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domingo, 30 de junio de 2013

Dos Asesinos y medio




Desde que supe el modo de funcionar del "juguetito", ahora es mucho más sencillo todo, puedo hacer lo que me dé la gana y en el momento que quiera. Alicia me hizo un magnífico "regalo" jajaja. Un día "se lo pagaré como se merece", jajajajaja. Bueno, voy a ver cómo consigo que "mi testigo" Bogdan, "vea" lo que yo quiero que vea. Será divertido ver su cara y él... vea la "mía". Claro que, en dos tiempos diferentes...
Con Bogdan de testigo nadie volverá a dudar de mi "inocencia". Y el bueno de Matías se va a tener que "comer" a su testigo con patatas. Lo que yo no podía imaginar entonces era que, al usar de manera arbitraria el "juguete", éste estaba a punto de descubrirme ante "alguien" aún más peligroso que el teniente Matías, «Alicia». Y no tardando mucho iba averiguar el por qué.



Bogdan me esperaba pacientemente en “Otto Zutz”, una nueva discoteca, construida sobre una vieja fábrica de la “City” en la calle Lincoln. Tres pisos con distintas salas y ambientes, con diverso tipo de música. Aunque lo único que yo quería era un lugar muy visible, con mucha gente y “bien acompañado”. 


Al llegar aún tuve tiempo de escuchar su disertación sobre la ley y la justicia: «La justicia es demasiado blanda, Nuestros políticos, aparte de corruptos, unos verdaderos inútiles. Los abogados defensores de estos desaprensivos se dejan "tentar" por el dinero fácil que les supone recibir directamente dinero a manos llenas de las mafias, da igual si Rusas, Turcas o del Cartel de quienes sea, el caso es defender a esta cuadrilla de asesinos, violadores, pedófilos o vendedores de drogas, para estos "abogados" les da absolutamente igual. (Ojala y no les toque en su puerta la desgracia y sean víctimas de alguno de sus defendidos). Claro que no es de ahora... todo viene desde el comienzo de los tiempos. El hombre es un depredador, un asesino en potencia... si encima se les da facilidades... no te digo más».
ethan suplee

Bogdan me dejó maravillado, ni idea de que tuviera incluso raciocinio para pensar siquiera por sí solo…
Entonces me vio y al parecer, se sintió encantado de verme, dejando de hablar de in mediato y seguidamente hizo las presentaciones; Jefe, le presento a mi gran amigo y neurocirujano, Javier Haro Herraiz. Javier, este es mi jefe el doctor Gabriel Soto, médico forense del distrito 21 del Hospitalet.
No le dejé que continuara, le di un apretón de manos, les eché a los dos los brazos por el los hombros y pedí tres nuevas rondas de lo más fuerte que hubiera, quería una noche loca y la iba a tener, vaya que sí. «No sería por falta de alcohol. Eché un vistazo a mi reloj: «la 1:30 de la mañana, perfecto».
A esa misma hora una cantidad considerable de testigos estaban viendo, en directo, como un hombre, tremendamente parecido a mí, estaba asesinando a un periodista deportivo, en directo y frente a más de cuatro millones de telespectadores. También pudieron ver su guiño a la cámara segundos antes de desaparecer, como si fuese un truco de cámara, dejando, junto al cadáver, el enorme cuchillo de carnicero utilizado en el degüelle del pobre desgraciado periodista.





Estoy cansado, este maldito dolor de cabeza acabará conmigo «si antes no lo logra Matías». Pasó raudo el pensamiento por mi cabeza, (antes que lo desestimara de inmediato). «con lo optimista que era yo, Joder». En fin, que me salgo del "asunto" y no es plan. Ya me conocéis, cuando me duele tanto la cabeza, solo hay un medio de que se me "calme". «Tengo que matar a alguien». A sí que, me toca buscar una nueva y apetitosa "víctima" O acabaré loco, pero eso sí, no será antes de ir a ver a mis hijos.



