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jueves, 15 de marzo de 2012

Soy un asesino... sin serie


Fue fácil para mí averiguar quién fue. No, ¡ni mago ni leches! (qué soy yo, quien escribe la historia, qué cojones). La verdad es que días antes salir la noticia en el periódico, me había cruzado con el “tipejo” y como al descuido, le pregunté por la chica. No me importaba demasiado esa es la verdad pero, ese día me dio por ser amable. Ni me reconoció siquiera el muy mamón. Claro que, solo me vio una vez, el día que le encargué que me buscara una chica para cuidar a mi madre.
Siquiera vino con ella, ella sola se me presentó con una carta de él y su sonrisa Rusa.
El tipo, una vez me hice recordar, me soltó que, la susodicha, no se había aclimatado y que había vuelto a su país de origen. Yo claro, me lo creí a pies juntillas, ¿por qué no iba a creerlo?, así que, no le di más vuelta al asunto hasta... “El día de la noticia en el periódico. Y entonces pensé; ¡Qué cabrón, me engañó como a un chino! No podía dejarlo así, esa chica, merecía descansar en paz.

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Qué poco podía imaginar Igor que, el día en que lo llamé para quedar con él, para hablar de una sustituta de la chica rusa  no iba a salir con vida de nuestro encuentro.
Quedé con él muy cerquita del laboratorio forense, antes ya me había preparado con una buena dosis de Morfina (amabilidad del jefe de laboratorios - me debía un favor -).Cómo para dormir a un caballo, “Igor” no solo parecía un caballo si no que, estaba como “un mulo”. Tenía que estar preparado.
No podía cometer ningún error, así que, nada más aparecer,- muy puntual – no lo dejé reaccionar.
Lo abracé como si fuésemos amigos de toda la vida, “cogiéndolo” de sorpresa y le hundí la jeringuilla en la nuca. No tuvo tiempo apenas de un acto reflejo de querer apartarse de mí. La morfina hizo un trabajo rápido y limpio y enseguida se le doblaron las piernas. No perdí más tiempo y tiré de él para “mí lugar de trabajo”. Tuve suerte y acerté con la dosis justa para hacerlo llegar por su propio pie. (Con lo grande que era el tío, no hubiera conseguido llevarlo en brazos).
Las cámaras de seguridad solo verían al  “doc. Bisturí” con un amigo un poco mareado.
El único que me preocupaba en ese momento, era el teniente Matías. Pero bueno, ya me inventaría alguna cosa para explicar tal “rareza” y más viniendo de mí, pues, era bien sabido que, no tenía amigos.
 Ahora solo necesitaba hacer sufrir a aquel maldito cabrón. ¡Y por cojones que lo iba a hacer sufrir!

Por fin abría los ojos Igor, ya me tenía preocupado, pensé que me había pasado en la dosis con el tranquilizante muscular. Sí, nada más verse atado de pies y manos en la mesa de la autopsia, desnudo y, a mí, muy cerquita de sus “partes nobles” con un escalpelo en la mano... ¡Empezó a temblar y cantar que daba gusto! (y no justamente Opera) No me dejó ni una sola pregunta por responder.

