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lunes, 27 de febrero de 2012

NO HAY DÍAS... SIN HORAS


                                                       “NO HAY DIA... SIN HORAS”

                                                                     (CAPÍTULO  1)




Alberto  miró el reloj,  el tiempo parecía burlarse de él. Las 17:00 h: Alberto suspiró
 Hondamente y se puso de pie, No llevaba excesivo tiempo sentado pero, parecía hastiado  como si llevara horas  allí. Encaminó sus pasos hacia el largo y estrecho pasillo de su vivienda, una segunda planta, con tres habitaciones, cuarto de baño chiquito, con un plato de ducha miserable pero, que, a él, ya le valía. Una cocina integrada en el salón (tipo americano) no era gran cosa pero, él se decía para sí que, después de vivir amargado
 Durante tantos años con su ex, bien merecía la pena. -empezó a bajar las escaleras de dos en dos (parecía tener prisa)  ¡buenas tardes, Alberto! Escuchó decir a sus espaldas.  Cómo siempre, la misma vecina que pareciera que, conocía hasta cuando iba al  baño.
¡hola,  josefina! ¿Los niños bien ? preguntó automáticamente casi sin pensar, lo tenía tan aprendido ya, que, le salía solo. Sí, sí Alberto... Acaban de llegar del colegio y están merendando. Contestó Josefina.
jajá rió... sin ganas. La misma respuesta de todos los días (a la misma hora) con una media sonrisa, Alberto giró su rostro para que no viera su sonrisa. Mientras se despedía amablemente Hasta luego, josefina, que llego tarde  ¡chao, Alberto! Bufó josefina con un mohín de disgusto  “¡y que siempre se le escapaba con la misma excusa! “¿Pero, dónde iba todos los días y a la misma hora? se sentía intrigada josefina. En fin, suspiró y se dijo muy segura de sí misma “Ya caerá” y entró dando un portazo tras de sí...
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Llegó puntual pese a todo,  “Aunque nadie le fuera echado a faltar si no fuese ido “Pensó Alberto.
Miró hacia la que, años atrás fuera una mansión de una rica y famosa artista Española de cine y televisión que, sin venir a cuento, un día decidió retirarse de todo y crear este lugar, casi un paraíso terrenal ”Para gente bien” nunca pronunciaban “LOCOS” ( la verdad es que era un Psiquiátrico)Y  era carísimo...  sólo unos cuantos privilegiados podían permitirse este lujo  Pensaba Alberto,  mientras caminaba por el caminito de césped perfectamente segado hacía, seguramente, tan solo unas horas  “¡Menos mal, de la póliza de seguro que si no...!” Miró hacia el frente Alberto, parecía buscar a alguien con la mirada.
Había poca gente, normal a aquella hora, aunque casi,
 Nadie acudía ya (por algo les llaman “los olvidados" y con razón. Alberto entró y parecía saber  muy bien a dónde quería ir. ¡Antonia! Llamó Alberto.  La susodicha giró la cabeza y enseguida mostró sus ojos azules, limpios y cristalinos...
“nada podían ocultar aquellos ojos... Pensó Alberto.   Antonia sonrió levemente, y mostró unos dientes blanquísimos diciendo sin mostrar sorpresa alguna Buenas tardes Alberto decía al mismo tiempo que ofrecía su mejilla derecha. Como siempre  amigo mío no faltas a tu cita diaria eh ? dijo con una sonrisa  triste. ¿podría hacerlo sin sentirme culpable después...?. Musitó tristemente Alberto.  No, amigo mío. dijo Antonia Pienso que tal y como eres tú, no vivirías tranquilo. Ven, hoy está más tranquilo, será el tiempo. Soltó una suave risa Antonia. Alberto la siguió  (como todos los días a la misma hora)”Ella estaba allí... su mirada ausente le indicaba que, efectivamente... hoy, estaba más tranquila. La mayoría del tiempo se la pasaba gritando como una loca. Sus ojos, antaño azules y Verdes, parecían emborronados, como si un Ciclón hubiera pasado por ellos... sin duda, su mente, aunque ida. Sufría... (Inútil tratar de averiguar, hasta que
 Punto era su dolor, no reaccionaba ante nada)  "Sofía", murmuró Alberto. “nada... ni un brillo, ni reflejo denotó cambio alguno en Sofía. Antonia muy prudentemente dio la vuelta y marchó tan silenciosa como había venido. Alberto se sentó en el banco junto a  Sofía (como hacía cada día) quién sabe si esperando, esta vez sí. “un milagro...
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                                                                (CAPÍTULO  2)


Alberto, apretaba la mano de Sofía, mientras sus ojos se empañaban en un mar de lágrimas. No sabía porque pero, no podía evitarlo, y ya iban cinco años, desde aquel fatídico día siempre que apretaba su mano sentía como el latir de la sangre de Sofía le hablara... bueno, eran sus sentidos o sus ganas de  que así fuera, seguramente, lo que le hacía creer en ello... Apretó los dientes, Alberto. La rabia recordando...”siempre la misma imagen. "Aquel maldito borracho saltándose el semáforo en rojo y... ”Pero no” sacudió enérgico la cabeza, Alberto. No debo pensar más en eso, El pobre bastardo ya pagó por ello (murió en el mismo accidente) 
Tristemente, Alberto. Alzó los ojos para mirar la profundidad azul de los ojos de Sofía. Ahora, tremendamente vacíos y sin vida, opacos y ausentes. Ni un brillo ni parpadeo denotaban, ni por asomo que esa mujer... estuviera viva. Si acaso, su respiración, pausada y tranquila. Alberto. Quería volver a mirarse algún día, de nuevo en esos ojos... Y de ahí su inagotable amor y paciencia para venir cada día...  a la misma hora.
Cuando volvían del jardín, entraban dentro, e iban directamente hacia la habitación de Sofí. Una habitación muy hermosa y con unos ventanales que ocupaban casi toda la pared que, daba directamente al jardín. Se sentaba tras ella y con un cepillo de púas, [cómo siempre la vio hacerlo a ella frente al espejo de su hogar, La peinaba durante una hora y  media, ella lo hacía siempre así.] Alberto. Mientras la peinaba no dejaba de observarla a través del espejo.”Fueron amantes tantos años...”Recordaba Alberto, No sabía por qué le dio por pensar en ello en esos instantes... La ex mujer de Alberto (por celos) nunca quiso darle la libertad (Y tenía su gracia qué, cuando ya no la necesitaba... ella solita se la dio. ¡Malditas mujeres, que quieren ser dueñas de tu vida! menos mal que dios, no les dio hijos, ¡pobres si así hubiera sido, que mal ejemplo para ellos...! “que poca oportunidad tuvieron de vivir juntos. Se lamentaba Alberto, mientras no dejaba de peinarla. Algunas
 Noches, mientras su ex. (Ni acordarse de su nombre) marchaba con sus amigas. En cómo, ellas mismas decían, “sus escapadas sin marido" ¿qué maridos...? ¡Si todas eran unas perfectas brujas! Alberto se enfadaba por momentos en este punto de su pensamiento.
Alberto, respiró profundamente intentando alejar de sí su enfado y su malestar al pensarlo.
 Hizo que Sofí se Levantara y la sentó de nuevo, en un taburete frente a la  ventana. Llovía fuera... Alberto suspiró, “Con lo que le gustaba a Sofía los días de lluvia" Sonrió, recordando aquel día en que la lluvia los pilló en aquel olvidado pueblo de León ¿Cómo se llamaba...? Ah sí, “ACEBO” un pueblito donde fueron a pasar un fin de semana en que su ex “la innombrable”  estaba al cuidado de su santa madre que, estaba malita en el hospital. (Estábamos enfadados,  así que, no fui ni a verla. “La muy bruja tenía toda la culpa de cómo era su hija”)  aprovechamos Sofía y yo, para escaparnos a ese pueblito de León. “Alguien me había dicho que era precioso y que había unas excelentes casas rurales (como así fue) salvo por las lluvias de las que, nadie nos había avisado, ¡eran terribles! (Por lo menos la que nosotros pillamos) Sin embargo, fue el fin de semana más hermoso de su vida Y para Alberto... la fuente dónde bebía de sus recuerdos, cuando tenía un bajón de moral, no perdía las esperanzas de que, algún día... pudieran repetirlo. Suspiró Alberto. Mientras levantaba la mirada y miraba por la ventana, ya había oscurecido y como todas las noches, a Sofía, tocaba ducharla, darle la cena (poca cosa) pues, vivía apenas de sopas y de verduras pasadas por la exprimidora.
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                                                               CAPÍTULO 3

                                                      “CINCO AÑOS ATRAS”


¡Sofí! ¿Qué guardas, no querrás llevarte también a Nemo? Llamó la atención de Sofí, Alberto.
¡Jo, Cari, por fa! Puso cara de carnero degollado Sofí, mirándolo fijamente y mordiéndose ligeramente el labio inferior, con las manos juntas en plan de ruego, Sabía que eso, volvía loco a Alberto (Y no de gusto precisamente) Pero, le encantaba hacerlo enfadar un poquito, sabía que, sólo le duraba unos minutos, justo para reírse en su cara un rato.
En realidad lo que tenía en sus manos (antes de que, él, la recriminara) era una simple cuerda, para atar su guitarra a  el pasamano trasero  y que no se moviera (estaba enamorada de esa guitarra) Alberto no lo sabía. Nunca se lo quiso decir, temiendo que la obligara a deshacerse de ella, pero, fue un regalo de su ex marido antes de separarse amistosamente. El cariño jamás se perdió, No se amaban ya, eso fue todo. Y decidieron, de mutuo acuerdo, darse una nueva oportunidad, con otras personas... Él La dijo;”Para que nunca te olvides de mí, Sofía” Y desde entonces, nunca se la olvidó, siempre la llevaba consigo, en cualquier viaje que durara más de dos días. (Y no porque amara a su ex aún, no, si no porque, le encantaba tocarla cada vez que tenía oportunidad).
Alberto puso cara de disgusto, no le gustaban nada esos gestos de niña mimada de Sofí, la verdad es que, lo cargaban demasiado. “Lo re blandeaban cómo si fuera mantequilla” y eso claro, lo debilitaba ante ella.

