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viernes, 19 de diciembre de 2014

EL PREMIO DE JAVIER


Javier, corría, corría como un desesperado. Su corazón, muy joven y avezado, no tenía límites.
Saltaba por encima de los peñascos, de los arbustos y de cuantos estorbos se le interponían.
Su cabeza no se giró ni una sola vez hacia atrás. Solo tenía una meta en la cabeza… un destino. Se lo dejaron bien claro; “Nunca gires la cabeza ni mires hacia atrás”. Y él, corría y corría…
 y aunque en su respiración se le notaba que estaba cada vez más agitado y exhausto, él, no desaceleraba el paso.
¡Ya estaba allí! ¡Su meta…! la veía bien clara al final de aquel cerro, en aquel claro de bosque…
Sí, era verdad, y,  tal como le dijeron; “Al final del cerro encontrarás a la bella Mercedes, ella te dará tú premio.”
Y, ¡allí estaba ella, radiante, recostada en un diván, bella y lánguida, con esa belleza infantil de sus dieciocho años recién cumplidos!
Por fin, Javier llegó  a los pies de la hermosa Mercedes y, sin dudarlo un segundo, se hincó de rodillas, solemne y dispuesto para recibir su premio merecido. Tan rápido se agachó que no pudo ver los ojos satánicos de la joven, brillantes y ebrios de poder, ni el largo cuchillo que, astutamente,  ocultaba a sus espaldas. Por supuesto, tampoco se enteró, cuando, lo que él pensaba era una caricia en su cabeza, en realidad fue sujetarle el pelo con una mano y con la otra segarle el pescuezo, todo a la vez. 
Tampoco pudo escuchar su risa y su voz de loca gritando y alzando la chorreante cabeza del joven en la mano;

 ¡Gracias padre por mi “regalo de cumpleaños”!


miércoles, 17 de diciembre de 2014

La inspiración del asesino...


Hace tres semanas que empecé a pasar hambre, (me negué a alimentarme con cadáveres), ―no lo puedo llamar dieta―, paso mucha hambre, en la nevera apenas hay alimentos “normales”, y yo no tengo dinero para comprarlos y, la que tiene, ―mi hermana―, prefiere esconder lo poco que compra para comérselo ella. ―Aunque si le preguntaran diría que lo que hay es para los dos―. Y eso, y pese a todo, a que yo anteriormente puse dinero para pagar piso y demás gastos, incluida la comida para los dos. Aunque la que compra ella ahora… no, esa comidaesa no, ¡no puedo! ¿Triste, verdad? Y pensar que fui yo quien la introdujo en este cruel mundo del canibalismo… yo mismo “cazaba” las piezas.
Para que no tenga remordimientos la engaño y digo que estoy a dieta, ―en parte es verdad, eso me ayudará a olvidar lo que fui, «qué remedio». No le puedo guardar rencor, creo que me merezco pasarlo mal, todo lo que soy o me lleve en la vida me lo merezco por cobarde e indeciso… o perezoso y vago, que no lo sé.
Tengo hambre… ¡maldigo el día en que decidí probarla!

 No puedo negarlo, tengo mucha hambre… pero, espero que eso me ayude a tomar una decisión que, o bien me levante el ánimo o, (me lo acabe de tumbar).
Qué difícil es tener inspiración así… no consigo entender cómo los clásicos lograban escribir sus historias pasando tanta hambre como pasaban, increíble en verdad, eso sí que es mérito, escribir con el estómago vacío y sin saber si al día siguiente lo van a poder llenar.
Lo reconozco, me puede el hambre y mi inspiración es nula. A duras penas logré acabar mi novela de “La doble cara de la muerte”. Aunque he de reconocer que le falta aún varias revisiones y correcciones de estilo. En fin, poquito a poco, que no se hizo el mundo en dos días, sino, en siete. (Eso dice la biblia, cosa que yo no me creeré jamás). Prefiero creer que el mundo tan solo es fruto de una casualidad.
En detrimento de mi obra, me sigo negando a alimentarme con cadáveres.