Antes de morir pude “convencerlo” para que, muy amablemente, me contara por qué la mató.
Las cosas no son tan sencillas como parecen a simple vista y yo me tuve que convencer de ello.
Un bocazas. (Mí hermano) no tuvo mejor ocurrencia que, contar que mi madre se venía a vivir conmigo y que todas sus pertenencias se las llevaría con ella. A saber; Lo único de valor que, mi madre tenía, era una colección de sellos que, eran más viejos que ella. Ni ella sabía lo que podían valer. Para ella solo eran estampitas con diferentes dibujitos. He de decir que, su a ficción, se la creó mi padre pues, fue él, quien empezó a regalarle, en cada nuevo cumpleaños. Sí, en vez de traerle flores o cualquier otra gilipollez... le traía sellos. La razón, según él, era que, quería cuidar de ella, cuando él muriera. ¿Poco romántico? ¡Los huevos!
Según el fulano este, esa colección de sellos que logró reunir mi madre. (Gracias a mi padre).
Tenían un valor al día hoy de; “¡750.000 euros!”¿Qué como lo podían saber eso ellos? Por la sencilla razón de que, la chica Rusa, logró convencer a mi madre para que se la enseñara y así,
Hacerles unas fotografías. Con las cuales y una vez en el poder de este “tiparraco” (las fotos).
Se dio buena prisa en averiguar su verdadero valor. Os podría marear contándoos los diferentes tipos de sellos que tenía mi madre en aquella colección pero, solo os diré que, tenía toda una tira de sellos iguales del año 1850. (¡Ahí es ni!). Ni puñetera idea de cómo mi padre, un albañil de la construcción, pudo llegar a tener esas “joyas” y ni si, las compraba con sus horas “extras” (ni que decir tiene que, en cuanto acabé con aquel tío, puse los sellos a buen recaudo). ¿Qué os estoy mareando? ¡Joderos!
Bueno, mejor joder... es más sano y satisface más que leerme a mí.
En fin, que me desviáis de lo que decía.
Decía que, el tipo, llamarlo “Igor” (total todo los Rusos se llaman así). Metió a la chica en mi casa,
Con el ánimo de hacerse con los sellos pero, no contaba con que, la chica, pese a no soportar a
Mi madre (como yo) se encariñara con ella. Y tomara la más absurda de las decisiones...
Negarse a entregarle los sellos a Igor. Este no podía admitir que una “mosquita muerta” se le rebelara y por todos los medios intentó convencerla de lo contrario, amenazándola de matarla de
Mil maneras distintas. Estaba ya a punto de acobardarla y aceptar robarle los sellos a mi madre. Fue cuando, llevada (supongo) por problemas de conciencia decidió que, no podía seguir cuidando a mi madre y se despidió de mí diciendo que no la soportaba más. Fue su sentencia  de  muerte pero, antes, estos putos cabrones le tenían destinado unos días de horrible sufrimiento.
El muy jodido cabrón me lo contaba casi con orgullo; Primero la molió a palos y después, hecha una autentica piltrafa, se la entregó a unos “clientes”. Unos ricachos de esos sádicos y asquerosos que son unos malditos impotentes de mierda y que se excitan haciendo daño.
Y que además, les gusta participar en grupo, parece ser que eso les excita más. Mientras lo escuchaba, de verdad que hasta me sentí “un Ángel” al lado de aquellos malditos depredadores.
Yo “odiaba” y mataba sí, pero por otros motivos, jamás por placer ni por saña. Lo mío... era otra cosa.
Nunca pudo el bueno de “Igor” ni imaginar la muerte que iba a tener... me iba a “esmerar” con él.




                                                      CAPÍTULO 8
No podía de ninguna manera, consentir que muriera pronto, así que, una vez y me contó cuanto quise saber, le inyecté una dosis lo suficiente alta como para que, ni se le moviera una pestaña pero, no la suficiente para no sentir lo que le iba a hacer… (“eso es, veo que lo entendisteis”). La dosis es paralizante pero, en ningún caso tiene, anestésico hipnótico. Con lo cual… permanecerá totalmente consciente y su centro nervioso, totalmente despierto.
Como soy un buen “profesional” y quería hacer bien mi trabajo, encendí la grabadora y empecé a narrar; “Varón, de unos 43 años, 1’90 centímetros de altura y 110 kilos de peso, color de ojos, azul claros, Posible causa de la muerte… Ingestión de sobredosis de barbitúricos…. Mientras, empezaba a diseccionar con mi escalpelo. La sangre empezó a inundar toda la sabana y la camilla. (Era normal) al no estar muerto, los latidos desaforados de su corazón, aceleraban todo su torrente sanguíneo, provocando espasmos y haciendo salir por las incisiones, litros y litros de sangre…No pude dejar percibir como a cada pasada del bisturí, su cuerpo se estremecía y su vello se le erizaba, y eso me provocó una excitación, nunca antes sentida que me hizo sonreír de satisfacción. Mientras iba desmenuzando a Igor, poco a poco y… con vida. No se me iba la imagen, vista en el periódico, de la chica Rusa. Totalmente deformada y rota. Y ver  el inaguantable dolor, sufrimiento y horror  en los ojos abiertos del aterrorizado Igor. Me satisfacía tanto que, aún baje el ritmo de las incisiones. (No fuera a ser que se muriera antes de tiempo).