¡Bufa, Ya está bien, Sofí! Bufó enojado Alberto. Pues, empezamos bien el viaje, venga anda y date prisa que, va a anochecer y sabes que, no me gusta conducir de noche. Quiero parar en algún parador, antes de proseguir viaje y sí a tú te da por las bromitas, no saldremos nunca.--alzó la voz enfadado Alberto. Mientras entraba en el coche. (Un Ford Mondeo azul metalizado) y que estaba el pobre que no le cabía, ni un alfiler más, hasta los asientos de atrás, estaban llenos de bultos y objetos de Sofí. (Decía que, dónde vaya quería sentirse como en casa)__Sofí ya hacía rato que, estaba dentro, con cara divertida. ¡Cago en diez...! se quejó Alberto. Cuando un bulto mal colocado, le cayó en la cabeza. ¡Dita sea...! Miró
Hacia Sofí y esta, lo miraba divertida y con  la mano tapándose la boca  fingiendo no darse cuenta de nada, muerta de la risa.
¡Ríe, tú ríe... ja, ja! La remedó molesto Ya me tocará a mí reír, no te preocupes, je, je, je. Rió malévolo Alberto. Cuando pillemos las primeras curvas y empieces a vomitar..._Ahora sí, rió con ganas Alberto, al imaginar la cara de Sofí. ”No te preocupes cielo”, dijo sonriente Sofí .--”Tomé precauciones y me tomé una pastillita milagrosa ¿no te acuerdas? me las dio mí hermana, van muy bien, para evitar los clásicos mareos”. Perdona cielo Preguntó de pronto Sofí. ¿Falta mucho para llegar a ese hotelito de carretera?, ¿ya sabes amor...? je, je, Tosió pícaramente. ” ¿Dónde echamos el primer polvo”? Puso Sofí una cara divertida al ver el rostro amarillo de Alberto. A este no parecía hacerle mucha gracia la  broma.
Sofí. Viendo la cara de enfado de Alberto, pensó que ya era hora de dejarlo conducir tranquilo y olvidarse de las bromas así que, cerró los ojos, para aprovechar y relajarse un rato. Sus ojos eran grandes y hermosos, muy expresivos y le cambiaban (o parecía le cambiaban) de color, de verdes a azulados, según estuviese enfadada o alegre. Sus facciones eran tan asimétricas que, era difícil de saber qué perfil era el mejor, si el izquierdo o el derecho para salir en una foto, Así qué, a ella tanto le daba de qué lado la sacarán. Su cabello, de color negro, no parecía entonar con sus ojos pero, Sofí nunca quiso cambiar de look.

Abrió los ojos Sofí, para mirar seguidamente hacia el frente. Muy poco tráfico, aunque, era casi normal en un día cómo aquel. Martes y laborable y encima las ocho de la tarde, casi todo el mundo estaría ya en su casa o a punto de llegar de sus respetivos trabajos. Estaba bastante oscuro ya, el día ya había amanecido turbio y sin sol, como si fuese a llover, aunque no llovió y estuvo todo lo largo del día, oscuro y feo. No le extrañó pues, ver el día oscurecer tan rápido, para estar en el mes de Abril. Se decía así misma, Sofí. Miró a Alberto y lo vio muy ensimismado, como si estuviese preocupado.”Bien era cierto que, a Alberto, no le gustaba ni hacía gracia, el conducir de noche, nunca la explicó el por qué.

Alberto, sentía la mirada de Sofí, cómo si esta lo acariciara pero, no quería distraerse de la conducción y fingía no darse cuenta. La verdad es que, estaba  preocupado, muy preocupado. Nunca le dijo nada a Sofí, sobre el accidente sufrido años atrás y del que, salió con vida de milagro. Aún guardaba ingratos recuerdos. Y fue  una noche, igual que aquella  y en abril también. No, prefirió callárselo, mejor y no lo sepa nunca. Sentenció en sus pensamientos. ¿Cómo decirle...? ¡No, nunca lo haría!



                                                     (CAPÍTULO  4)



Tan ensimismado en sus pensamientos estaba Alberto, que, no vio una luz que, abandonando su carril, iba directamente hacía su coche,  se abalanzaba, zigzagueante cómo si lo condujera un borracho. Por una fracción de segundo, Alberto pensó que, era una moto. Pero no, Alguien, conduciendo  un coche gris metalizado, Matrícula de Barcelona. Se pasaba el semáforo en rojo en aquel cruce fatídico y se abalanzaba a toda velocidad hacia su coche.

Fue imparable... nadie podía ya haberlo evitado. El choque fue tremendo, de frente directamente y a una velocidad superior a 140 kilómetros hora, tan fuerte fue el choque que, el auto de Alberto fue a parar, dando vueltas y trombos sobre un  campo sembrado de cebada y que, sirvió de mullida alfombra al auto de Alberto, Totalmente destrozado...Justo en el último cruce de la ciudad, cuando apenas faltaban un par de kilómetros para llegar al hotelito.

Lo último que pudo ver Alberto fue, a una figura borrosa que se acercó raudo al coche, apenas pudo distinguir su rostro, barba de más de una semana mal cuidada y unos ojos tremendamente azules... Después, nada... Alberto perdió el conocimiento.

Sofía Abrió los ojos despacio, ni siquiera sabía que había pasado. A poco de salir y después de enfadar a Alberto. Se había quedado profundamente dormida y no recordaba nada. Solo sabía que le dolía todo el cuerpo y no sentía sus piernas, aunque, moverlas, parecía que las movía. Las tenía como dormidas, pesadas... Se giró hacia Alberto, esperando a ver si él, le podía decir que había pasado. Lo que los ojos de Sofía vieron la hizo lanzar un grito de horror y desesperación que poco tenía de humano.

Pocos segundos antes de desmayarse, notó como, algo o “alguien” la agarraba y tiraba de ella sacándola del auto. Después, perdió el conocimiento. A lo lejos se escuchaban las primeras sirenas...
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Se desesperaba Alberto. No podía evitarlo, cada vez que llegaba la hora de dormir, su mente le jugaba aquella mala pasada de, volver a recordar aquel día... El día en que perdió a Sofí. Nunca se lo perdonaría, si fuese estado más atento...Miró dulcemente el rostro de Sofí, Hoy tan apagado, tan ausente de todo y de todos.
La llevó a la cama y suavemente, con mucho mimo la tapó y despidiéndose de ella, la besó tiernamente en los labios.
Hasta mañana mi amor, no te olvides que te amo... Despidiese Alberto, saliendo seguidamente de la habitación.
Fuera lo esperaba Antonia.  Alberto la miró directamente a los ojos para preguntarle ¿Dime Antonia, los médicos siguen sin saber exactamente lo que la pasó, no averiguan nada? ¿En cinco largos años y siguen sin saber la causa de quedarse así, como si fuese una muerta en vida...?-No, Alberto. Dijo Antonia. Seguimos tan ciegos como al principio, tan solo se sabe que, al parecer, sufrió un shock, no sabemos ni por qué ni la causa  que lo provocó pues, aparentemente nunca tuvo lesiones graves, solo algunas magulladuras sin importancia ¡Igual que tú! Nadie hoy da crédito de que, tal como quedó el coche y sin embargo los dos salisteis ilesos. No así el conductor del otro auto que, estaba prácticamente deshecho e irreconocible.
Es cierto. Asintió Alberto Ni yo, puedo decir cómo fue posible pues, ni me acuerdo de como ocurrió el accidente, sólo sé lo que me dijeron los de urgencias, cuando desperté...”Y creo que jamás lo sabremos, según me dijeron. Nadie vio como fue el accidente.
Sin embargo. Dijo Antonia  Se sabe que “alguien nos sacó del coche pues, estabais los dos fuera del, cuando llegaron los servicios de emergencia Pero, ¿Por qué no se quedó allí? Suspiró Antonia.
Movió la cabeza apesadumbrado Alberto diciendo  No lo sé, Antonia, ¡No lo sé! Todo está tan oscuro en mi cabeza hoy, como en el mismo día del accidente, ni siquiera sé que hacíamos en el coche ni hacia dónde íbamos... Es un misterio para mí, desde aquel día todo se me borró de la cabeza, si no fuese sido por la documentación del coche, no hubiera sabido ni donde vivía.
Lo que sí es raro es que, no hubiera ni una sola fotografía, donde estuvieseis los dos juntos. Comentó extrañada Antonia.
Sí, también me extrañó a mí pero, no sé qué decirte Antonia, no me acuerdo de nada. El doc., dice que, mi mente se niega a recordar mas allá de los últimos instantes vividos después del accidente. Se apesadumbró Alberto.
No te preocupes más, amigo mío. Ya verás que un día cualquiera, Sofía despertará y te ayudará a recordarlo todo.
sí, ojalá murmuró Alberto, Brillándole extrañamente la mirada.


