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martes, 29 de mayo de 2012

“Soy un asesino… sin serie (Capítulo 10)

                            (Gabriel tiene que morir)




“No puedo permitirlo, este no volverá a matar si yo puedo evitarlo”. Estos eran los pensamientos del bueno del teniente Matías. La rabia que sentía desde el conocimiento de la muerte de Rose, no lo dejaba descansar. Su cerebro era un caos de rabia e impotencia. Mientras se trasladaba en el coche patrulla hacia el pequeño apartamento de su buena amiga y compañera Rose, su rabia no lo dejaba pensar en otra cosa. “Gabriel, tenía que morir. No había conseguido, y ya iba para casi un año,  desde que se hiciera  cargo del caso y apenas todo eran sombras y pistas falsas, nadie parecía haber visto ni oído nada, esto era increíble, pero, él sabía que no podía ser otro que él, Gabriel. De siempre, desde que lo conoció (y hacía años) lo encontró una persona rara, poco dada a tener amigos, muy solitario. Siempre se lo encontraba solo, allá a donde iba y su olor… (Y no porque su oficio fuese forense, no). Pero, le olía… a muerte.” A Matías, no lo podía engañar. Antes de llegar a ese departamento de policía, Matías, estuvo destinado en el país vasco, en una brigada secreta, les llamaban; “Los limpiamierda”. Claro qué eso se lo llamaban ellos así mismos, nadie se hubiera atrevido a decírselo a la cara.
Su brigada se encargaba de antiguos terroristas, ellos se encargaban de “darles el pasaporte” era un modo como otro de deshacerse de la “mierda” sin que nadie reclamara. Por supuesto, Matías, jamás tuvo remordimiento alguno, aquellos criminales que eran capaces de matar a cientos de inocentes con sus bombas a coches o edificios estatales o incluso, negocios comerciales, sin importarles los muertos civiles, no merecían piedad alguna. Muchos de los que hicieron esas barbaridades, yacen hoy día en lugares impensables, debajo de edificios, párquines o incluso, en lugares, dónde jamás se le ocurriría a una mente normal. (El cementerio). Lástima que todo aquello se acabó. ¡Malditos políticos corruptos!”
― ¡Teniente! Ya hemos llegado ― Interrumpió sus pensamientos el agente Cubero.
Matías, no dijo nada, estaba demasiado emocionado, frente al apartamento de su amiga como para decir algo.
Los de la policía científica ya habían hecho su trabajo y marchado. El informe se lo dejarían en su mesa al día siguiente. Lo que Matías quería averiguar era otra cosa. Nada más entrar fue directamente hacia un armario que había en la entrada y al abrirlo, apartó un puñado de toallas de baño y detrás apareció una pequeña puertecita. De su bolsillo izquierdo, Matías sacó una diminuta llave y abrió la puertecita. Sus ojos brillaron con gran intensidad mientras se le escapaba un; ― ¡Te tengo hijo puta! ― Gritó apretando los dientes con rabia.
El agente Cubero, que se hallaba justo detrás de él, del susto, ante ese grito ronco y desesperado,  pegó un salto hacia atrás que casi se traga el marco de la puerta que ni aún habían cerrado. Miró a su jefe sorprendido, este le enseñaba de modo triunfante, alzándolo en sus manos, algo parecido a un disco duro de esos llamado multimedia y no dejaba de gritar; ¡Te tengo cabrón! ¡Ya te tengo! ¡Maldito hijo de puta!


                                                  Capítulo 10

No tengo ganas de salir, no me gustó demasiado matar a esa pobre chica. Anoche llamé al departamento y les dije que hoy no iría, pediré la baja voluntaria y marcharé un tiempo de aquí. Mi eterno dolor de cabeza, ha desaparecido. Desde mi último asesinato no siento ya ningún dolor. No, no preguntéis por qué. Yo tampoco lo sé.
Solo sé que siento como si una gran piedra, de toneladas de peso, me estuviera aplastando y no me dejara respirar. ¿Remordimientos? ¿Arrepentimiento?
¡No! ¡Resaca! Nada más llegar, me bebí lo menos una caja de cerveza yo solo, ¡y era una de veinticuatro latas! Así me levanté hoy que no puedo con mi alma. Lo de pedir la baja voluntaria por un tiempo es porque sé que, el bueno de Matías, se me va a echar encima como un perro de presa y estoy seguro que, si se le escapa algún mamporro, me rompe todos los dientes y se quedaría tan a gusto el muy cabrón.
¡Hija de puta, cómo me engañó! ¿Cómo consiguió que la matara, engañándome con ese disfraz de puta barata…? Y ahora, por su culpa tengo que desaparecer. Infringí mi  propia norma “no matar policías” y ahora debo ocultarme por un tiempo. “¿Quizás tenga que vender la colección de sellos de mi madre? Nunca me preocupó ahorrar, siempre viví al día y sin preocupaciones. Hasta que se me ocurrió aceptar a mi madre en casa. ¡Joder! Me divorcié de mi mujer para estar sólo y me dejo convencer por mi hermano para meter a mi madre en casa… “Ella me hizo como soy ahora”. Tanto gritar, llorar y… ¿pedir? ¿Por qué acepté la primera vez? “Si no la hubiera hecho caso…” ¿Cómo empezó todo…? Es cierto sí, lo recuerdo bien. Aquél fue el primer día que la dejaba sola con una chiquita que había contratado un par de horas. Era una putita que de vez en cuando, satisfacía mis exigencias como hombre y qué, no sé por qué de un día para  otro me dijo que ya no volvía más a prostituirse. Qué quería abandonar la prostitución y que volvería al pueblo con sus padres. No me caía mal la chica así qué la propuse que si quería ganarse algunos “eurillos” cuidando a mi madre algunas horas en las que yo, por trabajo, no podía. Y ella aceptó encantada. (Necesitaba ahorrar algún dinero para no ir de vacío al pueblo, según me explicó).
Era una lástima, en la cama era muy buena y ahora yo, tendría que buscarme a otra que apaciguara mi fogosidad.
Pobre, un día, el primero y… Al volver a casa, me extrañó no verla en el salón viendo la tele, total, mi madre solía estar callada y tranquila después de la cena y no daba mayor trabajo, así que pensé que la chica se fue antes de que yo llegara.
Al ir a ver a mi madre para comprobar si estaba bien fue cuando la vi… ¡y entendí el silencio! Estaba cenando… ¡Las vísceras de la chica! ¡Me había olvidado de decirle que no la soltara de sus correas! Desde la tercera vez que me mordió, la mantenía sedada y atada en su cama. Pero nunca llegué a creer que llegara a hacer lo que hizo.
Supongo que, la chica se compadeció de verla atada en la cama y en vez de llamarme y preguntarme, se decidió a soltarla y… de lo demás que pasó allí, solo imaginarlo; mi madre tendría otro ataque de locura y…. hambre y se abalanzaría sobre ella mordiéndole la yugular con esos dientes que Dios le había dado y que, no sé cómo aún los tenía  todos, no le faltaba ni uno. Yo no podía dejar de mirar aquello… tenía la chica el pecho abierto, totalmente desgarrado, suponía que lo había hecho con sus uñas pues, por allí no tenía herramienta alguna. Y sus manos estaban chorreando de sangre y vísceras que de vez en cuando se llevaba a la boca y bebía (o mordía).
Al escuchar la puerta y mi grito de sorpresa (Sí, grité horrorizado). Mi madre me miró con esos ojos azules que a mí y no sabía por qué, me seguían estremeciendo. Y me sonrió, con esos dientes llenos de sangre y babeándole la boca, luego me dijo; No te preocupes hijo, ya cené… ―.Y se llevó otro bocado a la boca.
No lo pude evitar, salí corriendo hacia el lavabo y allí empecé a vomitar hasta que casi eché la primera leche materna. Sí, sé que estaréis pensando qué, ¿cómo un asesino puede sentir nauseas por algo que él hace habitualmente…?  Pero, si leísteis desde un principio  sabréis que yo, antes no era así. ― Un poco golfo y despreocupado, sí, pero, ¿asesino? ¡No! ―. Me costó un huevo el decidirme si llamar a la policía o no, era mi madre, ¿cómo iba a dejar que la encerraran,  a su edad? Finalmente me decidí por limpiarlo todo, meter a la chica, (lo que quedaba) en un saco y aprovechándome de la noche, la fui a enterrar a unos treinta kilómetros de allí, en un bosque, junto a un riachuelo dónde alguna vez fui a pescar. Nadie la echaría de menos en mucho tiempo, según y ella misma me dijo en alguna ocasión, ni sus padres sabían dónde vivía ni cómo. Así que, no la echarían de menos. Si alguien me preguntaba, le diría que se fue con sus padres y ¡qué le zurzan!
― ¡Leches! ¿Quién se atreve a venir a molestar ahora, tocando el timbre con tanta insistencia?
Miré por la mirilla antes de abrir… ― ¡Mierda! ¡Matías! “vamos, no eché a correr por que no había más que aquella salida que si no… no soy cobarde, nunca lo he sido pero, el tal Matías es una bestia cuando algo lo enfada y esta vez tiene que estar, muy, muy, pero que muy enfadado, diría que, hasta furioso (y no es coña). Respiré hondo y… abrí.