¿Puede un asesino y psicópata tener corazón y sentimientos latentes en su interior? ¿Difícil pregunta verdad? ¿Alguno de ustedes estuvo dentro de la mente de alguno? ¿No, verdad?
Entonces… ¡ni se les ocurra preguntarme por qué hice esto! Les diría; ¿Y yo, qué coño sé?
El hijo puta de Igor, aún se lo estará preguntando también. (¿Sí es que hay vida en los infiernos?).

Bueno, como siempre que me divertía matando y una vez, deshecho del cadáver y limpio y desinfectado todo. ¿Os dije? (Tenemos crematorio). Me fui a tomar unas cervezas y “airearme” un poco. Tenía ganas de juerga, vaya, que, de tanta excitación quería mover el “gusanillo” así que, después de beberme tres cervezas en el bar de enfrente del laboratorio forense. Ya me conocían y sabían lo rarito que yo era No hablaba con nadie ni aceptaba que nadie me hablara ni siquiera tenía que pedir las cervezas, cada vez que veía una cerveza vacía, el camarero, sabía que me tenía que poner otra y así, hasta que yo, con un gesto, le pedía la cuenta. Esta vez, ni eso. Al acabar mi tercera mediana, le dejé en el mostrador un billete de diez euros y me fui sin decir ni adiós. (Vaya, como siempre).
Al salir a la calle no lo dudé, me cogí un taxi. No tenía ganas de conducir e iba lejos. Tenía una amiga a la que hacía muchísimo que no veía “Quizás ella pudiera desahogar esta excitación que llevaba dentro”.

Cada vez estoy más loco y por consiguiente, cometo más locuras e insensateces. Teniendo al “bueno” de  Matías pegado a mis talones y no se me ocurre otra cosa que, hacer de… “vengador”. ¡Esto ya es las leches! ¡Si seré imbécil! Al llegar a este punto no puedo por menos que sonreír. En cierta manera, me encanta esta excitación de sentirme perseguido. Estaba ya cansado de no tener un “rival” de mi altura. Uno con quien tener que “aguzar” el ingenio y ser mucho más astuto y rápido que él.
Llegado el caso… siempre podré liquidarlo y ¡Santas Pascuas! Qué se busquen a otro…
Al salir a la calle no lo dudé, me cogí un taxi. No tenía ganas de conducir e iba lejos. Tenía una amiga a la que hacía muchísimo que no veía “Quizás ella pudiera desahogar esta excitación que llevaba dentro”.

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Cuando llegué a su Casa <Una casa esplendida en medio de la naturaleza del Montseny. Ese día, las cinco de la tarde y con unas rachas de viento de unos 80 kilómetros hora. Con unas vistas increíbles de Mallorca que está nada más y nada menos que, a 220 kilómetros de allí― Por supuesto, se veía mucho mejor con el Telescopio que, tenía mi amiga en su gran terraza>. Nada más escuchar  el rugir de mi coche, ya estaba ella en la puerta de entrada al jardín y con una sonrisa de oreja a oreja.
He de decir que, hacía más de veinte años que nos conocíamos. No, no siempre estuvimos enrollados. No fue si no, cuando ella por fin se separó del cabrón de su marido y yo, por fin, mandé a la mierda a la mía. “Lo clásico, yo te llamo para animarte, tú también lo haces y… ¡acabamos follando como perros! (A lo salvaje quiero decir). Eso sí, nos prometimos que, cada uno haría lo que le saliera de las “pelotas” (en su caso, “los ovarios”) y así fue hasta ahora. Ella me llamaba cuando estaba muy “necesitada” y yo pues… otro tanto. Esta vez, me tocó llamarla a mi…” ¡uf, la necesidad obliga!
Nada más bajar del coche se me echó encima y “noté” enseguida que, ella, no estaba mejor que yo. Así que, no entramos ni dentro, sus manos volaron a mis pantalones y las mías sus tetas…, claro, la ropa voló sin dilación y quedaron nuestros cuerpos desnudos, apretados y excitados como perros rabiosos. (Hasta mordiscos recibí) creo que yo también se los di a ella, no se… perdí la noción de donde estábamos. Solo sé qué, nos revolcamos por el césped y hasta creo, por las piedras, de tantos arañazos que recibimos.
Una vez ya recompuestos y apagada la “fiebre” nos fuimos a duchar Por separado si no, la liamos otra vez. Media hora más tarde nos reunimos en la terraza a cenar y a contemplar Mallorca.
Por supuesto, cenamos frugalmente, fiambres y algo de fruta. Ninguno estaba por la labor de cocinar y yo se lo supe disculpar, la avisé con poco tiempo y ella por su trabajo de economista en una empresa de ámbito internacional, apenas paraba en casa. Tampoco tenía mucha hambre.
Después de unas horas de charla informal, lo típico; ¿Qué es de tú vida? Pregunta ella. Yo así con sa, Contesto yo. ¿Y tú cómo lo llevas? Pregunto yo. “Pues ya ves… bla, bla, blaMe responde ella.
Y así, como una cuantas horas. Vamos, como personas normales. (¿No?)
 Cuando mejor y más tranquilos estábamos, nos calentamos de nuevo (sería la conversación tan interesante, supongo)  y nos fuimos rápidamente  para apagar el incendio. Esta vez…. En la camita qué está más rico y sabe mejor.