                                                       (CAPÍTULO 5)



No lo podía entender, Sacudió la cabeza Alberto  ¿Cómo es posible que siga sin recordar?
Volvió a su cuarto y se lanzo poco menos al suelo, buscando algo que estaba debajo de la cama, detrás de unas cajas de zapatos. Lo sacó fuera. Una maleta de viaje, de color anaranjado. Alberto creía que era de Sofí. (A él, jamás se le hubiera ocurrido comprar un maletín de ese color)
¡Tengo que recordar como sea...! Se decía entre dientes, Lo abrió casi con rabia y volvió a mirar y remirar lo que, allí había... Fotos y mas fotos de dos personas y un perro pero... ¿por qué ninguna de aquellas imágenes  era él?
¿Acaso Sofí... tenía un amante? ¡Coño, me voy a volver loco, por Dios! Un sonido conocido le sacó de sus pensamientos, era el timbre de la puerta.
Abrió Alberto la puerta.
¡Hola, perdido!,¿por fin di contigo?, Andrés Mientras decía eso, le miraba divertida a la cara. Alberto no salía de su asombro, conocía a la chica, de eso no cabía duda pero... ¿De dónde la conocía y por qué la susodicha le llamaba, Andrés ?__Bueno qué, ¿No me ofreces pasar y tomar una copa, o por lo menos ofréceme asiento no? Se quejaba la chica.
Claro, pasa, pasa. Le cedió el paso hacia el "salón" Alberto. Mientras la seguía no dejaba de pensar e intentar recordar algún detalle que le ayudara a saber quién era esa chica que, por lo demás, era lo suficientemente atractiva cómo para aprovechar y admirar su firme trasero y sus curvas que, parecían cinceladas por un experto artesano. Y ella lo sabía bien pues, lo movía con un desparpajo que, cegaba a quien lo miraba (de gusto claro)
Bueno pues, ¿usted me dirá señorita...? Esperaba Alberto que, ella misma dijera su nombre pero, se quedó con dos palmos de narices pues, la chica no dijo ni mu. Simplemente se le quedó mirándole divertida, como esperando que fuera él mismo quien le diera explicaciones. ¡Ejem!, carraspeo Alberto incomodo. ¿Me puedes decir por qué me llamas Andrés? Levantó la ceja izquierda la chica divertida. ¿Qué dices? ¡Pues porque te llamas así...!!Vaya, que te olvides de mí, vale, pues con la fama de ligón que traías cuando te conocí, no me extraña tampoco pero, ¿De tú nombre...? Eso no me lo esperaba no. (reía) Está bien, dejemos eso, tú sabrás por qué no me quieres reconocer ni quieres acordarte de tú nombre. Sólo te busqué por una razón. ¿Me querrás decir por qué desapareciste de mi vida hace cinco años atrás y sin dejarme una nota ni siquiera de adiós? Lo miraba desafiante.
Te quiero recordar qué. Continuó diciendo. Por aquel entonces, vivíamos juntos Proseguía la chica, mirando fija a los ojos de Alberto que, parpadeaba nervioso y evidentemente confuso, sin atreverse a interrumpir a la chica.  Y según tú mismo me decías, éramos muy felices. En esos instantes, Alberto vio como los ojos de la chica, se llenaban de lagrimas, aunque la chica se refregó rápidamente con una mano, intentando secarlas con una sacudida, haciéndose la dura.
 ¡Bueno, ya está bien de estupideces! ¿No crees?
Saltó, sin poder contenerse Alberto -- ¡Ni siquiera sé de lo que me estás hablando!, me llamo Alberto y no sé de qué o con quien me confundes. ¡Sí, es verdad que, te conozco, no lo niego!, cómo tampoco puedo negar que, a pesar de conocerte no puedo saber ni de qué ni donde te conocí, ojalá y lo supiera! Alberto se llevó las manos a los ojos, estaba cansado, el día fue muy duro, cada día le costaba más digerir lo que le estaba pasando, esos recuerdos que, no llegaban a  aclararle nada, luego esa chica que, aparecía no se sabe de dónde para acusarle de no se sabe qué... ¡Andrés! Le sorprendió el grito  desgarrado y tan doloroso, lanzado por la chica. Alberto  la miró sorprendido.-- ¡Basta ya!-Siguió diciendo enfadada la chica. Está bien, no me conoces dices, ni te acuerdas de mi nombre. Soy Isabel. Suavizó la voz Isabel.  ¿No lo entiendes verdad, como te llames? Si llevo cinco largos años, sin tirar la toalla y buscándote como una loca no es por nada... ¡es por qué te amo, y jamás hubiese dejado de buscar hasta haberte encontrado! Ahora Isabel, sollozaba amargamente.
Está bien, Isabel, perdóname. Alberto se aproximó hacia ella y se sentó a su lado. No sabía muy bien lo que se esperaba de él pero, saltándose su timidez habitual, se atrevió a pasarle su brazo derecho por los hombros, atrayéndola sobre su pecho.
Ni tiempo a reaccionar le dio Isabel, de pronto se vio con la boca de ella en sus labios en un beso apasionado que, le dejó totalmente anulado y confuso. Pero... ¿Qué  haces, Isabel? La reprendió, soltándose seguidamente y alejándose de ella lo más que pudo  ¡Soy un hombre casado y además amo a mi mujer sobre todas las cosas!  Gritó más que habló Alberto.
¿Casado...? La voz de Isabel parecía ahora quebrada.
De repente, sin dar tiempo a Alberto ni a decir, "esta boca es mía" Isabel se abalanzó hacia la puerta, la abrió y sin que, Alberto la pudiera retener, salió dando un portazo.
De repente, "algo" estalló en la cabeza de Alberto, como una explosión de imágenes que, le invadieron de repente y confundieron aún más su pobre cerebro, confuso. Nada de lo
que vio dentro de sí mismo, ‘parecía tener sentido, ninguna imagen de Sofí... ¡Todas de Isabel!_
De improviso un repentino dolor en el pecho, dio con sus huesos en el suelo y todo se oscureció en su mente.



                                              (CAPITULO 7)


Alberto despertó con un fuerte dolor de cabeza, no parecía saber dónde estaba. Corrió, No sabía bien por qué, Hacia el espejo del cuarto de baño. ¡Dios!. Exclamó reconociendo a quien, de una manera confusa, le devolvía la misma mirada sorprendida y confusa. ¡Por Dios, creí que, todo lo que se me pasó por la mente se había cumplido y no era yo mismo...! Respiró, aparentemente aliviado, Alberto. "Qué sueño más extraño y sin sentido, me veía a mí mismo, con Isabel, esa chica tan extraña.”Y haciendo el amor” ¡Por Dios santo! ¿Me estoy volviendo majara o qué? Rechazó de inmediato la idea, sacudiendo enérgicamente la cabeza. No, esa mujer, Isabel,  me ha dejado confuso y dando vueltas la cabeza. Tengo que, pensar con lucidez, se lo debo a Sofí. Salió del cuarto de baño, con pasos  aún no muy firmes Alberto. De pronto se acordó de algo  rascándose la cabeza se dijo “¡Caramba, ni sé la hora que es...!” Se miró la muñeca derecha, dónde solía tener su reloj de pulsera, regalo de ¿Sofí? Vuelta a sacudir la cabeza. ¡Claro que sí!, hombre ¿De quién si no? Ya alucinó solo, se enfadó consigo mismo Alberto. Por alguna extraña razón, no tenía el reloj, y eso le extrañó. No solía quitárselo ni para ducharse. Tenía un valor sentimental valiosísimo para él. De repente se fijó en un detalle que no había apreciado antes con la confusión... La puerta de la calle, ¡Estaba abierta! Alberto se quedó mustio, absorto en la contemplación inusual de su pequeño piso, no parecía faltarle nada, salvo el reloj. De repente corrió hacia su cuarto temblando ¡Por favor, no! Se decía, mientas corría y abría la puerta de golpe. ¡Uf, gracias a Dios! No parece que falte nada. Echó un rápido vistazo y vio que, todo estaba tal cual lo dejó al abrirle la puerta a Isabel.

Se sentó en su confortable cama, una cama que, él mismo había elegido por sus graves problemas de espalda. (Amabilidad de Sofí pues, ella era la que, elegía y decidía sobre la decoración de la casa. -Y sobre todo lo demás-) En este punto Alberto. Sonrió sin poder evitarlo ¡Su maravillosa Sofí! Suspiró. Por unos  instantes sus ojos se reflejaron en el espejo del armario empotrado de la habitación, unos ojos... tremendamente azules.
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Isabel, una vez salió dando un portazo, se apoyó en la pared del pasillo y estalló en sollozos. Así estuvo durante algunos minutos. Hasta que, un sonoro golpe (Parecía venir del piso de Andrés o Alberto, no sabía muy bien) La asustó, y de inmediato fue hacia la puerta, ésta, debido al portazo, no se había cerrado bien, con lo cual, Isabel pudo entreabrirla y entrar, tímidamente al principio, y con un asustado grito, después, al ver en el suelo a Alberto. Se lanzó sin pensarlo dos veces sobre él y puso su oreja derecha sobre su pecho ¡Ay!, ¡Dios...! ¡Menos mal, sólo está desmayado...! Aunque, era preocupante pensó; De momento respira y eso es lo importante. Isabel, se inclinó sobre Alberto y depositó un dulce beso en sus labios, los notó tibios y húmedos y le recordaron sucesos agradables del pasado cuando, estaban juntos y felices... ¿Por qué tuviste que desaparecer de esa manera de mi vida? Suspiró amargamente Isabel  ¡Con lo felices que éramos! De repente, sintió como el cuerpo se removía y fijándose en el reloj que portaba, Alberto en su mano derecha, sintió Isabel una punzada, entre dolorosa y satisfecha "Aún conservaba su regalo, el que le hizo ella, en su primer aniversario! Isabel, no se lo pensó dos veces y agarrándole la muñeca, tiró suavemente hacia afuera de la muñeca de Alberto quitándole el reloj a  Alberto. Seguidamente corrió y volvió a salir del piso, esta vez sin dar ningún portazo.

