sentirse entre mis brazos… ¿Qué nos pasó? ¿Cómo pudo degenerar tanto nuestra relación? Éramos tan felices… ¡tan dichosos! 
¿Qué decía…? ¡Ah, sí…! No, esta vez no fallaré… la tengo justo enfrente; hermosa, radiante, fresca y perfumada… «Espero no sorprenderla demasiado, ni asustarla o hacer que desconfíe de mí… pero no, esta vez será diferente, comprenderá que nuestro amor está por encima de chiquilladas y absurdas monotonías». ¡Mírala, es tan hermosa! ¿Dios…? ¿Y si cree que lo hago porque hay “otra”? Ellas son tan desconfiadas… no soportaré tener que darla de nuevo explicaciones… ¿Las entendería? Pero no, ella… ¿me ama? ¡Malditas dudas! No lo debo pensar más, son tan bellas y azules…  Que es imposible que ella no las acepte como las rosas mar - azul, más bellas y más hermosas.
«No, no me volveré a equivocar, como el aniversario pasado, cuando le traje un clavel azul…» Murmuraba Alberto para sí, mientras tembloroso dejaba el ramillete de rosas azules, en la fría y brillante lápida de mármol.