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lunes, 9 de abril de 2012

Homenaje al hundimiento del titanic (14/04/1912)





(10 de Abril de 1912) Larry se asomó a la ventana por decimoctava vez desde dónde podía contemplar el puerto de Southampton. Faltaba poco para la salido del Royal Mail Steamship Titanic. ("Buque de vapor del Correo Real Titanic")Dónde debía proceder al embarque para conseguir su más preciado sueño; Alcanzar la tierra prometida, su amada y venerada América. Desde chiquillo y con las primeras películas mudas que vio de “Los viajes de Gulliver” (1902) o “20.000 mil leguas de viaje submarino” (1907). Que le dejaron totalmente impresionado.  Supo que su profesión no podría ser otra que la de actor. ―Y actor cómico ―Pues, desde su época de estudiante fue un autentico payaso que hacía  reír mucho a sus compañeros de clase. Entonces, él, ni siquiera sabía lo que era “actuar” , fue poco después de acabar su carrera de medicina que se inventó el “cinematógrafo”. Y desde entonces quiso vivir ese sueño. Y estaba a solo un paso de conseguirlo. Fue nada más acabar la carrera que recibió una suculenta oferta; Formar parte de la tripulación del “Royal Mail Steamship Titanic” cómo médico de la tripulación. No era de extrañar que al acabar la carrera universitaria le llovieran ofertas como la susodicha pues, de sobras sabía que, en sus andanzas de “practicas” por distintos hospitales de la región inglesa, había demostrado sobradamente su inestimable valía. (También era verdad que era nieto de Edward John Smith. Por más señas ―Capitán del buque ―).
Por fin pudo avistar desde la ventana lo que tanto estaba esperando; El coche de su tío. Este acababa de parar frente a la entrada del Hotel Highfield House Hotel. Que fue elegido, por su tío, en parte  por la poca distancia que había desde la Universidad de Southampton. Por eso fue que se decidió por ese magnífico Hotel y claro, por sus excelentes vistas y cercanías al puerto de Southampton.
Larry, bajó las dos plantas que lo separaban de la entrada al hotel, con su pequeña maleta de viaje, bajando  de dos en dos los escalones de cada planta. Casi a punto estuvo de tirar a una bella jovencita de cabellos rojizos y muchas pecas en su bello rostro. Pecas que no la desmerecían sino más bien al contrario, la daban una frescura y una gracia que, aún la hacían más bella. Aunque debido al empujón del impetuoso Larry. Su cara se mostraba  entre enfadada y sorprendida. No pudiendo disimular lo mal que le había sentado tal encontronazo contra el cuerpo de Larry. 
Larry, apenas le dedicó una mirada de soslayo, tenía demasiada prisa por recoger la documentación que le requerían en el buque para poder embarcar y que, su tío, muy amablemente, le había conseguido, gracias a su trabajo en la policía de Southampton Dónde era muy bien considerado por sus múltiples años de dedicación al servicio de su majestad; Jorge V.
Nada más llegar a la altura de su tío, se dieron un fortísimo abrazo mientras se preguntaban el uno al otro; ― ¿Cómo estás, sobrino? ― Le apretaba en su abrazo, su tío, casi hasta dejarle sin respiración.
― ¿Cómo estás tío, John?  ¿Y tía Marian?― Soltaba el aire de los pulmones  Larry, al abrazo de su tío, John, Con dificultad.
En ese instante aparecía la jovencita y pelirroja con la que había tropezado unos minutos antes
Y su tío John lo soltó al instante gritando con voz fuerte; ― ¡Clarete! ― Soltó después una estridente carcajada al mismo tiempo que, apartándose de su sobrino, encaminaba sus pasos hacia la joven llamada, Clarete.