                                            (Capitulo 7)

No sabía por qué pero, sin darse cuenta, Alberto, ese día de domingo por la mañana, bien temprano (Eran la siete y diez) No se le ocurrió mejor idea que, ponerse a andar y sin, aparentemente llevar ninguna dirección. Llevaba un chándal gris, tanto pantalón cómo chaqueta, la chaqueta con una franja azul en los costados, por dentro llevaba una buena camiseta de algodón, dos para ser más exactos. ¡Hacía mucho frio aquella mañana de primeros de Abril! Pensaba Alberto. Mientras se subía la cremallera de la chaqueta y se colocaba bien la braga que llevaba al cuello, de calzado tenía puestas unas deportivas que, parecían tener sus años ya, por lo viejas y arrugadas que, las tenía. ¡Joder!, masculló  Alberto, al mirar sus pies y darse cuenta de ese detalle; ¡Con todas las que tengo, me puse las más viejas! No supo por qué pero, le resultaron conocidas esas zapatillas deportivas...Y hasta se sentía cómodo con ellas, después de todo”. Se tranquilizó Alberto.
No sabía cuánto habría corrido ya, pero, su rostro y su cuerpo estaban sudorosos y su ropa interior la notaba mojada. Temía haberse pasado corriendo, tan pensativo iba que, ni cuenta se había dado de que, hacía rato, había dejado la ciudad atrás. No podía parar de golpe, así que, se puso a andar, llevándose las manos a  los bolsillos, en una valla cercana, se dispuso a hacer estiramientos, no quería lesionarse algún musculo o lastimarse la espalda. Mientras le dio por pensar, en qué buena idea haber dejado el tabaco unos años antes. Aunque también pensó;”Estos días así, es cuanto más los echaba de menos... con ese día tan frío y oscuro, parecía querer llover en cualquier momento.

Se sentía desnudo sin sus cigarrillos... Miró Alberto la amplia avenida que, ya había dejado atrás cómo esperando ver algún bar o estanco abierto. Y bares sí que había sí, bastantes peros, con eso de la ley antitabaco dónde se prohibía fumar, todos los bares, tomaron la decisión de no vender. No les salía rentable  pagar tantos impuestos para tan pocas ventas. Y estancos < aunque hubiera alguno> ni uno solo estaría abierto a esas horas. Volvió a mirar su reloj;”(las 8:10 h.)”¿Qué coño hago yo en la calle a esta hora? Se enfadó consigo mismo Alberto.
De pronto se paró como si le fuesen golpeados en la frente. ¡Por Dios! ¿Qué hacía allí...?
Ni siquiera podía pensar con lucidez a esas horas de la mañana y... ¡Estaba justo enfrente del lugar dónde un loco lo envistió con su coche, saltándose un semáforo en rojo! Alberto no pudo evitar sentir un estremecimiento por todo el cuerpo. <Cinco años ya>desde aquel terrible día dónde perdió a su amada Sofí ¿Perderla? ¿Por qué pensaba ahora en eso?, no estaba muerta, sólo estaba ausente, su mente se negó a aceptar lo sucedido pero, ¿Que más se estaba negando?  Se preguntaba Alberto. Observando  el lugar donde sufrieron ese terrible accidente. Parecía Buscar “algo “aún que, no podía saber qué. De repente sintió como un pinchazo en el pecho y se le doblaron las rodillas, cayendo al suelo, Su mente pareció volverse loca, Viajando a la velocidad de la luz; hasta cinco años atrás... Alberto se veía conduciendo un coche a toda velocidad por la autovía, era de noche, no veía bien la calzada, pese a estar bien iluminada, no sabía por qué, Ah, ¡sí! ahora se vio en el espejo retrovisor... tenía la mente cómo en una nube de humo, no pensaba bien...¿tenía gafas de sol? ¿Quien conducía...? Pero, ¿cómo era posible? ¿Quién era el que conducía su automóvil y lo miraba a través del espejo retrovisor...?
No tuvo tiempo de más, el dolor fue más fuerte esta vez y Alberto, perdió el conocimiento.
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Abrió los ojos, Alberto. Le dolía horrible la cabeza. Por unos segundos, parecía que se iba a volver a desmayar pero, no. Consiguió levantar la cabeza y mirar a su alrededor... Estaba muy confuso. ¿Qué hacía él, en el lugar dónde provocó aquel terrible accidente...? ¿Y dónde estaban los coches? Se sobresaltó al darse cuenta de ese hecho inaudito.   ¡No entiendo nada, por Dios! Balbuceó apenas entre dientes.  ¿Dónde están todos?. Dirigió la mirada confundido hacia el lugar dónde dejó los cuerpos de los dos accidentados, una mujer muy hermosa, (se acordó entonces de aquellos ojos horrorizados verde-azules, con esa expresión de terror al ver a su hombre en aquel estado. Totalmente roto y destrozado. Intenté por todos los medios pararle la hemorragia del cuello, prácticamente tenía el cuello segado “literalmente”. Le taponé con mis manos todo lo que pude pero, murió en mis brazos... Parecía querer convencerse de ello. ¿Alberto?” Me acuerdo también,” Se decía así mismo.  Me entró un miedo horrible y quise huir de allí pero, no pude. El rostro bello de aquella mujer se me instaló en la mente de tal manera que, no tuve valor para irme, dejándolos allí... Decidí que, mi vida iba a cambiar. La mente de ¿Alberto? Giraba vertiginosamente, recordando lo sucedido. Entonces fue que decidí, coger en brazos al hombre y meterlo en mi coche en el lugar del conductor. Mi coche estaba lo suficientemente destrozado como para que, creyeran que, murió en el choque. Una vez dentro, quité el tapón de la gasolina y luego me fui hacia la parte de atrás, abrí el capó y saqué (siempre llevo de repuesto pues, nunca se sabe) Una garrafa de gasolina. La destapé y la fui derramando por todo el interior del coche y sobre el hombre muerto. Por un momento, sentí remordimiento. Se le veía tan joven... me saqué un cigarrillo y lo encendí con mi Dupont de oro (regalo de Isabel) ¿Que será de ella? Se preguntó por un segundo Después, creo recordar que, después de un par de caladas al cigarrillo, tiré el resto del cigarro y con el mechero, prendí mi pañuelo y lo lancé al interior de mi coche. “Total, ya  no me iba a servir de nada, estaba destrozado”
Unos segundos más tarde el coche ardía por los cuatro costados y me fui rápidamente hacia donde había dejado a la mujer hermosa, las sirenas de las ambulancias se acercaban rápidamente. No podía imaginar quien las había llamado pues, allá solo estaban ellos. ”Seguramente algún helicóptero de la policía había dado el aviso y como por allá era imposible aterrizar pues, debían haber avisado para que, vinieran por tierra Pensaba ¿Alberto? Luego quise cogerla en brazos y me dio ese horrible dolor en el pecho que, ya hacía muchos años que no me daba y... Pero, se dijo ”Siempre que, recuperaba el conocimiento se levantaba con cierto dolor de cabeza pero... ¡Se acordaba de todo! Sin embargo esta vez ¡No recuerdo nada! Se lamentó. ¿y ahora qué...? ¿Dónde están todos? ¿Lo habré soñado todo? Se dijo desalentado. No recordaba nada...
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                                               (Capitulo 9)