Cuando volví de “desahogar mis penas”. Me esperaba una “grata sorpresa”. Justo en el despacho de mi “buen” amigo, Matías. Aún no había “fichado” para entrar qué, ya lo tenía, avisándome con el agente, Fernández. (Su perro lazarillo) “Un hombrecillo que, jamás subió  de categoría, por su innegable afición a empinar el codo en horas de trabajo e irse de putas, (sin pagar un duro) claro, amenazándolas con amargarles la vida si no “le agradecían” su ayuda convenientemente. A  Matías le venía muy bien pues, se movía de una manera muy hábil entre los chulos y las golfas. Por esa razón lo hizo su “ayudante”perro chupa pollas “La del Matías, claro”.
El teniente Matías te está esperando en su despacho, Gabriel. dijo el “chupapollas.
Lo miré con mala hostia, la verdad es qué, ya no solo el teniente si no, “el chupapollas” me tenía hasta los mismísimos huevos.
Dile que, en cuanto me cambie iré a verlo. Le solté con toda mi mala leches.
Pero… es qué… él dice Tartamudeó el “gilipicha”. Babeando las últimas letras.
¡Qué te vayas tú y tú jefe a tomar por el culo! ¿Entendiste? Pregunté escupiéndole en la cara.
Claro que seguidamente me fui echando leches, hacia el despacho del susodicho. (No vaya a ser que, encima se “mosquee”). Al llegar… ¡La sorpresa,  Allá que estaba mi ayudante nuevo! ¡Por Dios, qué cara de gilipollas tenía! (Explico) “Era como para ser el protagonista de una “peli” Gore. ¡Joder que feo que era el “bicho”! tenía una cabeza que parecía un “portaaviones”, Vamos que, incluso el Titanic (de no hundirse) podría haber tomado puerto en su cabeza Y aún le hubiera sobrado espacio Encima, me llevaba unas gafas, tipo “Jerry Lewis” Los ojos no miraban rectos (No sé si por vergüenza) o es qué ya era así de feo…” No quiero ya deciros la de granos, o acné, que tenía su cara, de pecas tan rojas cómo el culo de un mono (de culo rojo). Y no digo nada más que luego encima me acusaréis de; Xenófobo  o alguna cosa de esas. (Por cierto, sí, era ruso)