Por supuesto que esta vez no me llevaré a Bogdan conmigo, después de la juerga que nos corrimos los tres, su amigo neurólogo, él y yo. «¿Qué pensabais desgraciados, me imaginabais entre putas y chulos nada más eh? Ni siquiera hablamos de mis frecuentes dolores de cabeza y eso que el bueno de Bogdan lo intentó varias veces pero, unos buenos pellizcos en el brazo le convencieron de que no era el mejor momento».
Lo que decía…
No he sido un buen padre, ni siquiera un buen marido, sin embargo nadie podrá dudar de que mis hijos son importantísimos para mí, nunca les ha faltado de nada, bueno sí, un buen padre… lo reconozco, también que les diga lo mucho que les quiero. «Aunque esa no es mi culpa, desde que se los llevó mi ex mujer no dejó ni un solo día que los visitara».
 Es cierto que no hice mucho por verlos, me costaba demasiado verla a ella… nunca entendí cómo se nos fue todo a la mierda. ¿Mi trabajo tal vez? En aquel entonces, en turno de noche no había demasiado tiempo para salidas o vacaciones, llevaba poco tiempo trabajando y no era plan de pedir vacaciones nada más llegar. Luego sí, después, lo reconozco, fue vicio, me encantaba mi trabajo, abrir en canal los cadáveres y averiguar de qué o cómo había muerto. Me dejé absorber por completo por él y dejé a mi mujer e hijos de lado, ni jugaba con ellos, de tan cansado que llegaba. ¡Dios! ¿Qué años tendrán ya? Hasta me olvidé de eso…
Ahora que me pongo a pensar… le echaba la culpa a mi madre de mi cambio radical y de mi recién descubierta vena asesina y… no, pienso que ya entonces la tenía, solo faltaba un “empujoncito” y ese sí me lo dio mi madre. “Gracias mamá”.




―¡Cállate!―el grito del teniente a su subordinado hizo que éste se mordiera con fuerza y contrariado el labio inferior.



«No fue siempre así el teniente con él, fue desde la muerte prematura de su compañera Rose, a la cual él tenía que vigilar que no le ocurriera nada, pues su superior sospechaba de Gabriel. El teniente lo culpaba y no sin razón, él no debió de distraerse con aquellos maricones borrachos que estaban en la misma puerta del Pub "San Gabriel", no, no debió de detenerse a llamar a la patrulla y mucho menos quedarse para dar el parte de los hechos. De acuerdo que era su deber como policía, estaban practicando el sexo en plena vía pública y eso está penalizado, muy cierto, pero, por culpa de esa bobada, su compañera... ¡Había muerto! Y no, no parecía que su teniente le fuese a perdonar tal "error". No cuanto menos hasta que detuvieran al culpable.

¿Cómo podía imaginarse él, que un compañero, todo un médico forense y con tantos años de profesión a sus espaldas... iba a ser un asesino? Claro que eso es lo que decía su teniente, él seguía dudando de que Gabriel, el médico forense, fuese un asesino como decía su superior, Matías, más bien, Sánchez pensaba que eran los celos del teniente hacia Gabriel por haberle quitado a su chica, (Rose)».
 Mientras Sánchez pensaba todo esto, el teniente le volvió a insistir.



―¡Cállate ya y avisa al testigo, que entre de una vez, no me hagas perder más el tiempo! ―Sí, señor, enseguida ¡SEÑOR!―contestó cuadrándose militarmente, irónicamente.
 La mirada que le dirigió el teniente no cabía ninguna duda, no le había gustado nada la "ironía" de su subordinado.



sábado, 29 de junio de 2013

¿Dos? Asesinos andan sueltos


«Está bien, tengo que pensar en algo, lo acabo de ver en la "tele" y leído en la prensa, "hay un testigo". Está vez "me dejé llevar" y cometí un error, un gravísimo error, pero está bien, yo, lo voy a subsanar. Sé que tengo tiempo aún, si el teniente Matías lo tuviera tan claro ya habría venido a por mí sin pensarlo tanto, "algo le debe faltar" lo cual me da cierta ventaja». 


―¡Maldita sea, Cuestas! ¿Me quiere decir que el testigo, ahora no quiere decir lo que vio? Matías se subía por las paredes al mirar al subinspector Javier Cuestas.
Este lo miraba con mucho respeto "sabía lo que le podía costar" conocía al teniente Matías y no quería volver a pisotear las calles poniendo multas de aparcamiento.
 Así que tragó saliva y se dispuso a reafirmar lo que ya le había dicho nada más entrar y que tanto parecía no entender el teniente.
―Eso he dicho señor, el testigo se niega a hablar, dice que sí habla lo soltaremos y el asesino lo matará.
―Ese es el motivo por el cual no quiere hablar e identificarlo. Teme que una vez dado la identificación ya no nos sirva y lo echemos a la calle, «recuerde teniente, que él mismo nos pidió que lo pusiéramos a buen recaudo en una celda, por creer estar más seguro», y aún insiste; en la cárcel estoy "más seguro".
Matías pegó un golpe furioso en la mesa «lo Tenia tan cerca y ahora ese maldito cabrón ¿se iba a negar a hablar? ¡Le voy a arrancar los huevos y se los voy a dar de comer en el almuerzo!» Pensó para sí mientras se acercaba al colgador y con fuerza tiraba de su chaqueta y se ponía a andar hacia la puerta de salida de su despacho.
Cuestas lo siguió sin preguntar "no fuera a llevarse una colleja, conocía muy bien a su jefe y era capaz, muy capaz.
―A ver mamón ¿qué mierda te pasa a ti hoy que no quieres hablar?―Miró Matías al sujeto, con mucha mala leches, era un tipo de mediana estatura, flaco como perro y con más "lámparas" que las calles por navidad.