Un bocinazo lo sacó de sus pensamientos. Seguidamente una voz femenina y que le pareció conocida se dejó oir  ¡Alberto! Se escuchó llamar. Se volvió rápidamente y vio a una chica rubia, de larga melena ondulada y ojos verdes haciéndole señas desde la ventanilla del coche. Un Renault Clío azul, tres puertas. ¡No puede ser, Isabel!  Gritó lleno de alegría. Corriendo seguidamente hacia el coche.
Isabel no esperó a que, llegara. Salió del coche aún aturdida por verle esa expresión de alegría de la cual, se extrañaba, debido a su anterior tropiezo con él.  ¿Alberto? directamente se abrazó a ella y no esperó le dio un sonoro beso en los labios, antes incluso de que, Isabel, pudiera reaccionar y lo apartara de un empujón, al tiempo que le decía, enfadada ¿Tú de que vas? ¿Ayer ni me reconocías y hoy, me abrazas y me besas...?. Le miraba encolerizada ¿Te aclaraste al fin, quien eres, Alberto o Andres?--Isabel lo soltó de un tirón.--¿Pero... que dices Isabel ? ¡claro, que soy Andrés! ¿Quien si no?  La miró altamente sorprendido, Andrés.
Pero...” Casi tartamudeó Isabel.  Ayer me jurabas que eras Alberto y me decías que, estabas casado y todo.  Isabel no salía de su asombro “¿Que pasaba allí?” Se preguntaba angustiada.
Andrés la miraba sin entender, ¿verla? ¡Claro que la vio, ayer!, antes del accidente. Recordaba haberla dejado en la cama, después de una sesión fantástica de sexo. Ella justo se lo pidió, pidiéndole que fuera a comprar una botella de cava, para celebrar sus tres meses juntos. Recordaba, Andrés que, se encontró a un amigo común de los dos, que, después de los saludos de rigor, lo invitó a unas copas. Y entraron en un bar cercano... de lo que ocurrió después, no conseguía recordar nada. Sólo que, se vio en su coche conduciendo directamente, contra otro coche. No sabía pues, de qué le hablaba Isabel. Ni qué le estaba diciendo. La miraba como si le hablara en chino o ruso, no entendía nada...Hoy más que nunca, sus ojos azules destacaban de su rostro pálido y sin color. ¡Isabel!, ¿qué dices, no te entiendo...? Logró balbucear Andrés. ¿Cuándo te he dicho yo eso? Si además ayer, justo quedamos para ir a ese restaurante que es tú favorito Decía cada vez más confuso  Andrés. Por lo demás, hoy tuve un accidente, o anoche, “que ya no sé ni dónde estoy” Sin embargo, parece que todo, lo hubiera soñado... ¡Aquí no hay nada! Gritó aún más confuso si cabe, Andrés.
No te entiendo Andrés.  Dijo Isabel. ¿De qué accidente me hablas? Pues, que yo sepa, aquí, justamente aquí, sólo ha visto un accidente pero, de eso hace ya cinco años. Lo miraba extrañada isabel.  ”Me estas asustando Andrés Lo miró angustiada Isabel.
La verdad es que, el rostro de Andrés asustaba, estaba descompuesto y sus ojos casi se le salían de las orbitas, de tan abiertos que los tenía, tal era su asombro por lo que, le estaba sucediendo en esos momentos. Apenada Isabel. Lo agarró de la mano y tiró de él, para que, entrara en el coche  ¡Ven!, vamos, entra, tenemos que hablar tú y yo pero, no aquí Le empujaba suavemente hasta que, le hizo entrar en el coche. Una vez dentro, Isabel, pasó al otro asiento y se puso ante el volante.
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Vamos a ver, Andrés, te cuento. Le dijo, una vez llegaron al piso de Andrés (Ella le llevó) Menos mal que no se encontraron a ningún vecino Pensaba Isabel. Andrés daba muestras de no conocer nada de aquello, por lo tanto, mucho menos reconocería a los supuestos vecinos suyos. Una vez sentados, frente a frente, en dos sillones idénticos de color marrón, había una mesita pequeña de cristal, en medio de los dos. Isabel dio un pequeño repaso al piso (El día anterior ni se dio cuenta de nada, de lo excitada que estaba). Justo enfrente de ella, quedaba un televisor de última tecnología de lo menos cincuenta pulgadas” Se veía que, a Andrés le gustaba, o bien el cine o le encantaba la playa, pues,  también la vio, justo debajo del televisor, junto con un montón de juegos.
El televisor se mantenía  encima de un modulo “tipo bufet”, tenía otro modulo a juego, a modo de estantería, con algunas plantas y marcos con algunas fotos de una chica de ojos verde-azules y en casi todas ellas, con un perro de raza caniche. De Andrés, nada, ni una sola imagen...justo detrás del televisor, una pared separaba, la habitación de matrimonio. Se imaginó Isabel pues, desde allí, se veía parte del ventanal, muy amplio y luminoso. (Habitualmente las habitaciones individuales, suelen ser pequeñas y con poca ventilación).Suspiró Isabel. Todo se veía tan frio, no pareciera que allí, hubiera visto jamás una mano de mujer. ¡Habla, dime que pasó, Andrés! Andrés la miró como ausente, parecía que estuviese borracho. Cómo la misma noche que tuviera el accidente.

                                 (Capitulo 10)

¡Doctora, doctora! Antonia al verse aludida se volvió sorprendida” estaba a punto de acabar de ver a su último paciente, tenía ganas de acabar ese día, e irse a su casa a descansar pensaba mientras caminaba hacia quien la llamaba con tanta urgencia. ¿Qué sucede Ana? Preguntó cansada, pero amable. Temía que no fuera más que, otra falsa alarma. ¡Doctora, tiene que venir conmigo!, la señora Sofí...” Sofía” Repitió agitada.  ¡Está como loca, nunca la había visto así, ni siquiera cuando le dieron los ataques del principio! Decía Ana, terriblemente afectada. Antonia se extrañó al escucharla, hacía mucho tiempo que, Sofí, no tenía un ataque. Y eso la extrañaba bastante. ¿Qué habría sucedido para que, de repente le volvieran sin más?-- Se preguntaba Antonia.”Por cierto, pensaba. ¿Dónde estaría Alberto? que, por primera vez en cinco años no había venido a visitar a Sofí. Esto sí, que la extrañó y la alarmó, Alberto no había faltado ni cuando enfermó de aquella neumonía que casi se lo lleva. Venía con fiebre altísima, se conformaba con verla desde la cristalera que, daba al “salom” del cine pues, con esa fiebre no se le dejaba acercar a ella ni a ningún otro paciente. Casi sin darse cuenta, Antonia había seguido a su enfermera pasillo adelante y ya estaban frente a la puerta de la habitación de Sofí. Aunque, ya hacía rato habían cesado sus gritos, gracias a un oportuno calmante que, le había suministrado, su compañero, doctor y amigo. Fernando. Fernando al verla sonrió, y al hacerlo  se dejaron ver unos dientes blanquísimos en una sonrisa perfecta. Era a pesar de sus años, un hombre de unos 47 o 48 años pero que, no dejaba de aparentar la treintena si acaso, debido a sus evidentes esfuerzos atléticos, que, él no dudaba en mostrar con dos botones menos en  su bata de trabajo sin cerrar y mostrando su velludo pecho.
¡Antonia!, exclamó ¿Aún estas aquí...pensaba que, quizás ya habías marchado? No tuve tiempo de hacerlo, sonrió forzada Antonia.  Me pillasteis antes Sonrió, esta vez divertida.
Fernando volvió a mostrarle su mejor sonrisa.”Se notaba que, sabía como hacerlo” ¡Ven, Antonia! la agarró con confianza por el brazo. Y la llevó ante Sofí. Esta estaba cómo ausente, “nada raro en ella, llevaba cinco años así” Sólo que, cuando Antonia se fijó en sus ojos, vio algo que, nunca había visto antes en Sofí  Tenía lagrimas en sus ojos azul verdosos! ¡Sofí...!Musitó emocionada  Antonia. No se sorprendió ya cuando, sin apenas girar la cabeza; Sofí, posaba sus ojos azul verdosos en ella ¡La estaba mirando a ella, a Antonia! directamente a los ojos y con una dulzura más propia de quién te conoce y sabe cuánto has hecho por ella. Sofí, no habló ni dijo nada, sólo observaba a Antonia, parecía... ¿cómo si le preguntara algo pero, el qué...?
¡Claro!, se dijo mentalmente Antonia. ”Alberto..”. ¿Quiere saber... por qué, no ha venido Alberto? Antonia no pudo evitarlo, se abrazó a Sofí, con una emoción inmensa. No podía evitar sentir un cariño inmenso por aquella mujer que, por un fatal destino de la vida, fue a parar a su clínica privada en un estado completamente vegetal. Nadie pudo dar con la verdadera razón aún. Quizás haya llegado el momento de averiguarlo. Se dijo para sí, mientras la abrazaba.


                                                        (Capitulo 11)
No me importa lo que hayas hecho hasta ahora, Andrés. Decía Isabel, mirándole fijamente a los ojos, sentada frente a él. Pero, por favor. ¡No me mientas, no lo soportaría!  Andrés no decía nada, se mantenía absorto con las manos tapándose la cara. Aún no podía hacerse a la idea de que, hubiese perdido cinco años de su vida. ¡Cinco años en blanco...! Le estaba costando entender y hacerse a la idea. Mientras escuchaba a Isabel hablar y explicándole que, según todos los cálculos, aquel accidente pasó... ¡Hacía cinco años! Se quitó las manos de la cara e Isabel pudo ver al fin, esa mirada tremendamente azul y dolorosa, perdida en los confines de la memoria. Quizás esperando encontrar en ella, algo más que...humo. ¿Cómo quieres que te mienta si ni siquiera sé dónde estoy? Contestó al fin Andrés. Mirando a un punto inexacto de la habitación, sin mirar realmente a nada.
Isabel lo miraba intrigada y sin saber que pensar, ¿la estaría mintiendo? ¿O de verdad no sabía ni dónde estaba ? ¡Ven, Andrés! Se le ocurrió algo de repente a Isabel Y tiró de él, hacia las habitaciones, justo hacía la habitación de matrimonio. Isabel la miró con rencor y celosa.
Andrés sólo se dejaba llevar sin  oponer la menor resistencia, parecía haber perdido toda la fuerza de voluntad y era sólo una marioneta en manos de Isabel... ¡Siéntate! Ordenaba, mientras siguiendo a su voz, le empujaba hacía la cama. Andrés la miró raro  ¡No, amigo ni te pienses por un momento que te voy a echar un polvo! soltó una risa nerviosa Isabel Y se puso a remenear todo los cajones y puertas que encontró. Lo primero, el armario, uno grande (ocupaba toda la pared) Lo abrió de par en par y vació todos los cajones, esperando poder encontrar alguna cosa que ayudara a Andrés a averiguar qué hizo todos estos años. ¡Nada! suspiró defraudada mirando a Andrés, de pronto vio cómo una sombra alargada debajo de la cama dónde estaba sentado Andrés Saltó como una felina, y se arrodilló delante de Andrés. El pobre Andrés hasta se sobresaltó del susto. La sombra alargada no era otra cosa que, la caja dónde él guardaba todas aquellas fotografías de Alberto, las que Andrés sin saberlo, guardaba debajo de la cama y que contenía unas fotos que, en cuanto Isabel las vio, supo enseguida, el por qué, Andrés no quería que nadie encontrara. ¡En todas ellas salía una mujer guapísima con un hombre también guapísimo! y que, por casualidades de la vida, tenía un parecido increíble con Andrés. ¿Casualidades? Isabel empezaba a pensar que no, cinco años son muchos años ¿con amnesia?
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¡No me lo puedo creer!  Sofí, por fin un brillo en tus ojos, algo de vida en ellos, después de tantos años... No podía evitar Antonia decirlo en voz alta, mientras le salía de sus pensamientos.
¡Es maravilloso! Decía mientras pensaba en que le hubiera gustado tener ahora mismo a Alberto allí. ”Pobre hombre “Se decía para sí,  ¿Qué le habrá pasado? No podía esconder su preocupación. Sintió una mano en su hombro que, llamaba su atención y se giró para ver  quién era. Era Fernando con su sonrisa amable y servicial. Creo, Antonia que, deberíamos dejar descansar a Sofí. Mientras lo decía agarraba por el brazo a Sofí y la llevaba hacia su cama, dónde una vez quitada las zapatillas, la acostó. Sofí se dejó hacer, como una niña de tres añitos a la que su papa, cuenta un cuento para ir a dormir. Fernando la miró casi con lastima, no sabía por qué pero, siempre le causó mucha ternura Sofía  y sintió desde un principio, mucha antipatía por Alberto. Sacudió la cabeza queriéndose quitar tales pensamientos Fernando.
Bueno Dijo Antonia ¿Alguien quiere explicarme que pasó aquí ? Miró a Fernando Este sonrió y fue directamente hacia la mesita de noche, pegada a la parte izquierda de la cama de Sofí. Fernando agarró lo que parecía un pequeño sobre, blanco y con unos bordes, como si fuesen hilos dorados y se la pasó a Antonia. Esta lo miró interrogante. No sabía a qué venía eso, ¿para qué quería ella un sobre? Lo agarró por inercia y se lo quedó entre los dedos sin saber qué hacer. ¡No te quedes ahí parada mujer, saca la nota y léela por Dios! Saltó nervioso Fernando. Perdiendo la flema a la que estaba habituado. La tenía entre sus dedos Siguió hablando Fernando Cuando al gritar, entró la enfermera y se la encontró con esa nota en la mano Terminó de hablar Fernando.
Antonia metió los dedos en el pequeño sobre y sacó un pequeño trozo de papel, dónde bien claramente ponía  en letras bien delineadas y perfectas “Despierta mi amor regresé a por tú “
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                                                       (Capitulo 12)