lunes, 9 de abril de 2012

Homenaje al hundimiento del titanic (14/04/1912)





(10 de Abril de 1912) Larry se asomó a la ventana por decimoctava vez desde dónde podía contemplar el puerto de Southampton. Faltaba poco para la salido del Royal Mail Steamship Titanic. ("Buque de vapor del Correo Real Titanic")Dónde debía proceder al embarque para conseguir su más preciado sueño; Alcanzar la tierra prometida, su amada y venerada América. Desde chiquillo y con las primeras películas mudas que vio de “Los viajes de Gulliver” (1902) o “20.000 mil leguas de viaje submarino” (1907). Que le dejaron totalmente impresionado.  Supo que su profesión no podría ser otra que la de actor. ―Y actor cómico ―Pues, desde su época de estudiante fue un autentico payaso que hacía  reír mucho a sus compañeros de clase. Entonces, él, ni siquiera sabía lo que era “actuar” , fue poco después de acabar su carrera de medicina que se inventó el “cinematógrafo”. Y desde entonces quiso vivir ese sueño. Y estaba a solo un paso de conseguirlo. Fue nada más acabar la carrera que recibió una suculenta oferta; Formar parte de la tripulación del “Royal Mail Steamship Titanic” cómo médico de la tripulación. No era de extrañar que al acabar la carrera universitaria le llovieran ofertas como la susodicha pues, de sobras sabía que, en sus andanzas de “practicas” por distintos hospitales de la región inglesa, había demostrado sobradamente su inestimable valía. (También era verdad que era nieto de Edward John Smith. Por más señas ―Capitán del buque ―).
Por fin pudo avistar desde la ventana lo que tanto estaba esperando; El coche de su tío. Este acababa de parar frente a la entrada del Hotel Highfield House Hotel. Que fue elegido, por su tío, en parte  por la poca distancia que había desde la Universidad de Southampton. Por eso fue que se decidió por ese magnífico Hotel y claro, por sus excelentes vistas y cercanías al puerto de Southampton.
Larry, bajó las dos plantas que lo separaban de la entrada al hotel, con su pequeña maleta de viaje, bajando  de dos en dos los escalones de cada planta. Casi a punto estuvo de tirar a una bella jovencita de cabellos rojizos y muchas pecas en su bello rostro. Pecas que no la desmerecían sino más bien al contrario, la daban una frescura y una gracia que, aún la hacían más bella. Aunque debido al empujón del impetuoso Larry. Su cara se mostraba  entre enfadada y sorprendida. No pudiendo disimular lo mal que le había sentado tal encontronazo contra el cuerpo de Larry. 
Larry, apenas le dedicó una mirada de soslayo, tenía demasiada prisa por recoger la documentación que le requerían en el buque para poder embarcar y que, su tío, muy amablemente, le había conseguido, gracias a su trabajo en la policía de Southampton Dónde era muy bien considerado por sus múltiples años de dedicación al servicio de su majestad; Jorge V.
Nada más llegar a la altura de su tío, se dieron un fortísimo abrazo mientras se preguntaban el uno al otro; ― ¿Cómo estás, sobrino? ― Le apretaba en su abrazo, su tío, casi hasta dejarle sin respiración.
― ¿Cómo estás tío, John?  ¿Y tía Marian?― Soltaba el aire de los pulmones  Larry, al abrazo de su tío, John, Con dificultad.
En ese instante aparecía la jovencita y pelirroja con la que había tropezado unos minutos antes
Y su tío John lo soltó al instante gritando con voz fuerte; ― ¡Clarete! ― Soltó después una estridente carcajada al mismo tiempo que, apartándose de su sobrino, encaminaba sus pasos hacia la joven llamada, Clarete.
Esta al verlo soltó un gritito de alegría y se fue hacia él agarrándose su precioso vestido blanco todo lleno de encajes con una mano, saltando a los brazos del tío John, diciéndole emocionada
―Tío John, qué alegría encontrarte aquí, pensé que no te vería ya, debido a mi tardanza y a mi mala costumbre de llegar tarde a todos los sitios ― Se disculpaba, Clarete.
― ¡No digas tonterías, Clarete! Y ven, que te presento a mi sobrino…
― ¿No me digas que este mal educado y bruto es tu sobrino, tío John? ― Se mostró encolerizada la joven Clarete. Roja como un tomate.
― ¿Os conocéis? ―Se mostró sorprendido tío John, ante tal hecho.
Larry se mostró azorado y avergonzado pues, la joven Clarete, tenía razón. Él no solía ser así pero, ese día estaba especialmente nervioso.
― Sírvase aceptar mis más sinceras disculpas, señorita, Clarete.  No estaba en mi ánimo portarme tan grosero y mal educado. Discúlpeme, tengo un día especialmente conflictivo y nervioso, Espero y se sirva el perdonármelo ―  La miró Larry con una expresión de perro apaleado  mientras extendía su brazo derecho para que la joven se apoyara en él. Por fin, la joven, sonrió azorada y aceptó el brazo que le ofrecía aquel  muchacho, moreno, con unos grandes ojos verdes y que la sonreía de una manera que, la llevaba al mismísimo cielo.
El tío John sonrió divertido mientras se decía para sí; “Bueno parece que no fue nada serio, ¡esta juventud!” se llevó la mano a su poblado mostacho pellizcándoselo seguidamente con gesto pensativo. Mientras, seguía a los jóvenes que, andaban ya hacia el puerto, sin acordarse de su viejo tío.
Nada más llegar, vieron esa enorme mole de madera y hierro fundido que era el buque Royal Mail Steamship Titanic. De 66.000 toneladas y 300 metros de eslora, con una longitud de 268 metros y con una capacidad para, aproximadamente; 2227 pasajeros. Y aún y con todo eso, podía alcanzar los 23 nudos de velocidad máxima. (Toda una proeza en aquellos tiempos).
El capitán Edward John Smith, los esperaba nada más entrar por la pasarela de proa al buque.
Al parecer eran los últimos en llegar. Allí mismo se despidió el tío John de ellos. No sin antes darle un gran abrazo a su padre el Capitán Edward John Smith.
No pudo el Capitán acompañarlos mucho rato pues, tenía que cumplir con sus deberes como capitán del buque. Así qué ordenó a uno de sus suboficiales a acompañarlos a sus camarotes respectivos. Ya habría tiempo de pasear y conocer los 28 salones Y algunas de las suites estilo imperio renacentista. Claro qué, sólo para algunos privilegiados que viajaban en primera clase.
Tras una breve parada en Cherburgo. Y qué Larry aprovechó muy bien para invitar a la señorita, Clarete, a dar un paseo por el muelle. Y después en Queenstown, aprovechó para, en un lindo atardecer, darle su primer beso.
Ya no tuvieron tiempo para más. Tras embestir a una embarcación unas horas antes. A las 11:40 de la noche, del día 14 de Abril de 1912 y a una velocidad endiablada de 22.5 nudos. Y después de una carrera contra el tiempo que, nadie sabía ¿a qué venía? El Royal Mail Steamship Titanic, chocaba contra un iceberg por un costado de estribor y tras escucharse; ¡Las mujeres y los niños primero! Todo se convertía en una ola de gritos, aullidos, llanto y desesperación. Mientras todo eran carreras, hombres y mujeres lanzándose al agua desesperados. Los 20 botes de salvamento no daban para más de 1178 personas. En menos de tres horas, desde el choque y sobre las 2:20 minutos del día 15 de Abril. El Royal Mail Steamship Titanic. Se hundía llevándose al fondo a 1522 personas. Entre ellas, a un recién licenciado doctor, que, valientemente entregó su vida sacrificándose en bien de otros que, sin su ayuda, no hubieran sobrevivido.