Mientras dejaré lo poco que aún queda en la nevera de la última presa a la que di caza  para mi hermana y, yo… seguiré pasando hambre y soñando iluso que todo se arreglará.


martes, 16 de diciembre de 2014

ROSAS AZULES


Se acerca el día, no puedo volver a fallar, debo ser preciso. No entiendo cómo pude equivocarme aquella vez… ¡esta vez no pasará! Ella, no volverá a mirarme despectivamente, no lo consentiré. Quiero que me vuelva a mirar con respeto, como lo hacía cuando nos conocimos, con esos ojos verde-oliva, brillantes y húmedos por la emoción de sentirse entre mis brazos… ¿Qué nos pasó? ¿Cómo pudo degenerar tanto nuestra relación? Éramos tan felices… ¡tan dichosos! 
¿Qué decía…? ¡Ah, sí…! No, esta vez no fallaré… la tengo justo enfrente; hermosa, radiante, fresca y perfumada… «Espero no sorprenderla demasiado, ni asustarla o hacer que desconfíe de mí… pero no, esta vez será diferente, comprenderá que nuestro amor está por encima de chiquilladas y absurdas monotonías». ¡Mírala, es tan hermosa! ¿Dios…? ¿Y si cree que lo hago porque hay “otra”? Ellas son tan desconfiadas… no soportaré tener que darla de nuevo explicaciones… ¿Las entendería? Pero no, ella… ¿me ama? ¡Malditas dudas! No lo debo pensar más, son tan bellas y azules…  Que es imposible que ella no las acepte como las rosas mar - azul, más bellas y más hermosas.
«No, no me volveré a equivocar, como el aniversario pasado, cuando le traje un clavel azul…» Murmuraba Alberto para sí, mientras tembloroso dejaba el ramillete de rosas azules, en la fría y brillante lápida de mármol.




lunes, 15 de diciembre de 2014

Engendrar resentimiento


La vida me hizo engendrar resentimiento, lascivas imágenes me poseían, inundando mi mente hasta lograr ahogarla. Todo, ante mis ojos aparecía obsceno, sucio ¡Sombrío! Rechinaron mis dientes al pensarlo ¡imposible olvidarme!  Está todo tan dentro de mí… tanto penetró el veneno en mis entrañas que, ¿cómo poder obviarlo si la última imagen que recuerdo es la de ella... matándome?.



viernes, 12 de diciembre de 2014

Yo sí sé quien eres ¡maldita seas!


 

Sigue aquí, lo sé… me vigila, aunque sabe que nada puedo hacer por parar sus crímenes.
No entiendo por qué aún no me ha matado… sabe que lo sé todo y que un día u otro lo diré. Más bien, lo gritaré con fuerza para que todos me escuchen y todo se acabe.
Que lo sepa, nunca escapará y acabará pagando sus crímenes, más tarde o más temprano si antes, no me mata.
Pero, no me teme. Sabe que aquí en esta habitación, donde me visita cada noche para contarme con todo lujo de detalles su último crimen, nadie me escuchará.
Se ríe como una hiena, mientras me cuenta sin compasión cómo hace para matarlos sin que nadie sospeche.
«Yo si sé quién eres, ¡maldita seas!»
Mi conciencia grita desgarrada y ella me contesta con una cruel carcajada.
Yo fui su primera víctima pero no, no me mató, esa no fue mi “suerte”.
Lo hizo la primera noche, dejándose llevar por el demonio que llevaba dentro. Salía de casa con un largo cuchillo en la mano y en sus ojos, la mirada más demoníaca que yo había visto jamás.
La pregunté:
― ¿Adónde vas? ― Mis ojos apenas podían ver en aquella oscuridad y no pude ver el objeto que llevaba escondido a su espalda hasta que fue demasiado tarde para mí.
Aún así, no tuve la suerte de que lo usara contra mí. Me miró con esos ojos que nunca había visto antes mientras me hablaba en un ligero susurro…
― Cariño… no pasa nada, ve, ve a dormir sólo voy a salir a tomar un poco de aire fresco al jardín.
Entonces fue cuando vi ese enorme cuchillo a sus espaldas y, sus demoníacos ojos rojos pero, fue tarde.
De un fuerte empujón me lanzó escaleras abajo… 23 escalones.
En mí boca solo un grito de horror y sorpresa… ¡Mamá! ¿Qué haces? Mientras iba sintiendo como crujían cada uno de mis huesos en cada golpe con el siguiente escalón…
Desde entonces me visita, aquí, en esta cama del hospital, donde cada noche me viene a contar, cómo, dónde y...  qué siente al matar a su nueva víctima.