¡Está bien, Isabel Ya basta!, no tengo bastante con no recordar que, encima me sigas atosigando.  Andrés estaba enfadado eso se notaba, parecía que por fin, se había recuperado y volvía a ser tal y cómo ella recordaba. Fuerte y decidido, así lo recordaba Isabel. Está bien Musitó suave Isabel. Sólo intentaba ayudarte, mira ven, le dijo enseñándole la caja que había encontrado debajo de la cama.   ¡obsérvalas y dime si recuerdas alguna cosa! _Andrés bajó la cabeza y miró aquella caja que, pese a que, era suya (eso pensaba Isabel) _Andrés no la recordaba, tampoco reconoció a las dos personas que, aparecían en la foto, por supuesto, al perro, mucho menos...
¡Imposible, no los conozco de nada, o al menos, no me acuerdo...!  Saltó nervioso e irritado Andrés. Isabel se sobresaltó cuando escuchó el teléfono de Andrés. Levantó la mirada para observar a  Andrés cómo preguntándole ¿Por qué no contestas? _Andrés se encogió de hombros mientras decía... Y a quien sea... ¿qué le digo?  Seguro es ya qué, ni le reconoceré _Se mostró ahora abatido.
”Pero... Yo no me puedo poner Andrés, ¿no sabemos quién es?. Tienes que cogerlo tú, pregunta y dile lo que se te ocurra, si no, sospecharán y vendrá alguien  a ver qué ocurre con Alberto. Tenemos mucho por averiguar y no podemos llamar la atención, por lo menos hasta saber quiénes son estas personas y qué significan en tu vida o significaron...  El teléfono no dejaba de sonar con insistencia así que, finalmente Andrés se decidió y preguntó ¿Quien es...dígame ?  Al otro lado se escuchó una voz agitada y nerviosa   ¡Alberto, cielo santo, por fin contestas!  ¡Soy Antonia!
¿Estás bien Alberto? ¿Qué pasó por qué no has venido? ¿Dime habla, por qué te callas...? Las preguntas parecían disparos de ametralladora para el pobre Andrés que no sabía cómo capearlas.”No tenía ni idea de quién era Antonia ni de qué leches le hablaba” ¿que podía contestarle ? ¡Hola, sí...es que...ya sabes el trabajo...ejem!  No le salía nada, Andrés miraba desolado hacia Isabel, cómo esperando alguna ayuda que, no parecía llegar... ¡Alberto, deja que te hable por favor... tengo una gran noticia para ti!  continuaba hablando Antonia _ ¡Sofía! ¡Tú Sofí, Alberto...! La emoción parecía no dejarla acabar, su voz se truncaba por la emoción y finalmente llorando, por fin se lo dijo.  Alberto, Sofía... ¡Despertó!  Fue casi un grito que, hasta Andrés tuvo que sacar molesto, la oreja del auricular del teléfono del grito que dio, Antonia. No entendía nada.  ¿Sofía? ¿Qué Sofía? ¿Y qué hacía ella dormida o que hacía ahora despierta? Ya, vale... Logró apenas balbucear Andrés. Antonia parecía tan contenta y nerviosa que, ni cuenta se daba de la actitud de quien, para ella, era Alberto. ¡Tienes que venir ya! ella está un poco confundida aún pero, supongo que lo que querrá es verte. Continuó diciéndole Antonia.
Vale, vale, sí...bueno uf, es qué estoy muy liado ahora... Dijo sin saber cómo salir de aquello que se le venía encima cómo un muro de piedra. ¡Dile que sí!  Le susurró al oído Isabel Tenemos que ganar tiempo.
¡De acuerdo Antonia... !sí, voy para allá en cuanto entregue en la oficina unos documentos importantes.  Andrés dijo lo primero que le vino a la cabeza   ¿Qué dices de oficina Alberto? ¿Desde cuándo trabajas tú en una oficina ? Preguntaba intrigada y sorprendida Antonia.
Rápidamente Andrés colgó el teléfono. No sabía que mas hacer, ¿qué decirle ? Miró desesperado a Isabel y esta, le devolvió una sonrisa tímida, cómo diciendo... ¿qué quieres que te diga?.
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Antonia al otro lado del teléfono, se quedó pensativa... ¿Qué raro he notado a Alberto?
En fin, suspiró, Mañana será otro día, me voy a casa. Echó un vistazo al “salón”, estaba vacío, todos estaban ya durmiendo, salvo el personal de noche que, les tocaba guardia. Salió silenciosa. Estaba demasiado cansada para fijarse que, alguien, desde un coche negro, aparcado en doble fila. Se disponía a seguirla.

                                                          (Persecución)

No fue hasta que entró en el automóvil que lo vio, le pareció raro ver un coche negro aparcado en doble fila frente a la clínica. Además no le parecía conocido. Colocaba los espejos retrovisores Antonia, esperando tener mayor visibilidad y ver si reconocía al supuesto conductor del coche negro. Más no le fue posible, los cristales eran de esos tintados en negro y no se podía ver el interior.
Arrancó el auto,  Antonia. Aunque no muy convencida. Se rebuscó en el bolso, buscando el móvil, al final lo encontró y marcó un numero, un sólo numero. El de Marcelo, su marido. Después de sonar unos segundos, se escuchó una voz, harto conocida para ella  ”Sí, ¿quién es? Preguntó Marcelo.
¡cielo, soy yo! ¿Es que no miras el número antes de descolgar el teléfono?
Pues... La verdad es que no, chatina,  se rió Marcelo. Ya sabes tú que soy un desastre para estas cosas... Se quejó, sonriendo para sí,  Marcelo.
¡Desastre no, un dejado, eso es lo que eres y un día te llevaras un disgusto!  ”un, cielos acordó de pronto Antonia de que, llamaba a Marcelo por “algo” y no para darle bronca. _ ¡Escúchame y no me interrumpas amor! Voy para casa, no tardaré mucho pero, estoy preocupada... no sé por qué ni quien es pero, me están siguiendo... Al otro lado del teléfono Marcelo escuchaba preocupado pero, sin interrumpir.  Quiero que estés atento a mi llegada amor.  Proseguía hablando Antonia, realmente preocupada  Si ves que tardo más de 30 minutos, no dudes... ¡Avisa a la policía y corre a buscarme ! Seguramente será una tontería mía pero... Prefiero prevenirte.

Antonia, mientras hablaba no dejaba de observar los movimientos del coche persecutor que, ciertamente, seguía todos sus movimientos a pocos metros de ella, parecía que, el que lo conducía, no parecía importarle que supiese que la seguía...
¡No se te ocurra hacer ninguna tontería cielo!  Gritaba desde el otro lado Marcelo.
No, tranquilo cariño que no soy ninguna heroína. Tranquilizó Antonia a Marcelo. ¿díme amor, sigues la ruta de siempre, no cambiaste verdad ? Preguntó preocupado.
_ ¡Sí, amor la misma de siempre y a toda leche!  No voy a parar ni a echar gasolina, tengo Justo para llegar a casa, esta mañana no quise echar por desgana y fíjate que show ahora, no puedo (ni quiero)  Decía sarcástica Antonia.  Con un miedo que, los pies le temblaban al pisar el pedal del acelerador.
¡Ni se te ocurra te! voy a seguir tu misma ruta pero al revés, nos encontraremos, sobre seguro por la calle San Ramón. ¿Ahora deberías estar entrando a la autovía, cierto amor?
”Sí, cielo, justo acabo de coger el desvió que me lleva a ella   ¡Y este sigue detrás mío! ¡Amor! , Gritó ¡ya no hay duda... me están siguiendo!  Gritó, al ver al coche negro coger el mismo desvió. A través del teléfono Antonia. ¡Cielo!  Gritó a través del auricular del teléfono. Marcelo. Ya  estoy en el coche y voy en tu busca, sigue ¡y no pares por el amor de Dios...! decía con una angustia que ya no podía esconder, Marcelo.
De pronto a Marcelo le pareció escuchar un rechinar de frenos y cristales rotos y... La voz de Antonia en un grito de desesperación. Después... se cortó todo sonido como si, Antonia, hubiera apagado el móvil...