―Mistress Palmer, por favor, ¿quiere traer ya a sus aposentos a miss Clarete? No está bien de salud y ya refresca al atardecer en este mes de Abril. Es curioso que desde que ingresó aquí en el año 1993 solo sale fuera este día, (14 de Abril) y se queda todo el día mirando hacia el mar.
Al acercarse mistress Palmer A miss Clarete, vio en sus viejas manos un recorte enmohecido y amarillo, dónde podía verse aun claramente la imagen de unos marineros, eran cuatro y justo el que estaba al lado del más viejo, tenía marcado con un rotulador rojo, su rostro.
En los ojos de miss clarete, un brillo muy especial le hacía entender a mistress Palmer que, miss clarete, no se encontraba en esos momentos allí y era cierto… Clarete, estaba muy lejos en el tiempo, sintiendo en sus labios, su primer y último beso.




(¿QUIÉN LES ABRIRÁ?)

Cuando los años veas lentos pasar
 Y aún así, vayan más rápidos que tus recuerdos,
Déjales paso, quizás después,
Cuando a tú puerta venga
 El olvido a llamar...
Tú, ya no estés y entonces...
 ¿Quién les abrirá?

viernes, 6 de abril de 2012

Soy un asesino... sin serie (Capítulo 9)



                                                                    CAPÍTULO 9

Nada más llegar a casa me fui al baño y me quité la ropa que llevaba, dispuesto a darme una ducha refrescante. Al sacarme la cazadora fue cuando  me di cuenta de qué, sin querer, me había llevado la pulsera de la víctima. Sentí curiosidad y le eché un vistazo; Tenía una forma y unos dibujos muy raros, con letras imposibles, no, para nada entendía aquel lenguaje ininteligible. Solo al darle la vuelta y mirar por dentro fue que vi aquel nombre y este, y eso sí que, me pareció extraño, no era nada de raro. Ponía un nombre en español. Alicia . Por un instante quedé tentado de apretar o acariciar, una hermosa esmeralda que, sobresalía de la pulsera y que, resplandecía de una manera, para mí, exagerada, ya que, no había tanta luz en aquel cuarto de baño. Creo que, incluso lo rocé y por una fracción de segundo, pareció desaparecer mi imagen del espejo. Creo que fue solo una alucinación pero Me acojoné Así qué, abrí la cisterna y la metí dentro. (Ya pensaría el modo de deshacerme de ella) no podía correr riesgos. Matías estaba ya casi, rozándome el culo y no era plan ni plato de buen gusto para mí. Vaya, que no era mi tipo ―. ¿Qué sería de su novia policía? ¡Esa sí que está buena! lástima que se tenga que morir tan pronto.


Mientras yo divagaba por todo esto, Matías no perdía el tiempo y, justo en esos instantes, recogía muestras en el incinerador de deshechos del laboratorio forense. Encontró algo muy interesante. ―Una muela de oro macizo ― Una muela que no me hubiera importado y hubiese sido de cualquier cadáver que, no hubiera sido “Igor” ¡El maldito cabrón llevaba empastes de oro! Y lo que es peor, con tanta excitación por desguazarlo vivo. ―Se me pasó mirarle la boca ― Encima la muela, llevaba código de barra, o sea, una muesca o patrón usado por cada dentista,que, en realidad era como si la hubiese  firmado el propio  dentista que se la hizo. (No le fue difícil averiguar de quien se trataba). Todos los capullos dentistas se conocen.
Así qué, nada más visitar a un par de ellos, le dieron la información que, Matías, necesitaba.
“El licenciado Escobar”―Así rezaba en su puerta ― Un Colombiano que, hacía ya una década vivía en Barcelona. Nada más entrar Matías, con su pinta de “Dime lo que quiero saber o te rompo los huevos a patadas” se ganó las simpatías, del “Licenciado” qué echó a correr para la puerta que parecía “Karl Luis”(O Lewis). No le dejó llegar muy lejos el bueno de Matías, al meterle el pie y hacerlo caer de boca y romperse lo menos media “piña” contra la pared de enfrente. Después y no contento con verlo sangrar como un cerdo en el matadero. Le pisó la barriga con su 45 ―Y no era su pistola ― Y sus ciento diez kilos de peso, todo músculo de gimnasio. Mientras le preguntaba “dulcemente” ― ¿Por qué huyes hijo de puta? ― El “Licenciado” tenía toda la cara amorata, escupiendo sangre como un cerdo degollado y encima, con el “45”  del teniente en su barriga. ¿Qué más podía desear para ser feliz? Para colmo, el gran chasco del teniente. El pobre “Licenciado” efectivamente fue el que le hizo la ortodoncia al gran Igor, sin embargo, no sabía nada más. Solo huyó por la sencilla razón de qué, al no querer pagarle la ortodoncia, lo fue a denunciar y el gran Igor le mandó un mensaje, diciéndole que si no retiraba la denuncia, le “Crujía” los huevos, Y se hacía una tortilla francesa con ellos. De ahí el susto y el querer escapar del teniente, temiendo  que  el teniente fuese el “matón” qué iba a ocuparse del encargo de hacerse la tortilla de dos huevos… con sus huevos.
El cabreo del teniente Matías fue de campeonato, tanto se cabreó que, casi la tortilla de dos huevos, se la hace él. No obstante y debido a su cargo, no tuvo más narices que inhalar varias veces, tocarse los huevos, colocárselo en las bolsas escrotales y salir echando leches de allí.