Pasa, GabrielDijo Matías Este  es tú nuevo ayudante, ¡ven!, Bogdan. ―Parecía llamar a su perro.
“¡Hostias!” pensé yo, “hasta el nombre lo tiene bonito el jodío”. Más tarde supe que, su nombre significaba (No sé en qué coño idioma) “Dado por Dios” ¡qué coño dado por Dios, por su puta madre, sería, al verlo tan feo! Claro qué, eso no salía de mi boca, no jodamos, tal y como están las cosas en España… (Miedo me da).
¡Deja de pensar cosas de las tuyas, cabrón! . Me gritó el teniente a voz en grito.
No me impresionó, lo había visto en días peores. Como el día aquel en qué un ladronzuelo, sin saber que era un policía (y lo que es peor) con mucha malaleche. Le quiso robar la cartera, en una de las pocas salidas que tuve con él y toda la tropa. ¡Pobre desgraciado! Cuando logramos sacárselo de las manos del teniente, poco menos que tuvo que ir a hacerse la cirugía en los huevos, de lo “espachurraos” que se los dejó, a patadas. Encima, cuando el idiota, se enteró de que, era policía y además, teniente. Se atrevió a amenazarlo con denunciarlo por malos tratos. (Desde entonces creo que fue, le llaman por los bajos fondos de Barcelona “El eunuco”)
Bueno en fin que, el bicho ese es mi nuevo ayudante. (¿Para qué enrollarme?)
Y para demostrar qué era muy aplicado, nada más y salir del despacho del teniente Matías. Lo mandé a por café Para aplacar mis nervios Qué nada más verlo, me tenía deshechos.
Creo que, hasta incluso pensé en “provocarle” un accidente y meterlo en el horno crematorio.
Uf, me quedé con las ganas, solo al recordar la mirada de Matías al estrechar yo la mano del Bogdan, parecía decirme; “cuídalo mamón que, ese será mis ojos y no te lo despegará del culo”
¡Maricón de mierda! (No me hagáis caso) es la mala hostia que se me pone de solo mencionar al cabrón del Matías, a mi me da igual cargarme a un maricón que a un “machote” a la hora de cortarles el cuello, sangran igual. Incluso la carne del Gay, es más sabrosa al  estar más “cuidado”
Y ser más pulcro en su higiene (Imagino yo) ya qué, no creo que haya matado a ninguno todavía.
A no ser que, mi vecino lo fuera, que no lo sé… (Su carne estaba asquerosa).
Pensando  y pensando, me prometí que, mi siguiente víctima, sería gay.