Esta al verlo soltó un gritito de alegría y se fue hacia él agarrándose su precioso vestido blanco todo lleno de encajes con una mano, saltando a los brazos del tío John, diciéndole emocionada
―Tío John, qué alegría encontrarte aquí, pensé que no te vería ya, debido a mi tardanza y a mi mala costumbre de llegar tarde a todos los sitios ― Se disculpaba, Clarete.
― ¡No digas tonterías, Clarete! Y ven, que te presento a mi sobrino…
― ¿No me digas que este mal educado y bruto es tu sobrino, tío John? ― Se mostró encolerizada la joven Clarete. Roja como un tomate.
― ¿Os conocéis? ―Se mostró sorprendido tío John, ante tal hecho.
Larry se mostró azorado y avergonzado pues, la joven Clarete, tenía razón. Él no solía ser así pero, ese día estaba especialmente nervioso.
― Sírvase aceptar mis más sinceras disculpas, señorita, Clarete.  No estaba en mi ánimo portarme tan grosero y mal educado. Discúlpeme, tengo un día especialmente conflictivo y nervioso, Espero y se sirva el perdonármelo ―  La miró Larry con una expresión de perro apaleado  mientras extendía su brazo derecho para que la joven se apoyara en él. Por fin, la joven, sonrió azorada y aceptó el brazo que le ofrecía aquel  muchacho, moreno, con unos grandes ojos verdes y que la sonreía de una manera que, la llevaba al mismísimo cielo.
El tío John sonrió divertido mientras se decía para sí; “Bueno parece que no fue nada serio, ¡esta juventud!” se llevó la mano a su poblado mostacho pellizcándoselo seguidamente con gesto pensativo. Mientras, seguía a los jóvenes que, andaban ya hacia el puerto, sin acordarse de su viejo tío.
Nada más llegar, vieron esa enorme mole de madera y hierro fundido que era el buque Royal Mail Steamship Titanic. De 66.000 toneladas y 300 metros de eslora, con una longitud de 268 metros y con una capacidad para, aproximadamente; 2227 pasajeros. Y aún y con todo eso, podía alcanzar los 23 nudos de velocidad máxima. (Toda una proeza en aquellos tiempos).
El capitán Edward John Smith, los esperaba nada más entrar por la pasarela de proa al buque.
Al parecer eran los últimos en llegar. Allí mismo se despidió el tío John de ellos. No sin antes darle un gran abrazo a su padre el Capitán Edward John Smith.
No pudo el Capitán acompañarlos mucho rato pues, tenía que cumplir con sus deberes como capitán del buque. Así qué ordenó a uno de sus suboficiales a acompañarlos a sus camarotes respectivos. Ya habría tiempo de pasear y conocer los 28 salones Y algunas de las suites estilo imperio renacentista. Claro qué, sólo para algunos privilegiados que viajaban en primera clase.
Tras una breve parada en Cherburgo. Y qué Larry aprovechó muy bien para invitar a la señorita, Clarete, a dar un paseo por el muelle. Y después en Queenstown, aprovechó para, en un lindo atardecer, darle su primer beso.
Ya no tuvieron tiempo para más. Tras embestir a una embarcación unas horas antes. A las 11:40 de la noche, del día 14 de Abril de 1912 y a una velocidad endiablada de 22.5 nudos. Y después de una carrera contra el tiempo que, nadie sabía ¿a qué venía? El Royal Mail Steamship Titanic, chocaba contra un iceberg por un costado de estribor y tras escucharse; ¡Las mujeres y los niños primero! Todo se convertía en una ola de gritos, aullidos, llanto y desesperación. Mientras todo eran carreras, hombres y mujeres lanzándose al agua desesperados. Los 20 botes de salvamento no daban para más de 1178 personas. En menos de tres horas, desde el choque y sobre las 2:20 minutos del día 15 de Abril. El Royal Mail Steamship Titanic. Se hundía llevándose al fondo a 1522 personas. Entre ellas, a un recién licenciado doctor, que, valientemente entregó su vida sacrificándose en bien de otros que, sin su ayuda, no hubieran sobrevivido.