Yo mientras tanto, preocupado por encontrar una víctima gay. ¿Qué queréis, se me había antojado?
No se me ocurría otro sitio para encontrarlo que  un lugar de “ambiente”. Justo el pub “San Gabriel” ¡Manda cojones, con el nombrecito! Además recordaba que, no hacía mucho, me llegó un cadáver al que le habían cortado el cuello y según se pudo averiguar, fue una pelea entre amantes Maricones qué, solían ir a “relacionarse” en ese mismo pub. Y qué al parecer, su amante creyó que le ponía los cuernos con el camarero por qué (según él) le pedía demasiados “”daiquiris" qué luego, no se bebía.
A punto de entrar en el pub  “San Gabriel” se me cruzó mi ayudante Bogdan, qué, no sé qué coño estaba haciendo allí. Y os  puedo asegurar que, me dieron ganas de cargármelo allí mismo.
― ¡Jefe! ―Exclamó entusiasmado (como si hiciera diez años que no me veía)
Lo miré de una manera qué casi se le caen las lágrimas al notar lo poco que me alegraba de verlo.
― ¿Qué co… haces tú por aquí? (logré frenar mis ansias de cargármelo)
―Oh, es qué… ejem, venía a visitar a unos amigos ― Carraspeo azorado, mientras miraba el gran letrero luminoso del pub.
Casi suelto una carcajada, para reírme de mí mismo, Buscando un gay y lo tengo en “casa”. De verdad, para morirse de la risa. Pero no, no podía ser este. Además, empezaba a caerme bien, dentro de un orden. Al fin y al cabo, era el “lazarillo” del teniente Matías y debía dejarlo tranquilo, no fuera  a ser que, me echara  aún más encima  al “doberman”  Matías. ¿Quizás hasta me pueda servir de “gancho”? Me dije para mis adentros.
― ¡Venga! Bogdan, invítame a un cubata y preséntame a tus amigos ―le anuncié sonriente.
 Bogdan, no daba crédito a su buena suerte, su jefe, ¿le pedía que lo invitara a un cubata?
― ¡Claro, jefe, entremos! ― Su voz sonó a cascabeles a mis oídos, estaba a un solo paso de lograr mi siguiente objetivo.
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Nada más cruzar la puerta, sintió en sus glándulas olfativas el aroma típico de ese olor a “hierba” tan característico de la planta de la “marihuana”. Y no, por que estuvieran fumando, no. ¿Con la prohibición? ¡Imposible! Lo que de veras ocurría era que unas “mariquitas” estaban en medio de una especie de “pista”
―Casi desnudas ―Digo casi, porque su única vestimenta eran unas hojas de la planta de la marihuana. ¡Cómo taparrabos! Parecían bailar la danza del vientre y por lo visto, muy bien, por el éxito que estaban teniendo, todos los ojos puestos en “ellas”. Mi compañero, Bogdan, tenía los ojos abiertos como platos y mucho me temía que empezara de un momento a otro a babear. Aproveché y le solté con toda la mano abierta una buena ostia en la espalda mientras le decía con coña. ― ¡Despierta coño! ¡Y vamos para la barra! ― Casi que no hizo falta que caminara pues, la ostia, casi se la hizo comer.
No sé qué habló con el barman, sólo sé qué nos dieron la mejor mesa, frente a la pista de baile, dónde estaban las dos “ninfas” bailando su baile encantador de serpientes. (Tuvo que echar antes a dos fulanos, con pinta de camioneros y con más pelo en el pecho que  el mismísimo King Kong). Se fueron a regañadientes a una mesa unos metros más atrás enseñando unos desagradables culos con aún más pelo.
Sentí un escalofrío  por todo el cuerpo (y no justamente de placer) ¡Arggg, qué asco joder!
Me pregunté qué coño hacía yo allí. Enseguida me respondí. ¡Coño!, pues, buscar una nueva víctima, ¿no?
Así qué me quedé observando el movimiento de aquel local y eliminando a sus clientes de un solo vistazo.
“Ese no, es más maricón que un palomo cojo y además más feo que la Esteban, en traje de baño.”
¡Cago en la ostia! Miré a uno que estaba al fondo y que parecía estar poniéndole el culo a un morenito, de por lo menos dos metros y con un paquete entre las piernas que  parecía de los que envuelven en “el Corte Inglés”. (Pensé  que si conseguía que le metiera “aquello” por el culo se la iba a sacar por la boca). Miré hacia otro que estaba sentado solo, no sé si por que esperaba  a  alguien pero, tampoco logró llamar mi atención.
Después de dos güisquis y aguantar a Bogdan, hablando por los codos (aunque no le hacía ni puñetero caso) Ya desesperaba que alguna de aquellas mariquitas me llamara la atención. Cuando, Bogdan, dijo la palabra mágica. ― ¡Carla! ― Y se levantó de un salto, tirando toda la bebida y los vasos al suelo, con gran alborozo de Carla que no dudó en reírse ampliamente mientras, abrazaba y daba un grandioso beso en la boca, al “baboso” de Bogdan. Este, una vez y dejó de babear, se giró hacia mí y me dijo; ― Jefe, te presento a Carla, “mi novia” ―. Vamos, si me pinchan en ese momento no me sale ni una gota. Aquel magnifico bombón… ¿un tío…? Y encima… ¿su novia? Porque yo estaba seguro de que, Bogdan era gay . ¿Cómo iba entonces a tener esa novia? Pero ¿en qué cochino mundo vivimos? ¿Qué ya no  sabemos distinguir entre una verdadera tía y un tío? Y encima yo me había puesto “palote” ¿Palote? ¿Qué cojones, palote? Pero, si estaba a punto de reventarme la bragueta del pantalón, ¡aquello parecía el poste de una portería de fútbol! Vaya, no me quise ni levantar, para no hacer el ridículo.
Carla Creo que intuyéndolo Se agachó y me dio dos dulces besos. Su perfume y… sus tetas en mi misma jeta, me dejó del todo noqueado y embriagado. ¡Qué pezones tenía! Parecía que iban a apuntalarme  un ojo en cualquier momento, de lo rabiosamente que sobresalían  de su  vestidito rojo que tan bien, lucía. Yo, desde que supe que era un tío, no apartaba la vista de la minúscula sombra de su tanga que, se entreveía a través de su vestido y que era tan roja como el mismo.
Ejem carraspeó Carla. Supongo que para que la mirara a los ojos.
Por favor, toma asiento, Carla y tómate un güisqui con nosotros Sonreí queriendo parecer educado.
Bogdan, ve a por una ronda de güisquis o lo que desee Carla Lo empujé de la silla al bueno de Bogdan que, girándose  hacia mí no parecía muy conforme con mis deseos. No obstante y viendo la mirada fría y seca que le dirigí, se fue hacia la barra gruñendo un; Pero, si no hace falta, leches, con llamar al camarero y el nos sirve . Le lancé una patada desde debajo de la mesa, con tan buena suerte que… le di a Carla.
Coño, perdona Carla, quise cambiar de pie y te di sin querer.
Carla sonrío enseñándome dos filas de dientes tan blancos y tan bien alienados que, ni la guardia imperial inglesa hubiera mejorado jamás.  Ni en sus mejores tiempos.
Me dio por pensar en si el “Macaco” aquel de Bogdan, no me habría engañado o Carla era un producto de laboratorio, de tan bien hecha que estaba.
No importa Gabriel, ¿no? Afirmó, más que preguntó  y con una voz verdaderamente deliciosa. Vamos, ¡para comérsela! (me juré que lo haría).
Aquí está la bebida, jefe Nos interrumpió Bogdan. (No me tiré a su yugular por que la tenía toda llena de pelos que si no…). Había traído dos güisquis más y una coca cola. Pensé que la “chica” no bebía alcohol y la coca cola era para ella. No tardé en darme cuenta del error. Se bebió el güisqui de un solo trago y empujó la coca cola hacia Bogdan, que se la escanció en un vaso largo con tres cubitos de hielo y la bebía a pequeños sorbos. Entonces fue que me fijé que sus vasos de güisquis seguían intactos en su lado de la mesa, con los hielos ya derretidos en su interior mezclados con el Güisqui. ¿Se había estado  haciendo el macho conmigo? Lo miré y casi me dio pena. (Se iba a quedar sin “novia “cómo yo me quedé sin madre)
Ya estaba dispuesto a utilizar todo mi encanto y llevarme a Carla conmigo. Sería un plato exquisito.
(¿Cómo para desperdiciarlo con un baboso como Bogdan?). Yo, no es que sea en exceso  guapo ni siquiera me creo atractivo, sin embargo y aún yo mismo me lo  pregunto el por qué “arraso” con las féminas. Es del todo  muy extraño pero, ¿quién las entiende? ¡Yo desde luego no! (ni lo intento).
 Lo bueno es que en este caso, no era una “fémina”(o eso creía yo) lo verdaderamente increíble fue que, ella sola lo hizo todo. Sí, no sé cómo ni por qué pero, se inventó una excusa y mandó al pobre Bogdan poco más o menos que a… dormir la mona.
Cuando Bogdan se fue con el rabo entre las piernas (si es que tenía rabo) yo la verdad, ya dudaba de todo y de todas. Me empezaba a resultar todo muy “extraño” demasiado fácil para mi gusto y… mi olfato de forense de más de treinta años de profesión. (Y de uno como matarife).
Algo allí olía muy mal y no era yo, ni Carla por supuesto ― Así que me dije; “Gabriel, vigila muchacho que te están poniendo un anzuelo y capaz eres de “picar” pero nada, ¡ni puñetero caso me hice! Estaba demasiado “palote” como para pensar con lucidez y decidí arriesgarme a “picar”.
No bebimos tres güisquis más cada uno, bueno, ella se puso “pedo” y se bebió también los dos güisquis aguados de Bogdan. Para entonces, tenía ya un dolor de huevos que se me iba ya para la tripa y me estaba empezando a cagar vivo (¿no sé si me entendéis?).
Nos levantamos y al ir a pagar, Carla se me adelantó y le dijo al barman; ― Miguel, guapo,  apuntalo en mi cuenta ¿quieres? ―.  ¿Qué iba a hacer yo? Soy un caballero… nunca desprecio a una dama, la dejé pagar.
Salimos y fuimos directos a su coche (yo había dejado el mío en el aparcamiento del laboratorio forense). A todo esto, al levantarme yo no había podido esconder más la “cosa” y Carla no pudo evitar reírse a carcajadas delante de mi careto al darse cuenta. Yo, la dejé que riera a gusto, ¿para qué quitarle ese gusto? Para lo que la quedaba…