Pues, fue imposible, no pudo ser gay (Al menos no pude averiguarlo). Me la crucé aquella tarde, después de salir de trabajar. No sé ni siquiera por qué me llamó la atención. Quizás fuera su más que, notable nerviosismo No era en absoluto guapa, ni siquiera atractiva, más bien era del todo normal ¿Sería eso lo que me llamó la atención? Su “normalidad” ― El caso fue que, tras cruzarse en mi camino, no dejé de seguirla. Era extraño pues, parecía ir hablando por todo el camino con alguien “invisible” por lo menos, ante mis ojos. (Llegué a pensar que estaba loca). De repente... ¿y no me preguntéis cómo? ―Desapareció delante de mis ojos ― fueron, o a mí me pareció, tan solo una segundo pero, ¡puedo asegurar que, desapareció de mi vista, ese tiempo!
Me refregué tanto los ojos que, casi me quedo ciego de verdad, de tanto refregar. Por fin, en la calle “Paseo de Gracia número cinco”. Un portal bastante lúgubre y oscuro. Se paró y tras rebuscarse entre los bolsillos, sacó una llave, la metió en la cerradura, abrió y entró. No podía perder tiempo así que, corrí hacia ella y sin perder un segundó, me colé tras ella, al mismo tiempo que, enredaba mis manos en su cuello, por la espalda. No la dejé que reaccionara  y tras amenazarla con romperle el cuello allí mismo, la ordené que me llevara a su piso o apartamento.
Era un primero, así que, no dimos tiempo a que, nadie nos viera entrar. Nada más entrar vi que tenía un extraño empeño por llevarse la mano derecha hacia una aún más extraña pulsera que, tenía en su muñeca izquierda. No me parecía conocido el material con el que parecía haber sido confeccionada, así que, sin dudarlo, se la quité rápidamente y me la metí en mi bolsillo de la cazadora negra que llevaba ese día puesta. Hasta ese momento, no había estado asustada en ningún momento pero, fue quitarle la pulsera y se puso a chillar y a gritar como loca, así que, no tuve más remedio que partirle la boca de un ostión. Al mismo tiempo que, la empujaba contra el sofá de tres plaza que, estaba en el centro de la estancia, frente a una pantalla de no menos de 50 pulgadas de plasma, (o eso me pareció) no soy muy técnico en esas cosas. Encima de la pantalla tenía un retrato de un tío con la cara de más malaleches que yo había visto en mi vida. Parecía ser General o tener un cargo militar importante. Miré por toda la estancia para ver qué me podía servir de “herramienta” esta vez. La “rara” ya se había tranquilizado después del “ostión”, sangraba por la boca y no me extrañaría que le fuese saltado alguna muela o diente. Extrañamente, me sentía excitado y nervioso…
La “rara” me habló en ese momento. ―Creo que te estás equivocando, no sabes con quien te estás metiendo. ―Dijo con la suficiente arrogancia como para que me acabara de “mosquear” y le propinara otra ostia. (No suelo pegar a las chicas). Vamos que nunca lo hago, ―Lo normal es que las mate y me las coma ― En este caso, no sabía por qué pero, me estaba extralimitando y no me gustaba.
― ¡No sabes lo que estás haciendo! ― Volvió a gritar
― Estás poniendo en peligro algo más que tú vida ¡Hijo de puta! Y mi hermano, te matará y matará a mucha más gente si no me sueltas ahora mismo y te marchas de aquí. ―Y la jodía lo decía muy convencida y roja como un tomate.
Bueno, yo, había seguido buscando mi “herramienta” y por fin la encontré así que, sin hacerla ningún caso, la agarré por el pelo y la arrastré hacia el baño “había tenido una genial idea”.
Nada más entrar me di cuenta de que, ese baño parecía no haber sido usado nunca ―Estaba demasiado “limpio” ― No me importó. La metí de otro guantazo dentro. (Sí, esta vez me estaba “pasando”). Una vez dentro de la bañera, le di al agua para  llenarla, mientras la desnudaba. “Supongo que la pobre creería que iba a violarla o  a saber qué cosas se le pasaría por la mente en ese momento”. Busqué gasas de vendar heridas en el botiquín (¿Quién no tiene en su casa?) y le tapé la boca, no sin antes, meterle un buen puñado de algodón dentro de ella. La “rara” se resistía de lo lindo, ―no os creáis ― y me costó darle otra buena ostia que, casi la hago perder el conocimiento, la quedé medio atontada, el tiempo justo para dejarla atada como una morcilla. No quería dejarle muchas señales por el cuerpo, así que, no la até muy fuerte, lo justo para que se asustara y dejara de berrear.  Una vez quieta, fui corriendo al salón, había allí una “herramienta”
Fabulosa para llevar a cabo mi crimen, “sin que averiguaran jamás que fue un crimen”. Era un
Extraño aparato pero, bueno, tampoco yo soy un experto. Parecía un nuevo modelo de “reproductor de DVD” circular y con luces de colores, pero tenía cable para enchufar así que, me serviría a mis propósitos. Cuando volví a entrar en el cuarto de baño, La “rara” me miró con los ojos muy abiertos y ya sí, completamente aterrorizada. ―No me dio ninguna pena ― Desde que me crucé con ella, sentí esa necesidad, casi diabólica, por matarla. Me acerqué a la bañera y agarrando su rostro, la empujé hacia adentro, metiéndola hasta el fondo. No quería ahogarla, no, solo, dejarla sin conocimiento. Tenía que morir sí, pero, de otra manera. Una vez dejó de resistirse,
Saqué su cabeza del agua y tiré de su cuerpo hacia arriba, hasta dejarla sentada. Le quité todas las gasas usadas en su cuerpo.  Después, enchufé el extraño aparato y alejándome todo lo que pude, lo arroje al agua. Hubo toda una explosión silenciosa de colores mientras, su cuerpo era sacudido  violentamente durante unos escasos segundos y la estancia se llenaba de un humo negro y con olor a carne quemada. Abrí la ventana y me quedé allí, observándola durante, creo, lo menos una hora. Sentía una fascinante atracción que, no supe definir, ni aún hoy, lo puedo explicar.
Después de limpiar todo lo que pude tocar o desplazar, me fui tan silencioso como había venido.


lunes, 5 de marzo de 2012

¿O lloras o te ríes?