―Mistress Palmer, por favor, ¿quiere traer ya a sus aposentos a miss Clarete? No está bien de salud y ya refresca al atardecer en este mes de Abril. Es curioso que desde que ingresó aquí en el año 1993 solo sale fuera este día, (14 de Abril) y se queda todo el día mirando hacia el mar.
Al acercarse mistress Palmer A miss Clarete, vio en sus viejas manos un recorte enmohecido y amarillo, dónde podía verse aun claramente la imagen de unos marineros, eran cuatro y justo el que estaba al lado del más viejo, tenía marcado con un rotulador rojo, su rostro.
En los ojos de miss clarete, un brillo muy especial le hacía entender a mistress Palmer que, miss clarete, no se encontraba en esos momentos allí y era cierto… Clarete, estaba muy lejos en el tiempo, sintiendo en sus labios, su primer y último beso.




(¿QUIÉN LES ABRIRÁ?)

Cuando los años veas lentos pasar
 Y aún así, vayan más rápidos que tus recuerdos,
Déjales paso, quizás después,
Cuando a tú puerta venga
 El olvido a llamar...
Tú, ya no estés y entonces...
 ¿Quién les abrirá?

viernes, 6 de abril de 2012

Soy un asesino... sin serie (Capítulo 9)



                                                                    CAPÍTULO 9

Nada más llegar a casa me fui al baño y me quité la ropa que llevaba, dispuesto a darme una ducha refrescante. Al sacarme la cazadora fue cuando  me di cuenta de qué, sin querer, me había llevado la pulsera de la víctima. Sentí curiosidad y le eché un vistazo; Tenía una forma y unos dibujos muy raros, con letras imposibles, no, para nada entendía aquel lenguaje ininteligible. Solo al darle la vuelta y mirar por dentro fue que vi aquel nombre y este, y eso sí que, me pareció extraño, no era nada de raro. Ponía un nombre en español. Alicia . Por un instante quedé tentado de apretar o acariciar, una hermosa esmeralda que, sobresalía de la pulsera y que, resplandecía de una manera, para mí, exagerada, ya que, no había tanta luz en aquel cuarto de baño. Creo que, incluso lo rocé y por una fracción de segundo, pareció desaparecer mi imagen del espejo. Creo que fue solo una alucinación pero Me acojoné Así qué, abrí la cisterna y la metí dentro. (Ya pensaría el modo de deshacerme de ella) no podía correr riesgos. Matías estaba ya casi, rozándome el culo y no era plan ni plato de buen gusto para mí. Vaya, que no era mi tipo ―. ¿Qué sería de su novia policía? ¡Esa sí que está buena! lástima que se tenga que morir tan pronto.


Mientras yo divagaba por todo esto, Matías no perdía el tiempo y, justo en esos instantes, recogía muestras en el incinerador de deshechos del laboratorio forense. Encontró algo muy interesante. ―Una muela de oro macizo ― Una muela que no me hubiera importado y hubiese sido de cualquier cadáver que, no hubiera sido “Igor” ¡El maldito cabrón llevaba empastes de oro! Y lo que es peor, con tanta excitación por desguazarlo vivo. ―Se me pasó mirarle la boca ― Encima la muela, llevaba código de barra, o sea, una muesca o patrón usado por cada dentista,que, en realidad era como si la hubiese  firmado el propio  dentista que se la hizo. (No le fue difícil averiguar de quien se trataba). Todos los capullos dentistas se conocen.
Así qué, nada más visitar a un par de ellos, le dieron la información que, Matías, necesitaba.
“El licenciado Escobar”―Así rezaba en su puerta ― Un Colombiano que, hacía ya una década vivía en Barcelona. Nada más entrar Matías, con su pinta de “Dime lo que quiero saber o te rompo los huevos a patadas” se ganó las simpatías, del “Licenciado” qué echó a correr para la puerta que parecía “Karl Luis”(O Lewis). No le dejó llegar muy lejos el bueno de Matías, al meterle el pie y hacerlo caer de boca y romperse lo menos media “piña” contra la pared de enfrente. Después y no contento con verlo sangrar como un cerdo en el matadero. Le pisó la barriga con su 45 ―Y no era su pistola ― Y sus ciento diez kilos de peso, todo músculo de gimnasio. Mientras le preguntaba “dulcemente” ― ¿Por qué huyes hijo de puta? ― El “Licenciado” tenía toda la cara amorata, escupiendo sangre como un cerdo degollado y encima, con el “45”  del teniente en su barriga. ¿Qué más podía desear para ser feliz? Para colmo, el gran chasco del teniente. El pobre “Licenciado” efectivamente fue el que le hizo la ortodoncia al gran Igor, sin embargo, no sabía nada más. Solo huyó por la sencilla razón de qué, al no querer pagarle la ortodoncia, lo fue a denunciar y el gran Igor le mandó un mensaje, diciéndole que si no retiraba la denuncia, le “Crujía” los huevos, Y se hacía una tortilla francesa con ellos. De ahí el susto y el querer escapar del teniente, temiendo  que  el teniente fuese el “matón” qué iba a ocuparse del encargo de hacerse la tortilla de dos huevos… con sus huevos.
El cabreo del teniente Matías fue de campeonato, tanto se cabreó que, casi la tortilla de dos huevos, se la hace él. No obstante y debido a su cargo, no tuvo más narices que inhalar varias veces, tocarse los huevos, colocárselo en las bolsas escrotales y salir echando leches de allí.