En cuanto llegamos a la calle, eché un vistazo por si había “moros en la costa” pero no, en toda la calle Córcega, se veía apenas cuatro perdidos tan salidos y borrachos como se puede estar en un viernes ―Ya sábado ― Después de una noche de juerga en locales parecidos al pub “San Gabriel” pero de machotes y heterosexuales.
 Nada más llegar al coche la agarré por detrás y suave, la aplasté contra la carrocería. “Clavándole” mi miembro viril en su hermoso culo mientras le pasaba mi lengua húmeda y caliente por detrás de la oreja izquierda y se la mordía lascivo, metiéndole toda la lengua dentro. Carla a su vez, soltó un suspiro y ella misma empujó su  culo apretándose fuertemente contra mi miembro, mientras se doblaba sobre si misma (Cómo esperando la penetración).  Al mismo tiempo, mis manos acariciaron  su cuerpo. Deslizando  ágilmente  mis dedos, Primero por sus tetas, pellizcando suavemente  sus pezones hasta dejárselos de punta por la excitación y bajando después por sus caderas y volviendo hacia sus enredados cabellos Rubios. (No quise llegar a sus ingles por no asustarla). Esperaba encontrar algún pequeño bulto o lunar que no fuese normal encontrar en ese cuerpo tan bien proporcionado y atractivo. (Algo parecido a un micro, qué no encontré). De paso y sin que se diera cuenta le saqué su diminuto móvil del bolso, metiéndomelo en el bolsillo de la cazadora que llevaba puesta. A su oído le dije, “cariño, he olvidado vaciar la “bodega” y estoy que no aguanto, espérame en el coche, vuelvo enseguida. Aunque no me puso ninguna objeción sí que me soltó un quejido de enfado por dejarla, así, de esa manera tan excitada. Así que marché hacia el pub “San Gabriel” dejándola entrando en su coche con una calentura que, no le iba a hacer falta meterle gasolina al vehículo para que este se pusiera en marcha. El coche no era otro que un “mini” azul y con una línea blanca que rodeaba toda la carrocería del Vehículo y con un dibujo, (esto sí me llamó la atención) en el capó frontal, de dos tíos dándose por el culo,  sin ningún miramiento y excelentemente  dibujado. Por cierto, no sé qué leches querría decir ni lo qué pueda significar pero, uno de los tipos ―El que la tenía dentro ― Mantenía un preservativo en su mano izquierda mientras recibía por detrás.