Mientras Antonia, intentaba dominar el coche y al hacerlo, no tuvo otra opción que tirar el móvil al  asiento del copiloto y centrarse en la conducción. El golpe fue terrible, su persecutor la había embestido, de repente, sin que ella hubiera podido reaccionar, Dándole un golpe por el lado izquierdo de su coche. Antonia mientras hablaba, se distrajo los segundos suficientes para que, quien la perseguía se acercara y la embistiera, dándole con su parte delantera derecha. Antonia al estar desprevenida, no tuvo otra opción que agarrar el volante con las dos manos, intentando dominar su automóvil pero, ya fue tarde, el coche se salió de la autovía, justo cuando pasaban por encima del puente...Y voló al menos veinte metros antes de parar e irse al fondo.
Un coche negro paró al lado de la barandilla rota por el impacto y de él se bajó un hombre. Llevaba gafas de sol y vestía todo de negro. ¿Sin duda la mejor manera de no llamar la atención?

                                            Capitulo 13

No podía perder tiempo, el hombre de negro, miró hacia abajo y contempló durante unos segundos cómo el auto de Antonia, se hundía en el rio. No parecía muy profundo así que, se dijo para sí” ¡Mierda, tendré que bajar a ver y comprobar si está muerta!”Se dijo para sí.
No pudo ser, cuando se disponía a bajar por un sendero detrás del puente, escuchó un chirriar de frenos y al levantar la vista, vio un 4x4 que frenaba de golpe a pocos metros de él. Al ver la baranda del puente rota y paraba en seco, produciendo ese chirriar de frenos que, el hombre de negro había escuchado: No podía perder tiempo así que, se metió de un salto al coche y salió pitando en dirección contraria al 4x4, perdiéndose de vista en la siguiente curva, sin mirar atrás.
Marcelo Pues él, era, no perdió el tiempo mirando quien era aquel   hombre de negro que, huía al verlo llegar, en aquel coche velozmente, la angustia y el miedo por Antonia, le corrían más prisa. Así que, salió corriendo para abajo sin mirar mucho por dónde lo hacía. Quitándose parte de la ropa mientras corría... Al llegar a la orilla del rio no se lo pensó dos veces, de dos  sacudidas se quitó los zapatos y se lanzó de cabeza al agua,”no podía perder más tiempo,” pensaba, mientras buceaba debajo del agua buscando el coche y algún signo de vida dentro...

Nada más llegar al coche se dio cuenta de que, Antonia miraba angustiada por la ventanilla mientras la golpeaba fuertemente con los puños, dejándose llevar por el miedo _Marcelo no podía perder ni un segundo y no lo hizo... Se fue directamente al cristal de la ventanilla y empezó a golpearlo con las dos manos, los puños, los codos... inútil, no había manera.... Intentó tranquilizarse y pensar en lo que había leído sobre el tema ”No se puede salir de un coche que se está hundiendo hasta que éste esté completamente inundado, entonces sí, se podrá abrir las puertas “Le vino todo a la cabeza cómo un flux, así que, tenía que intentar tranquilizar a Antonia para que, reservara fuerzas y oxigeno (que le iban a hacer falta)
Marcelo recordó cuando en casa jugaban a adivinar pelis con los chiquillos y decidió hacerlo igual. Fue fácil, Antonia lo adivinó en seguida (era siempre la mejor en eso)
Así que, se quedó quieta y mirando a Marcelo con mucho miedo en sus ojos y resignación (no quedaba otra que esperar). Puso las palmas de sus manos en el cristal de la ventanilla, Marcelo hizo lo mismo, para inspirarle tranquilidad. No mucho rato, pues, tenía que salir fuera a cada rato para llenarse los pulmones y volver a bajar. “Gracias a Dios, no estaba muy profundo “pensaba aliviado.
Por fin, los doce minutos que tardó en llenarse el coche, le parecieron eternos a los dos.
Marcelo pudo abrir la puerta y tras abrazarse un segundo, salieron seguidamente de allí.
Al llegar fuera se dieron cuenta de que, alguien había llamado a los servicios de urgencias y ya estaban allí en la misma orilla esperándolos. Rápidamente le pusieron una mascarilla de oxigeno a Antonia y a ambos los taparon con sendas mantas, hacía mucho frio y ya había anochecido. Todo eran luces a su alrededor.
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Estaban ya frente a la Clínica. Andrés miró a Isabel, ella había decidido finalmente  acompañarle. (Diría que era una compañera  y amiga del trabajo) ¡Ejem...! Carraspeó Andrés, mirando nervioso a Isabel ¿y ahora qué ? ¡Pues, qué va a ser, hombre, pues, entrar, claro! Y decidida se fue hacia adelante sin esperar a Andrés. Andrés tuvo que correr para alcanzarla. Había gente por el jardín, aunque claro, Andrés, no conocía “o reconocía a nadie” su mente seguía siendo un “caos” nada le cuadraba.¿ cómo era posible que, pudiera haber vivido cinco largos años “creyéndose” otro ?Pero es qué ese tal Alberto ( o Sofía )¿ no tenían familiares, padres o hermanos o incluso, amigos...?¿ Qué  ha sido de ellos ?¿ dónde paran y por qué nadie se preocupó de Sofía ? ¡Para volverse loco! Pensó desesperado Andrés. Después de pasarse toda la noche, junto con Isabel. Removiendo papeles, fotos y demás documentación, su mente aún estaba más confusa que, al principio...
Por fin llegaron a la puerta (nadie los paró ni preguntó) cosa que, a Andrés le vino muy bien pues, no hubiera sabido qué contestar. Al llegar a la puerta, Andrés respiró hondo y llamó.
¡Alberto! Una chica vestida de enfermera, morena y de ojos grises, enseguida se le acercó y le dio un par de besos en las mejillas, después se quedó mirando a Isabel de un modo interrogante.-¡Ejem! Perdona, ¿Está Antonia? Preguntó directo y sin dejarse intimidar por la mirada y el gesto de asombro que, le dirigía la enfermera.
¡Eh...ah, no, no! Ella no está. Balbuceó muy sorprendida del cambio de actitud del que, ella, creía Alberto. Es qué, verás... ayer tuvo un pequeño accidente  Continuó la enfermera muy confusa (y molesta) ¿Accidente?  Preguntó Andrés, sin poder. , evitar alegrarse. ”Vaya, por fin algo que me sale bien, después de todo “pensó, sin poder evitarlo.”Ahora al menos, tendré unos días más para poder pensar en todo lo que, me está ocurriendo” ¡Alberto! Alguien gritó  a sus espaldas, Dando Andrés un salto del susto.”Esa voz, sin que le resultara conocida, el  tono y el modo de pronunciar su nombre, le hizo sentir un estremecimiento por todo el cuerpo. Se volvió, sabiendo, ¿no sabía cómo? pero, seguro de lo que, se iba a encontrar.
Andrés no la conocía pero...Alberto sí, “algo” extraño se le revolvió por dentro cuando al girarse vio a Sofía que, con una inmensa alegría y sorpresa, corría directamente hacia él. Sofía se lanzó a sus brazos, sus ojos estaban anegados en lágrimas de felicidad, sus labios no dudaron a la hora de llenarle el rostro y su boca de besos. Andrés, no sabía qué hacer, sólo sentía el abrazo y los besos de Sofía cómo algo conocido pero, qué sus ojos al contemplarla, no reconocían. Sin darse cuenta, respondió al abrazo, aunque, no con mucho interés.
Isabel, estaba que trinaba. Sus ojos parecían dos llamaradas a punto de provocar un incendio, los celos arremetieron duramente en su mente aunque...no hizo nada, se quedó expectante, nerviosa y sin saber que hacer o decir así que, decidió esperar a que, Andrés reaccionara, tal y cómo habían planeado.
¡Sofía, tenemos que hablar! Sofí, se sorprendió al escuchar su nombre en boca de quién ella creía era, Alberto.”Nunca la llamaba así” ¿Por qué me hablas así, Alberto, de esa manera tan fría? ¿Estás enfadado conmigo, por lo del coche...? Lo miraba directa a los ojos, cómo queriendo taladrarle y leerle el pensamiento. ¿Qué dices, Sofía...? Andrés preguntó muy sorprendido.” De qué le estaba hablando, ¿de cinco años atrás? Pero... ¿cómo era posible?
Sí, Alberto. Siguió hablando compungida Sofía. Te puse demasiado nervioso con mis bromas, perdóname cielo...no imaginé que mis bromas te iban a poner tan nervioso cómo para perder de vista a la carretera y caernos por aquella pendiente... Balbuceó débilmente Sofía.
“No puede ser, Pensaba Andrés. ”ella no se acuerda de cómo fue el accidente ni de que, fui yo,  el que los sacó de la calzada al ir perdidamente borracho  perdiendo el control de mí coche.”
Sofía parecía no darse cuenta de nada, ni siquiera miró a Isabel ni un instante, para ella sólo existía aquel hombre al que, ella, llamaba, Alberto.  No esperó a qué Andrés siguiera hablando, lo agarró del brazo decididamente y se lo llevó a su habitación, ignorando a Isabel que, los seguía a dos pasos por detrás y sin entender nada. Los ojos de Isabel parecían dos brasas de encendida que estaban.
Ven, cariño, siéntate aquí a mí lado. Le hacía un gesto con la mano, señalando la cama.
Pero, Andrés-Alberto. No estaba dispuesto a que Sofía notara su nerviosismo más de lo que ya habría notado, así que, tomó asiento en un puf, cercano a Sofía, mientras le decía.  Tengo que decirte algo, Sofía... Se calló de repente Andrés, pensando; “Bueno y ahora cómo leches le digo que no soy Alberto y que no tengo explicación plausible para poder explicarle lo que pasó”
Sé que no eres Alberto.  Soltó de golpe mirándole a los ojos, Sofía. Sólo estaba fingiendo para evitar que, esa mujer que hay fuera y que, tú crees tú amiga, piense que, sigo con amnesia.
Los ojos de Sofía habían cambiado, le miraba con una frialdad... y hasta parecía, con desprecio.
Tú no sabes muchas cosas, prosiguió Sofía.  Yo tampoco las sabía hasta que, “alguien”, vino a visitarme la otra noche y me inyectó algo, no sé lo que fue pero, al día siguiente desperté. Tenía la mente muy confusa y apenas recordaba nada. Sólo una imagen me venía constantemente a la cabeza... ¡Tú, rostro!.  Aquí miraba a Andrés con un odio mal disimulado. Andrés la miraba, sin saber que hacer o decir, para él, todo aquello se salía de toda lógica... ¿Qué es lo que hizo él, para que lo mirara con tanto odio...?
Ese día lo pasé muy confusa todo el día, ni Fernando ni Antonia lograron que les dijera nada.
Son buena gente y excelentes profesionales, no quería involucrarlos en esto. Hizo una pausa Sofía mientras iba hacia la ventana. André la seguía con la mirada sin osar interrumpirla. “Quería saberlo todo y para eso, debía dejarla acabar”.
Se giró a mirarle Sofía. Han sido cinco años... Murmuró cinco años, vacíos... he perdido a Alberto, el amor de mi vida y también...cinco años de mi vida.   ¿Y todo eso para qué? ¿O por qué ? ¿Dime una cosa, hace mucho tiempo que conoces a esa mujer que está ahí fuera?
Andrés se quedó mudo de asombro. ¿Y qué tenía que ver Isabel en todo aquello?
Antes de que contestara, Sofía continuó hablando.   ¿Cuanto antes del accidente ? ¿Dos meses? ¿Tres...?. Andrés se esforzó en acordarse intentando serenar su mente. ” ¡Cielos, era cierto, apenas fueron tres meses antes de aquello!”¿Pero... qué significaba?” Era cierto qué, aquel día, al salir del trabajo “Una inmobiliaria” dónde él se intentaba ganar la vida y... ¡Por dios, la Inmobiliaria! Ahora recuerdo... ¿qué habrá sido de ella? La mente de Andrés ahora trabajaba a todo gas, por su mente pasaron cómo una exhalación todos estos años atrás, antes del accidente, esos años que, también parecía haber olvidado. Ese día, al salir del trabajo tropezó. “¿Tropezó?”
Ya no lo tenía tan seguro Andrés. Isabel, iba cargada de bolsas y al salir él, sin mirar y con prisas, no se fijó que, al cerrar las persianas de su negocio, ella, estaba justo detrás. Por consiguiente el “tropezón” estaba casi, cantado. Isabel, y las bolsas se fueron al suelo. _Ahora le venía a la mente a Andrés que, para tantas bolsas, no parecía haber dentro mucho contenido.
Claro que, en esos instantes, sólo tenía ojos para ella, qué además, lo miraba divertida.
Se acordaba Andrés que, tras una disculpa un poco atolondrada, la invitó a tomar un refresco o copa, en el bar que tenían justo enfrente, tampoco le extraño que, ella aceptara. (Faltaría más)
Lo demás vino rodado, quedaron para los próximos días y así, sucesivamente hasta enamorarse mutuamente. “Nada raro” Pensaba Andrés.
¡Espera, no me contestes aún! Dijo Sofía, mientras iba hacia la puerta y se ponía un dedo en los labios, pidiéndole silencio. Se asomó cuidadosamente y miró hacia fuera, no vio a Isabel en los pasillos y respiró tranquila. Creo que ha marchado, miró de soslayo hacia Andrés, esperando quizás una reacción o animo de levantarse a buscar a Isabel. Pero, Andrés no se levantó, tenía los hombros hundidos y la cabeza baja y apoyada en sus manos, parecía haber perdido todas las fuerzas, se le notaba hundido.
En la habitación de al lado, un paciente se sorprendía de ver a una enfermera nueva muy guapa pero, a la que no conocía. Esta le hacía señas con el dedo índice en los labios para  que, guardara silencio. El paciente sonrió complacido, la enfermera nueva venía a jugar con él.