Yo mientras tanto, preocupado por encontrar una víctima gay. ¿Qué queréis, se me había antojado?
No se me ocurría otro sitio para encontrarlo que  un lugar de “ambiente”. Justo el pub “San Gabriel” ¡Manda cojones, con el nombrecito! Además recordaba que, no hacía mucho, me llegó un cadáver al que le habían cortado el cuello y según se pudo averiguar, fue una pelea entre amantes Maricones qué, solían ir a “relacionarse” en ese mismo pub. Y qué al parecer, su amante creyó que le ponía los cuernos con el camarero por qué (según él) le pedía demasiados “”daiquiris" qué luego, no se bebía.
A punto de entrar en el pub  “San Gabriel” se me cruzó mi ayudante Bogdan, qué, no sé qué coño estaba haciendo allí. Y os  puedo asegurar que, me dieron ganas de cargármelo allí mismo.
― ¡Jefe! ―Exclamó entusiasmado (como si hiciera diez años que no me veía)
Lo miré de una manera qué casi se le caen las lágrimas al notar lo poco que me alegraba de verlo.
― ¿Qué co… haces tú por aquí? (logré frenar mis ansias de cargármelo)
―Oh, es qué… ejem, venía a visitar a unos amigos ― Carraspeo azorado, mientras miraba el gran letrero luminoso del pub.
Casi suelto una carcajada, para reírme de mí mismo, Buscando un gay y lo tengo en “casa”. De verdad, para morirse de la risa. Pero no, no podía ser este. Además, empezaba a caerme bien, dentro de un orden. Al fin y al cabo, era el “lazarillo” del teniente Matías y debía dejarlo tranquilo, no fuera  a ser que, me echara  aún más encima  al “doberman”  Matías. ¿Quizás hasta me pueda servir de “gancho”? Me dije para mis adentros.
― ¡Venga! Bogdan, invítame a un cubata y preséntame a tus amigos ―le anuncié sonriente.
 Bogdan, no daba crédito a su buena suerte, su jefe, ¿le pedía que lo invitara a un cubata?
― ¡Claro, jefe, entremos! ― Su voz sonó a cascabeles a mis oídos, estaba a un solo paso de lograr mi siguiente objetivo.
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Nada más cruzar la puerta, sintió en sus glándulas olfativas el aroma típico de ese olor a “hierba” tan característico de la planta de la “marihuana”. Y no, por que estuvieran fumando, no. ¿Con la prohibición? ¡Imposible! Lo que de veras ocurría era que unas “mariquitas” estaban en medio de una especie de “pista”
―Casi desnudas ―Digo casi, porque su única vestimenta eran unas hojas de la planta de la marihuana. ¡Cómo taparrabos! Parecían bailar la danza del vientre y por lo visto, muy bien, por el éxito que estaban teniendo, todos los ojos puestos en “ellas”. Mi compañero, Bogdan, tenía los ojos abiertos como platos y mucho me temía que empezara de un momento a otro a babear. Aproveché y le solté con toda la mano abierta una buena ostia en la espalda mientras le decía con coña. ― ¡Despierta coño! ¡Y vamos para la barra! ― Casi que no hizo falta que caminara pues, la ostia, casi se la hizo comer.
No sé qué habló con el barman, sólo sé qué nos dieron la mejor mesa, frente a la pista de baile, dónde estaban las dos “ninfas” bailando su baile encantador de serpientes. (Tuvo que echar antes a dos fulanos, con pinta de camioneros y con más pelo en el pecho que  el mismísimo King Kong). Se fueron a regañadientes a una mesa unos metros más atrás enseñando unos desagradables culos con aún más pelo.
Sentí un escalofrío  por todo el cuerpo (y no justamente de placer) ¡Arggg, qué asco joder!
Me pregunté qué coño hacía yo allí. Enseguida me respondí. ¡Coño!, pues, buscar una nueva víctima, ¿no?
Así qué me quedé observando el movimiento de aquel local y eliminando a sus clientes de un solo vistazo.
“Ese no, es más maricón que un palomo cojo y además más feo que la Esteban, en traje de baño.”
¡Cago en la ostia! Miré a uno que estaba al fondo y que parecía estar poniéndole el culo a un morenito, de por lo menos dos metros y con un paquete entre las piernas que  parecía de los que envuelven en “el Corte Inglés”. (Pensé  que si conseguía que le metiera “aquello” por el culo se la iba a sacar por la boca). Miré hacia otro que estaba sentado solo, no sé si por que esperaba  a  alguien pero, tampoco logró llamar mi atención.
Después de dos güisquis y aguantar a Bogdan, hablando por los codos (aunque no le hacía ni puñetero caso) Ya desesperaba que alguna de aquellas mariquitas me llamara la atención. Cuando, Bogdan, dijo la palabra mágica. ― ¡Carla! ― Y se levantó de un salto, tirando toda la bebida y los vasos al suelo, con gran alborozo de Carla que no dudó en reírse ampliamente mientras, abrazaba y daba un grandioso beso en la boca, al “baboso” de Bogdan. Este, una vez y dejó de babear, se giró hacia mí y me dijo; ― Jefe, te presento a Carla, “mi novia” ―. Vamos, si me pinchan en ese momento no me sale ni una gota. Aquel magnifico bombón… ¿un tío…? Y encima… ¿su novia? Porque yo estaba seguro de que, Bogdan era gay . ¿Cómo iba entonces a tener esa novia? Pero ¿en qué cochino mundo vivimos? ¿Qué ya no  sabemos distinguir entre una verdadera tía y un tío? Y encima yo me había puesto “palote” ¿Palote? ¿Qué cojones, palote? Pero, si estaba a punto de reventarme la bragueta del pantalón, ¡aquello parecía el poste de una portería de fútbol! Vaya, no me quise ni levantar, para no hacer el ridículo.