Nada más entrar dentro del pub, me fui directamente a los baños, pasando de un maricón que se  me puso a tirar los “tejos”  y que siguiéndome se colaba detrás de mí en los baños. No lo dejé que me siguiera (no tenía tiempo). Le rompí los dientes de un puñetazo y lo empotré contra la pared. Perdió el conocimiento, creo, antes de tocar su cabeza con la pared. Me lo quité de encima metiéndolo dentro del primer retrete de la derecha. Ahora sí, agarré el móvil de Carla y teclee el último número marcado. Unos segundos de llamada y enseguida una voz muy conocida por mi ―Carla, qué pasa o… ― No lo dejé seguir y colgué sin responder, ya sabía lo que quería saber.  Cómo suponía, Matías estaba en el ajo ¡maldito cabrón! No sabía ya como meterme mano y cada vez me buscaba más las cosquillas.
No quise perder más tiempo ni que sospechara la “supuesta” Carla. Ya no había duda pero, ¿quién coño le había ido con el cuento a Matías de que mi siguiente víctima iba a ser un gay? Me fui directo hacia la salida de emergencia. Tuve que pegarle cuatro patadas a unas cajas vacías que tapiaban la salida, daba justo a la parte de atrás de la calle Córcega.  Así qué crucé hacia la avenida diagonal y rodee toda la manzana sin perderme ni un detalle. No me fiaba de que Matías estuviera por allí esperando a que cometiera algún fallo para apresarme allí mismo. No vi nada anormal en todo el trayecto, así que, seguí andando hasta el coche de “Carla” que estaba tranquilamente escuchando a Pablo alborada, recostada sobre el asiento del piloto. Nada más cerrada la puerta se puso en marcha dedicándome su mejor sonrisa mientras decía burlona. ― joder, guapo, vaya meada más larga ― Y soltó una carcajada. No le contesté, solo le eché mano directamente a su entrepierna esperando hallar alguna “sorpresa” ¡y vaya si la hallé! Carla se quedó blanca de la sorpresa y de mi arriesgada actitud pegando un gritito de enfado ― ¡Cabrón!  Pero… ¿qué haces? ― Me retiró rápidamente la mano de su entrepierna pegando un bote, estirándose con rabia el vestidito roja y cambiándole el rostro, dulce y sonriente unos segundos antes y ahora, soliviantado y enrojecido por la irritación de mi arriesgada actitud. (Arriesgada por la ostia que me podía haber ganado si no hubiera encontrado lo que encontré).
― Y eso… ¿qué es, muñeca? ¿Un regalito de  “el Corte Inglés”? ― Pregunté con una sonrisa irónica.
Carla se metió la mano bajo el vestido  y fue directa al “paquete” sacándolo  seguidamente.
Una pequeña pistola Smith & Wesson  Apareció de pronto en su mano qué no esperó a metérmela por la nariz mientras murmuraba burlona; ¿Qué cielo, te excito más así?

Ni contesté ni me inmuté, tal y como estaba subí mi mano y cogí su mano La que no tenía el arma Y me la llevé  hacia la bragueta, sin que hiciera esfuerzo alguno por evitarlo. Y la aplasté contra mi miembro, tan duro y rígido qué parecía más un tanque de combate. Al mismo tiempo le decía; ¿no prefieres jugar con esta, cariño…? Carla no esperó más y dejando caer el arma al piso del auto, se abalanzó encima de mí y mientras que, con sus manos liberaba mi miembro de su atadura, se puso encima, (ni sé como lo hizo en un habitáculo tan pequeño y tampoco estaba yo como para fijarme en los “pequeños detalles”). Solo sé que, se puso de espaldas a mí y se la metió toda ella solita por… el culo. ¡Y Dios mío, como se notaba que aquel culo, tenía hambre!


                                                                                                             

jueves, 15 de marzo de 2012

Soy un asesino... sin serie


Fue fácil para mí averiguar quién fue. No, ¡ni mago ni leches! (qué soy yo, quien escribe la historia, qué cojones). La verdad es que días antes salir la noticia en el periódico, me había cruzado con el “tipejo” y como al descuido, le pregunté por la chica. No me importaba demasiado esa es la verdad pero, ese día me dio por ser amable. Ni me reconoció siquiera el muy mamón. Claro que, solo me vio una vez, el día que le encargué que me buscara una chica para cuidar a mi madre.
Siquiera vino con ella, ella sola se me presentó con una carta de él y su sonrisa Rusa.
El tipo, una vez me hice recordar, me soltó que, la susodicha, no se había aclimatado y que había vuelto a su país de origen. Yo claro, me lo creí a pies juntillas, ¿por qué no iba a creerlo?, así que, no le di más vuelta al asunto hasta... “El día de la noticia en el periódico. Y entonces pensé; ¡Qué cabrón, me engañó como a un chino! No podía dejarlo así, esa chica, merecía descansar en paz.

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Qué poco podía imaginar Igor que, el día en que lo llamé para quedar con él, para hablar de una sustituta de la chica rusa  no iba a salir con vida de nuestro encuentro.
Quedé con él muy cerquita del laboratorio forense, antes ya me había preparado con una buena dosis de Morfina (amabilidad del jefe de laboratorios - me debía un favor -).Cómo para dormir a un caballo, “Igor” no solo parecía un caballo si no que, estaba como “un mulo”. Tenía que estar preparado.
No podía cometer ningún error, así que, nada más aparecer,- muy puntual – no lo dejé reaccionar.
Lo abracé como si fuésemos amigos de toda la vida, “cogiéndolo” de sorpresa y le hundí la jeringuilla en la nuca. No tuvo tiempo apenas de un acto reflejo de querer apartarse de mí. La morfina hizo un trabajo rápido y limpio y enseguida se le doblaron las piernas. No perdí más tiempo y tiré de él para “mí lugar de trabajo”. Tuve suerte y acerté con la dosis justa para hacerlo llegar por su propio pie. (Con lo grande que era el tío, no hubiera conseguido llevarlo en brazos).
Las cámaras de seguridad solo verían al  “doc. Bisturí” con un amigo un poco mareado.
El único que me preocupaba en ese momento, era el teniente Matías. Pero bueno, ya me inventaría alguna cosa para explicar tal “rareza” y más viniendo de mí, pues, era bien sabido que, no tenía amigos.
 Ahora solo necesitaba hacer sufrir a aquel maldito cabrón. ¡Y por cojones que lo iba a hacer sufrir!

Por fin abría los ojos Igor, ya me tenía preocupado, pensé que me había pasado en la dosis con el tranquilizante muscular. Sí, nada más verse atado de pies y manos en la mesa de la autopsia, desnudo y, a mí, muy cerquita de sus “partes nobles” con un escalpelo en la mano... ¡Empezó a temblar y cantar que daba gusto! (y no justamente Opera) No me dejó ni una sola pregunta por responder.