Luís Tosar

Este al ver entrar al teniente se había encogido sobre sí mismo, como una serpiente.
"Y eso que aún no lo había visto enfadado". Pensó sin poderlo remediar Cuestas.
En ese mismo momento llegaba el agente Pérez que, aproximándose al subinspector Cuestas, le murmuró algo al oído.
―!Teniente! Este al verse interpelado, se volvió sorprendido con cara de pocos amigos.
Mario Casas

―¿Qué pasa ahora?
―Señor, acaban de informarme de un nuevo asesinato, todo parece indicar que es nuestro asesino y... ―Cuestas tragó saliva con dificultad al sentir la seca mirada de su jefe, como esperando que acabara de una vez.

 ―¡Gabriel está aquí señor! Al sentir la mirada de su jefe, se encogió sobre sí mismo me lo acabo de cruzar justo antes de bajar a los calabozos señor.




―¿Qué coño estás diciendo? ¿Y cómo saben que es el mismo asesino, eh? ¿Qué son adivinos, o tienen sus huellas? Porque que yo sepa, nosotros nunca las conseguimos y lo único que tenemos hasta hoy es a este testigo que, encima, no quiere hablar.

―Señor… ejem―Tras una leve pausa para carraspear prosiguió.
―Lo han identificado es… Gabriel, no cabe duda.

Matías se quedó con la boca abierta… y no era para menos «¿Le estaba hablando de su archí enemigo, Gabriel? ¿Y el jodío se quedaba mudo y no le seguía contando?»

―¡Cuestas, despierta!―Vociferó Matías
―¿Me quieres decir de una puñetera vez lo que sabes de ese crimen, y ese cabrón asesino, joder?
Cuestas salió por fin de su aturdimiento y continuó azorado.
 ―Es cierto señor, hubo un testigo y este, una vez interrogado, pudo confirmar, a través de su descripción que el asesino fue Gabriel, (claro que eso solo lo sabemos nosotros), sin embargo... lo que le dije, mi teniente, Gabriel no pudo ser, tienen que haberse confundido―Terminó su explicación el subinspector Cuestas, dejando aún más perplejo a Matías.

―Coño, Cuestas, ¿llevabas las gafas puestas, igual el que no lo vio bien fuiste tú?
Lo miró burlón el teniente. De sobra sabía que Cuestas tenía una vista de lince.

 ―Señor… con todos mis respetos, usted sabe que no tengo necesidad de usar gafas ―Susurró sonrojado.
Ahí ya no se pudo contener Matías y soltó una alegre carcajada.
―¡Vamos tontorrón que tenemos a Gabriel cogido de los huevos!―Diciendo esto salió de la celda dejando a Cuestas con cara de tonto (nunca lo había visto tan contento) y al supuesto testigo más sudoroso que sí hubiera corrido la maratón de Barcelona con los pies atados y las manos sujetas a la espalda.

Cuando los vi salir de los calabozos y al teniente tan contento y feliz «hasta tarareaba una canción entre dientes», entendí que mi plan estaba saliendo redondo, el “atontao” de Matías había caído en la trampa como un chiquillo ante un caramelo.
No pude por menos que soltar una carcajada, Bogdan que venía pegado a mí desde que salimos de la cafetería «formaba parte de mi plan y una de las condiciones era que no se despegara de mi culo»
Me miró sorprendido poniendo una de sus caras que a mí me hacía tanta gracia (boca abierta y ojos achinados), no babeaba pero casi.



―Jefe, ¿por qué está tan contento?
―Calla, solo es un tic, ya sabes, por las malditas pastillas por mis frecuentes dolores de cabeza―Bogdan me miró hasta preocupado (o me lo pareció).

―Jefe, tiene que ir al especialista, al neurólogo, justamente viene a verme un compañero de facultad que acude a Barcelona a un congreso sobre neurocirugía y hemos quedado para irnos de fiesta su primera noche―, se quedó pensativo un segundo Bogdan, como dudando.

―Jefe… ¿por qué no se viene con nosotros?― Soltó por fin el muchacho grande.

Aquello podía irme fabuloso para mis planes… pensé de inmediato. Debía pensar algo al respecto antes de que llegara ese día.

―Has tenido una idea excelente “pequeñín”, me vendrá muy bien salir una noche y divertirme, hace ya mucho tiempo que no salgo y me divierto. ¡Acepto tu ofrecimiento!
Creí ver hasta una lagrimita en los achinados ojos de Bogdan.