                                                               EL PREMIO

Javier, corría, corría como un desesperado. Su corazón, muy joven y avezado, no tenía límites.
Saltaba por encima de los peñascos, de los arbustos y de cuantos estorbos se le interponían.
Sus ojos negros, no miraron ni una sola vez para atrás. Solo tenía una meta en la cabeza… un destino. Se lo dijeron bien claro; “Nunca gires la cabeza ni mires para atrás”. Y él, corría y corría… y aunque su respiración estaba cada vez más agitada y exhausta, él, no desaceleraba el paso. ¡Ya estaba allí! ¡Su meta…! Se la veía al final de aquel cerro, en aquel claro de bosque…
Sí, era verdad tal como le dijeron; “Al final del cerro encontrarás a la bella Mercedes, ella te dará tú premio.” ¡Y allí estaba ella, sonriente y con esa belleza infantil de sus dieciocho años recién cumplidos! Por fin, Javier llegó  a los pies de la hermosa Mercedes y sin dudar, se puso de rodillas para “recibir” su premio merecido. Tan rápido se agachó que, no pudo ver los ojos de victoria ni el largo cuchillo que, ocultaba a sus espaldas Mercedes. Por supuesto, ni se enteró, cuando, lo que él, creía una caricia en su cabeza, no era otra cosa que, sujetarle del pelo y con la otra mano, segarle el pescuezo. Ni mucho menos pudo escuchar su risa y su voz de loca diciendo; ¡Gracias padre por mi premio!



                                           Mi mala suerte


José siempre fue un hombre con muy mala suerte, pero muy, mala.
Cada vez que salía de casa, le sucedía alguna desgracia. Pero, Vamos que no fallaba.
El día que conoció a la que más tarde sería su mujer, parecía que, ciertamente, había pisado mierda. Cómo era posible qué, esa maravillosa mujer, de ojos color cielo, labios sensuales y rojos como una amapola y con un cuerpo de tirar parar atrás, de lo sexi y maravilloso que era…. ¿Se podía haber fijado en él? Un hombre; Obeso, grasiento, viejo y encima, ¡sin trabajo y ni un puto duro!
Justo, pensaba todo esto, tumbado boca arriba, con mi prominente y vieja barriga al aire. Desnudo en mi cama de matrimonio, súper cómoda y amplia esperándola, ¡deseándola cada vez más y con mi miembro erecto que ya no podía estar más duro! Y…  Apareció ella, vaporosa como una Diosa griega.
Semidesnuda, con tan solo una “Negligé”  muy sexi y una  minúscula tanga rosa y… ¿con un cuchillo en su mano derecha? Mientras me decía con su dulcísima voz…  “¿Por qué parte empiezo, querido…?







                                                  Esta no es mi casa

Germán no era un niño corriente. No, para nada lo era. Era de baja estatura (para su edad) a sus casi trece años, no levantaba más de un metro de altura. Pero, no era eso, no. Lo qué lo hacía diferente al resto de sus compañeros. Lo que lo hacía diferente y distinto al resto de sus compañeros de aula ― e incluso al resto de compañeros de colegio ― Era, sencillamente qué… ¡era diferente! ¿A ver si no?; Metro de altura, cabeza enorme, con dos, aún más enormes… ¿orejas?, ojos redondos como platos de postre, sin iris y lo que, aún daba más cuenta de su “diferencia”…  ¡Siempre lo traía un amiguito suyo, en su bicicleta! Pero, es qué además, el mismo lo decía… con su voz de niño cabrón… “¡Esta no es mi casaaa!












                                          ¡El cabrón de Eduardo, no llega!


Las diez de la noche, hora ya de acabar mi turno, pero, ¿Dónde leches estará, Eduardo? ¡Este hijo puta me las va a pagar todas juntas, siempre me hace lo mismo!
Cada vez que le toca a él, sustituirme, me cago en sus muertos, nunca llega a su hora.
“Me acuerdo el día en qué, por fin, después de tres meses de irle detrás a Sonia, ésta, ―Por fin― Había aceptado una cita conmigo. A las 22:30. Y la jodía era de las que, como no llegaras en punto, cuanto menos. Pues, te comías una mierda. Se iba y te dejaba compuesto y con unas ganas de “machacarte la cabeza contra la pared”…
Y el cabrón de Eduardo… no llegó hasta las 22:05. Y, tan sólo para llegar a la cita, ya te llevaba 25 minutos en coche (eso sin pillar los semáforos en rojo). Así, como imaginé,
Sonia, ya no estaba allí… Eso hizo qué, de la rabia, me llegara de nuevo al trabajo y con tan mala leches qué, sin decirle a Eduardo nada, lo agarré por el cuello y lo estrangulé allí mismo…
Luego fue que, me enteré de  qué, Sonia, no fue a la cita… tenía la gripe y estaba en cama…
Pobre Eduardo…. Ahora me acuerdo por qué… llega tarde.