Antes de morir pude “convencerlo” para que, muy amablemente, me contara por qué la mató.
Las cosas no son tan sencillas como parecen a simple vista y yo me tuve que convencer de ello.
Un bocazas. (Mí hermano) no tuvo mejor ocurrencia que, contar que mi madre se venía a vivir conmigo y que todas sus pertenencias se las llevaría con ella. A saber; Lo único de valor que, mi madre tenía, era una colección de sellos que, eran más viejos que ella. Ni ella sabía lo que podían valer. Para ella solo eran estampitas con diferentes dibujitos. He de decir que, su a ficción, se la creó mi padre pues, fue él, quien empezó a regalarle, en cada nuevo cumpleaños. Sí, en vez de traerle flores o cualquier otra gilipollez... le traía sellos. La razón, según él, era que, quería cuidar de ella, cuando él muriera. ¿Poco romántico? ¡Los huevos!
Según el fulano este, esa colección de sellos que logró reunir mi madre. (Gracias a mi padre).
Tenían un valor al día hoy de; “¡750.000 euros!”¿Qué como lo podían saber eso ellos? Por la sencilla razón de que, la chica Rusa, logró convencer a mi madre para que se la enseñara y así,
Hacerles unas fotografías. Con las cuales y una vez en el poder de este “tiparraco” (las fotos).
Se dio buena prisa en averiguar su verdadero valor. Os podría marear contándoos los diferentes tipos de sellos que tenía mi madre en aquella colección pero, solo os diré que, tenía toda una tira de sellos iguales del año 1850. (¡Ahí es ni!). Ni puñetera idea de cómo mi padre, un albañil de la construcción, pudo llegar a tener esas “joyas” y ni si, las compraba con sus horas “extras” (ni que decir tiene que, en cuanto acabé con aquel tío, puse los sellos a buen recaudo). ¿Qué os estoy mareando? ¡Joderos!
Bueno, mejor joder... es más sano y satisface más que leerme a mí.
En fin, que me desviáis de lo que decía.
Decía que, el tipo, llamarlo “Igor” (total todo los Rusos se llaman así). Metió a la chica en mi casa,
Con el ánimo de hacerse con los sellos pero, no contaba con que, la chica, pese a no soportar a
Mi madre (como yo) se encariñara con ella. Y tomara la más absurda de las decisiones...
Negarse a entregarle los sellos a Igor. Este no podía admitir que una “mosquita muerta” se le rebelara y por todos los medios intentó convencerla de lo contrario, amenazándola de matarla de
Mil maneras distintas. Estaba ya a punto de acobardarla y aceptar robarle los sellos a mi madre. Fue cuando, llevada (supongo) por problemas de conciencia decidió que, no podía seguir cuidando a mi madre y se despidió de mí diciendo que no la soportaba más. Fue su sentencia  de  muerte pero, antes, estos putos cabrones le tenían destinado unos días de horrible sufrimiento.
El muy jodido cabrón me lo contaba casi con orgullo; Primero la molió a palos y después, hecha una autentica piltrafa, se la entregó a unos “clientes”. Unos ricachos de esos sádicos y asquerosos que son unos malditos impotentes de mierda y que se excitan haciendo daño.
Y que además, les gusta participar en grupo, parece ser que eso les excita más. Mientras lo escuchaba, de verdad que hasta me sentí “un Ángel” al lado de aquellos malditos depredadores.
Yo “odiaba” y mataba sí, pero por otros motivos, jamás por placer ni por saña. Lo mío... era otra cosa.
Nunca pudo el bueno de “Igor” ni imaginar la muerte que iba a tener... me iba a “esmerar” con él.




                                                      CAPÍTULO 8
No podía de ninguna manera, consentir que muriera pronto, así que, una vez y me contó cuanto quise saber, le inyecté una dosis lo suficiente alta como para que, ni se le moviera una pestaña pero, no la suficiente para no sentir lo que le iba a hacer… (“eso es, veo que lo entendisteis”). La dosis es paralizante pero, en ningún caso tiene, anestésico hipnótico. Con lo cual… permanecerá totalmente consciente y su centro nervioso, totalmente despierto.
Como soy un buen “profesional” y quería hacer bien mi trabajo, encendí la grabadora y empecé a narrar; “Varón, de unos 43 años, 1’90 centímetros de altura y 110 kilos de peso, color de ojos, azul claros, Posible causa de la muerte… Ingestión de sobredosis de barbitúricos…. Mientras, empezaba a diseccionar con mi escalpelo. La sangre empezó a inundar toda la sabana y la camilla. (Era normal) al no estar muerto, los latidos desaforados de su corazón, aceleraban todo su torrente sanguíneo, provocando espasmos y haciendo salir por las incisiones, litros y litros de sangre…No pude dejar percibir como a cada pasada del bisturí, su cuerpo se estremecía y su vello se le erizaba, y eso me provocó una excitación, nunca antes sentida que me hizo sonreír de satisfacción. Mientras iba desmenuzando a Igor, poco a poco y… con vida. No se me iba la imagen, vista en el periódico, de la chica Rusa. Totalmente deformada y rota. Y ver  el inaguantable dolor, sufrimiento y horror  en los ojos abiertos del aterrorizado Igor. Me satisfacía tanto que, aún baje el ritmo de las incisiones. (No fuera a ser que se muriera antes de tiempo).

¿Puede un asesino y psicópata tener corazón y sentimientos latentes en su interior? ¿Difícil pregunta verdad? ¿Alguno de ustedes estuvo dentro de la mente de alguno? ¿No, verdad?
Entonces… ¡ni se les ocurra preguntarme por qué hice esto! Les diría; ¿Y yo, qué coño sé?
El hijo puta de Igor, aún se lo estará preguntando también. (¿Sí es que hay vida en los infiernos?).

Bueno, como siempre que me divertía matando y una vez, deshecho del cadáver y limpio y desinfectado todo. ¿Os dije? (Tenemos crematorio). Me fui a tomar unas cervezas y “airearme” un poco. Tenía ganas de juerga, vaya, que, de tanta excitación quería mover el “gusanillo” así que, después de beberme tres cervezas en el bar de enfrente del laboratorio forense. Ya me conocían y sabían lo rarito que yo era No hablaba con nadie ni aceptaba que nadie me hablara ni siquiera tenía que pedir las cervezas, cada vez que veía una cerveza vacía, el camarero, sabía que me tenía que poner otra y así, hasta que yo, con un gesto, le pedía la cuenta. Esta vez, ni eso. Al acabar mi tercera mediana, le dejé en el mostrador un billete de diez euros y me fui sin decir ni adiós. (Vaya, como siempre).
Al salir a la calle no lo dudé, me cogí un taxi. No tenía ganas de conducir e iba lejos. Tenía una amiga a la que hacía muchísimo que no veía “Quizás ella pudiera desahogar esta excitación que llevaba dentro”.

Cada vez estoy más loco y por consiguiente, cometo más locuras e insensateces. Teniendo al “bueno” de  Matías pegado a mis talones y no se me ocurre otra cosa que, hacer de… “vengador”. ¡Esto ya es las leches! ¡Si seré imbécil! Al llegar a este punto no puedo por menos que sonreír. En cierta manera, me encanta esta excitación de sentirme perseguido. Estaba ya cansado de no tener un “rival” de mi altura. Uno con quien tener que “aguzar” el ingenio y ser mucho más astuto y rápido que él.
Llegado el caso… siempre podré liquidarlo y ¡Santas Pascuas! Qué se busquen a otro…
Al salir a la calle no lo dudé, me cogí un taxi. No tenía ganas de conducir e iba lejos. Tenía una amiga a la que hacía muchísimo que no veía “Quizás ella pudiera desahogar esta excitación que llevaba dentro”.