Carla Creo que intuyéndolo Se agachó y me dio dos dulces besos. Su perfume y… sus tetas en mi misma jeta, me dejó del todo noqueado y embriagado. ¡Qué pezones tenía! Parecía que iban a apuntalarme  un ojo en cualquier momento, de lo rabiosamente que sobresalían  de su  vestidito rojo que tan bien, lucía. Yo, desde que supe que era un tío, no apartaba la vista de la minúscula sombra de su tanga que, se entreveía a través de su vestido y que era tan roja como el mismo.
Ejem carraspeó Carla. Supongo que para que la mirara a los ojos.
Por favor, toma asiento, Carla y tómate un güisqui con nosotros Sonreí queriendo parecer educado.
Bogdan, ve a por una ronda de güisquis o lo que desee Carla Lo empujé de la silla al bueno de Bogdan que, girándose  hacia mí no parecía muy conforme con mis deseos. No obstante y viendo la mirada fría y seca que le dirigí, se fue hacia la barra gruñendo un; Pero, si no hace falta, leches, con llamar al camarero y el nos sirve . Le lancé una patada desde debajo de la mesa, con tan buena suerte que… le di a Carla.
Coño, perdona Carla, quise cambiar de pie y te di sin querer.
Carla sonrío enseñándome dos filas de dientes tan blancos y tan bien alienados que, ni la guardia imperial inglesa hubiera mejorado jamás.  Ni en sus mejores tiempos.
Me dio por pensar en si el “Macaco” aquel de Bogdan, no me habría engañado o Carla era un producto de laboratorio, de tan bien hecha que estaba.
No importa Gabriel, ¿no? Afirmó, más que preguntó  y con una voz verdaderamente deliciosa. Vamos, ¡para comérsela! (me juré que lo haría).
Aquí está la bebida, jefe Nos interrumpió Bogdan. (No me tiré a su yugular por que la tenía toda llena de pelos que si no…). Había traído dos güisquis más y una coca cola. Pensé que la “chica” no bebía alcohol y la coca cola era para ella. No tardé en darme cuenta del error. Se bebió el güisqui de un solo trago y empujó la coca cola hacia Bogdan, que se la escanció en un vaso largo con tres cubitos de hielo y la bebía a pequeños sorbos. Entonces fue que me fijé que sus vasos de güisquis seguían intactos en su lado de la mesa, con los hielos ya derretidos en su interior mezclados con el Güisqui. ¿Se había estado  haciendo el macho conmigo? Lo miré y casi me dio pena. (Se iba a quedar sin “novia “cómo yo me quedé sin madre)
Ya estaba dispuesto a utilizar todo mi encanto y llevarme a Carla conmigo. Sería un plato exquisito.
(¿Cómo para desperdiciarlo con un baboso como Bogdan?). Yo, no es que sea en exceso  guapo ni siquiera me creo atractivo, sin embargo y aún yo mismo me lo  pregunto el por qué “arraso” con las féminas. Es del todo  muy extraño pero, ¿quién las entiende? ¡Yo desde luego no! (ni lo intento).
 Lo bueno es que en este caso, no era una “fémina”(o eso creía yo) lo verdaderamente increíble fue que, ella sola lo hizo todo. Sí, no sé cómo ni por qué pero, se inventó una excusa y mandó al pobre Bogdan poco más o menos que a… dormir la mona.
Cuando Bogdan se fue con el rabo entre las piernas (si es que tenía rabo) yo la verdad, ya dudaba de todo y de todas. Me empezaba a resultar todo muy “extraño” demasiado fácil para mi gusto y… mi olfato de forense de más de treinta años de profesión. (Y de uno como matarife).
Algo allí olía muy mal y no era yo, ni Carla por supuesto ― Así que me dije; “Gabriel, vigila muchacho que te están poniendo un anzuelo y capaz eres de “picar” pero nada, ¡ni puñetero caso me hice! Estaba demasiado “palote” como para pensar con lucidez y decidí arriesgarme a “picar”.
No bebimos tres güisquis más cada uno, bueno, ella se puso “pedo” y se bebió también los dos güisquis aguados de Bogdan. Para entonces, tenía ya un dolor de huevos que se me iba ya para la tripa y me estaba empezando a cagar vivo (¿no sé si me entendéis?).
Nos levantamos y al ir a pagar, Carla se me adelantó y le dijo al barman; ― Miguel, guapo,  apuntalo en mi cuenta ¿quieres? ―.  ¿Qué iba a hacer yo? Soy un caballero… nunca desprecio a una dama, la dejé pagar.
Salimos y fuimos directos a su coche (yo había dejado el mío en el aparcamiento del laboratorio forense). A todo esto, al levantarme yo no había podido esconder más la “cosa” y Carla no pudo evitar reírse a carcajadas delante de mi careto al darse cuenta. Yo, la dejé que riera a gusto, ¿para qué quitarle ese gusto? Para lo que la quedaba…