                                                        CAPÍTULO 14

Antonia estaba ante la pantalla del ordenador. Desde el intento de asesinato que sufrió, no había dejado de darle vueltas al asunto. No le cabía en la cabeza que, nadie hubiera intentado matarla.
Por supuesto, estuvo horas y horas, dándole vueltas a todo lo ocurrido esos días posteriores al intento frustrado de su muerte. Y después de mucho pensar, llegó a la conclusión que, no podía venir de su pasado. “ella jamás hizo daño a nadie”. Por lo tanto, debía de ser algo de lo que hizo o escuchó estos días pasados. Llegó a la firme convicción de que, esto tenía algo que ver con la “vuelta a la vida de Sofía” y su, “supuesta” visita la otra noche. Así que, estaba delante del ordenador para averiguarlo. Quería saber “todo” sobre esa extraña pareja que, un día y sin venir a cuento, aparecieron por allí, dejando ingresada a Sofía. ¿La única explicación? Qué no la había...
Antonia estaba ahora decidida a averiguar qué fue lo que realmente pasó, cinco años atrás.
Quizás fuera por que; “presentía que le iba la vida en ello”.

Decidida a averiguarlo, se metió en Internet. Primero probó con los nombres de ambos, nada, no salía nada, apenas algún dato sobre sus redes sociales. El último dato, databa de cinco años atrás. Eso aún la inquietó más. “Alberto Morales Zafra” Su última anotación en su FB. Tenía fecha del: 8/04/2006. (Casi seis años atrás)Y era una breve anotación muy simple, en forma de aviso; “Estaré unos días fuera, en cuanto vuelva os contesto, gracias.”En casi seis años, nada más... ¡Inaudito! ¿Qué pasó con Alberto, durante estos casi seis años? ¿Y por qué no volvió  a contestar los correos que recibiera en esos días? Tenía cientos de ellos, de distintas partes del mundo. Y todos preocupados por él. Antonia quiso entrar a su perfil para ver sus imágenes pero, no hubo forma, al menos, ella no sabía cómo hacerlo. En su perfil, tan sólo una imagen de una Rosa Roja, muy hermosa. Tuvo una idea y tecleó sobre un nombre de mujer que, se repetía mucho “Mala vida”. Sabía que era mujer pues sus, comentarios siempre eran lo mismo. “Tu amiga que te quiere mucho”. Al teclear en su nombre la llevó a un perfil, dónde, cómo debía haber supuesto, al no ser su amiga, no podía ver más que, una muy corta biografía. Le tocaba tener paciencia, así que, le mandó una invitación para agregarla cómo amiga. ¡Necesitaba saber!

                                             El hombre de negro
¡Fallaste! Rechinaron los dientes, de aquel tipo que estaba frente a nuestro hombre de negro.
Que, lo miraba sin decir nada, sus ojos, escondidos tras aquellas gafas de sol, era imposible saber si  tenía algún atisbo de interés ante las palabras de su interlocutor.
¡Por segunda vez, has vuelto a fallar! ¡Eres un inútil! Sentenció, escupiendo las últimas palabras. Ahora sí, después de escuchar tal palabra despreciativa cómo de insulto, reaccionó.
De la manera más impensada, se echó a reír. Una risa fuerte, tirando a exagerada, ofendía escucharla. De repente, calló al mismo tiempo que, sacando un cuchillo de la parte de atrás de su cinturón, se iba hacia adelante muy rápido y se lo ponía justamente en el ojo derecho, del fulano.
Mientras le decía, arrastrando cada palabra. Si no fueses mi hermano te dejaba tuerto de un ojo ahora mismo. ¡No puedes hablarme así!, sigo diciéndote lo mismo que, hace más de cinco años. No fallé. No salieron las cosas cómo tú deseabas pero, no fallé. Has estado muy tranquilo todos estos años y has hecho, con el negocio y el dinero de Sofía, cuanto has querido. Ahora sí, ha llegado el momento de acabar con ella y con todos los que se interpongan en medio... Antes de acabar sintió cómo se clavaba en su huevo izquierdo la punta de un abre cartas muy afilado y la voz ronca del fulano diciéndole. Si no fueras tan cretino y a la vez mi hermano, te hubiera dejado ya sin huevos. ¡Imbécil!. Al oírle,”el hombre de las gafas de sol”  no pudo por menos que sentir un escalofrió en las partes “bajas”. ¡Eres un imbécil! Prosiguió insultándole el tipo. Y sigues siendo muy confiado, mientras me hablabas te he podido, cortar los huevos, diez veces, ¡maricón! ¡Qué no quieres escarmentar y un día lo vas a pagar con tu vida miserable...!
El “hombre de las gafas de sol” estaba pálido y amarillo. Sí, era un maldito imbécil, pensó para sí.
Luego los dos terminaron riendo y abrazándose (eran tal para cual).