En cuanto llegamos a la calle, eché un vistazo por si había “moros en la costa” pero no, en toda la calle Córcega, se veía apenas cuatro perdidos tan salidos y borrachos como se puede estar en un viernes ―Ya sábado ― Después de una noche de juerga en locales parecidos al pub “San Gabriel” pero de machotes y heterosexuales.
 Nada más llegar al coche la agarré por detrás y suave, la aplasté contra la carrocería. “Clavándole” mi miembro viril en su hermoso culo mientras le pasaba mi lengua húmeda y caliente por detrás de la oreja izquierda y se la mordía lascivo, metiéndole toda la lengua dentro. Carla a su vez, soltó un suspiro y ella misma empujó su  culo apretándose fuertemente contra mi miembro, mientras se doblaba sobre si misma (Cómo esperando la penetración).  Al mismo tiempo, mis manos acariciaron  su cuerpo. Deslizando  ágilmente  mis dedos, Primero por sus tetas, pellizcando suavemente  sus pezones hasta dejárselos de punta por la excitación y bajando después por sus caderas y volviendo hacia sus enredados cabellos Rubios. (No quise llegar a sus ingles por no asustarla). Esperaba encontrar algún pequeño bulto o lunar que no fuese normal encontrar en ese cuerpo tan bien proporcionado y atractivo. (Algo parecido a un micro, qué no encontré). De paso y sin que se diera cuenta le saqué su diminuto móvil del bolso, metiéndomelo en el bolsillo de la cazadora que llevaba puesta. A su oído le dije, “cariño, he olvidado vaciar la “bodega” y estoy que no aguanto, espérame en el coche, vuelvo enseguida. Aunque no me puso ninguna objeción sí que me soltó un quejido de enfado por dejarla, así, de esa manera tan excitada. Así que marché hacia el pub “San Gabriel” dejándola entrando en su coche con una calentura que, no le iba a hacer falta meterle gasolina al vehículo para que este se pusiera en marcha. El coche no era otro que un “mini” azul y con una línea blanca que rodeaba toda la carrocería del Vehículo y con un dibujo, (esto sí me llamó la atención) en el capó frontal, de dos tíos dándose por el culo,  sin ningún miramiento y excelentemente  dibujado. Por cierto, no sé qué leches querría decir ni lo qué pueda significar pero, uno de los tipos ―El que la tenía dentro ― Mantenía un preservativo en su mano izquierda mientras recibía por detrás.

Nada más entrar dentro del pub, me fui directamente a los baños, pasando de un maricón que se  me puso a tirar los “tejos”  y que siguiéndome se colaba detrás de mí en los baños. No lo dejé que me siguiera (no tenía tiempo). Le rompí los dientes de un puñetazo y lo empotré contra la pared. Perdió el conocimiento, creo, antes de tocar su cabeza con la pared. Me lo quité de encima metiéndolo dentro del primer retrete de la derecha. Ahora sí, agarré el móvil de Carla y teclee el último número marcado. Unos segundos de llamada y enseguida una voz muy conocida por mi ―Carla, qué pasa o… ― No lo dejé seguir y colgué sin responder, ya sabía lo que quería saber.  Cómo suponía, Matías estaba en el ajo ¡maldito cabrón! No sabía ya como meterme mano y cada vez me buscaba más las cosquillas.
No quise perder más tiempo ni que sospechara la “supuesta” Carla. Ya no había duda pero, ¿quién coño le había ido con el cuento a Matías de que mi siguiente víctima iba a ser un gay? Me fui directo hacia la salida de emergencia. Tuve que pegarle cuatro patadas a unas cajas vacías que tapiaban la salida, daba justo a la parte de atrás de la calle Córcega.  Así qué crucé hacia la avenida diagonal y rodee toda la manzana sin perderme ni un detalle. No me fiaba de que Matías estuviera por allí esperando a que cometiera algún fallo para apresarme allí mismo. No vi nada anormal en todo el trayecto, así que, seguí andando hasta el coche de “Carla” que estaba tranquilamente escuchando a Pablo alborada, recostada sobre el asiento del piloto. Nada más cerrada la puerta se puso en marcha dedicándome su mejor sonrisa mientras decía burlona. ― joder, guapo, vaya meada más larga ― Y soltó una carcajada. No le contesté, solo le eché mano directamente a su entrepierna esperando hallar alguna “sorpresa” ¡y vaya si la hallé! Carla se quedó blanca de la sorpresa y de mi arriesgada actitud pegando un gritito de enfado ― ¡Cabrón!  Pero… ¿qué haces? ― Me retiró rápidamente la mano de su entrepierna pegando un bote, estirándose con rabia el vestidito roja y cambiándole el rostro, dulce y sonriente unos segundos antes y ahora, soliviantado y enrojecido por la irritación de mi arriesgada actitud. (Arriesgada por la ostia que me podía haber ganado si no hubiera encontrado lo que encontré).
― Y eso… ¿qué es, muñeca? ¿Un regalito de  “el Corte Inglés”? ― Pregunté con una sonrisa irónica.
Carla se metió la mano bajo el vestido  y fue directa al “paquete” sacándolo  seguidamente.
Una pequeña pistola Smith & Wesson  Apareció de pronto en su mano qué no esperó a metérmela por la nariz mientras murmuraba burlona; ¿Qué cielo, te excito más así?

Ni contesté ni me inmuté, tal y como estaba subí mi mano y cogí su mano La que no tenía el arma Y me la llevé  hacia la bragueta, sin que hiciera esfuerzo alguno por evitarlo. Y la aplasté contra mi miembro, tan duro y rígido qué parecía más un tanque de combate. Al mismo tiempo le decía; ¿no prefieres jugar con esta, cariño…? Carla no esperó más y dejando caer el arma al piso del auto, se abalanzó encima de mí y mientras que, con sus manos liberaba mi miembro de su atadura, se puso encima, (ni sé como lo hizo en un habitáculo tan pequeño y tampoco estaba yo como para fijarme en los “pequeños detalles”). Solo sé que, se puso de espaldas a mí y se la metió toda ella solita por… el culo. ¡Y Dios mío, como se notaba que aquel culo, tenía hambre!