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Cuando llegué a su Casa <Una casa esplendida en medio de la naturaleza del Montseny. Ese día, las cinco de la tarde y con unas rachas de viento de unos 80 kilómetros hora. Con unas vistas increíbles de Mallorca que está nada más y nada menos que, a 220 kilómetros de allí― Por supuesto, se veía mucho mejor con el Telescopio que, tenía mi amiga en su gran terraza>. Nada más escuchar  el rugir de mi coche, ya estaba ella en la puerta de entrada al jardín y con una sonrisa de oreja a oreja.
He de decir que, hacía más de veinte años que nos conocíamos. No, no siempre estuvimos enrollados. No fue si no, cuando ella por fin se separó del cabrón de su marido y yo, por fin, mandé a la mierda a la mía. “Lo clásico, yo te llamo para animarte, tú también lo haces y… ¡acabamos follando como perros! (A lo salvaje quiero decir). Eso sí, nos prometimos que, cada uno haría lo que le saliera de las “pelotas” (en su caso, “los ovarios”) y así fue hasta ahora. Ella me llamaba cuando estaba muy “necesitada” y yo pues… otro tanto. Esta vez, me tocó llamarla a mi…” ¡uf, la necesidad obliga!
Nada más bajar del coche se me echó encima y “noté” enseguida que, ella, no estaba mejor que yo. Así que, no entramos ni dentro, sus manos volaron a mis pantalones y las mías sus tetas…, claro, la ropa voló sin dilación y quedaron nuestros cuerpos desnudos, apretados y excitados como perros rabiosos. (Hasta mordiscos recibí) creo que yo también se los di a ella, no se… perdí la noción de donde estábamos. Solo sé qué, nos revolcamos por el césped y hasta creo, por las piedras, de tantos arañazos que recibimos.
Una vez ya recompuestos y apagada la “fiebre” nos fuimos a duchar Por separado si no, la liamos otra vez. Media hora más tarde nos reunimos en la terraza a cenar y a contemplar Mallorca.
Por supuesto, cenamos frugalmente, fiambres y algo de fruta. Ninguno estaba por la labor de cocinar y yo se lo supe disculpar, la avisé con poco tiempo y ella por su trabajo de economista en una empresa de ámbito internacional, apenas paraba en casa. Tampoco tenía mucha hambre.
Después de unas horas de charla informal, lo típico; ¿Qué es de tú vida? Pregunta ella. Yo así con sa, Contesto yo. ¿Y tú cómo lo llevas? Pregunto yo. “Pues ya ves… bla, bla, blaMe responde ella.
Y así, como una cuantas horas. Vamos, como personas normales. (¿No?)
 Cuando mejor y más tranquilos estábamos, nos calentamos de nuevo (sería la conversación tan interesante, supongo)  y nos fuimos rápidamente  para apagar el incendio. Esta vez…. En la camita qué está más rico y sabe mejor.

Cuando volví de “desahogar mis penas”. Me esperaba una “grata sorpresa”. Justo en el despacho de mi “buen” amigo, Matías. Aún no había “fichado” para entrar qué, ya lo tenía, avisándome con el agente, Fernández. (Su perro lazarillo) “Un hombrecillo que, jamás subió  de categoría, por su innegable afición a empinar el codo en horas de trabajo e irse de putas, (sin pagar un duro) claro, amenazándolas con amargarles la vida si no “le agradecían” su ayuda convenientemente. A  Matías le venía muy bien pues, se movía de una manera muy hábil entre los chulos y las golfas. Por esa razón lo hizo su “ayudante”perro chupa pollas “La del Matías, claro”.
El teniente Matías te está esperando en su despacho, Gabriel. dijo el “chupapollas.
Lo miré con mala hostia, la verdad es qué, ya no solo el teniente si no, “el chupapollas” me tenía hasta los mismísimos huevos.
Dile que, en cuanto me cambie iré a verlo. Le solté con toda mi mala leches.
Pero… es qué… él dice Tartamudeó el “gilipicha”. Babeando las últimas letras.
¡Qué te vayas tú y tú jefe a tomar por el culo! ¿Entendiste? Pregunté escupiéndole en la cara.
Claro que seguidamente me fui echando leches, hacia el despacho del susodicho. (No vaya a ser que, encima se “mosquee”). Al llegar… ¡La sorpresa,  Allá que estaba mi ayudante nuevo! ¡Por Dios, qué cara de gilipollas tenía! (Explico) “Era como para ser el protagonista de una “peli” Gore. ¡Joder que feo que era el “bicho”! tenía una cabeza que parecía un “portaaviones”, Vamos que, incluso el Titanic (de no hundirse) podría haber tomado puerto en su cabeza Y aún le hubiera sobrado espacio Encima, me llevaba unas gafas, tipo “Jerry Lewis” Los ojos no miraban rectos (No sé si por vergüenza) o es qué ya era así de feo…” No quiero ya deciros la de granos, o acné, que tenía su cara, de pecas tan rojas cómo el culo de un mono (de culo rojo). Y no digo nada más que luego encima me acusaréis de; Xenófobo  o alguna cosa de esas. (Por cierto, sí, era ruso)


Pasa, GabrielDijo Matías Este  es tú nuevo ayudante, ¡ven!, Bogdan. ―Parecía llamar a su perro.
“¡Hostias!” pensé yo, “hasta el nombre lo tiene bonito el jodío”. Más tarde supe que, su nombre significaba (No sé en qué coño idioma) “Dado por Dios” ¡qué coño dado por Dios, por su puta madre, sería, al verlo tan feo! Claro qué, eso no salía de mi boca, no jodamos, tal y como están las cosas en España… (Miedo me da).
¡Deja de pensar cosas de las tuyas, cabrón! . Me gritó el teniente a voz en grito.
No me impresionó, lo había visto en días peores. Como el día aquel en qué un ladronzuelo, sin saber que era un policía (y lo que es peor) con mucha malaleche. Le quiso robar la cartera, en una de las pocas salidas que tuve con él y toda la tropa. ¡Pobre desgraciado! Cuando logramos sacárselo de las manos del teniente, poco menos que tuvo que ir a hacerse la cirugía en los huevos, de lo “espachurraos” que se los dejó, a patadas. Encima, cuando el idiota, se enteró de que, era policía y además, teniente. Se atrevió a amenazarlo con denunciarlo por malos tratos. (Desde entonces creo que fue, le llaman por los bajos fondos de Barcelona “El eunuco”)
Bueno en fin que, el bicho ese es mi nuevo ayudante. (¿Para qué enrollarme?)
Y para demostrar qué era muy aplicado, nada más y salir del despacho del teniente Matías. Lo mandé a por café Para aplacar mis nervios Qué nada más verlo, me tenía deshechos.
Creo que, hasta incluso pensé en “provocarle” un accidente y meterlo en el horno crematorio.
Uf, me quedé con las ganas, solo al recordar la mirada de Matías al estrechar yo la mano del Bogdan, parecía decirme; “cuídalo mamón que, ese será mis ojos y no te lo despegará del culo”
¡Maricón de mierda! (No me hagáis caso) es la mala hostia que se me pone de solo mencionar al cabrón del Matías, a mi me da igual cargarme a un maricón que a un “machote” a la hora de cortarles el cuello, sangran igual. Incluso la carne del Gay, es más sabrosa al  estar más “cuidado”
Y ser más pulcro en su higiene (Imagino yo) ya qué, no creo que haya matado a ninguno todavía.
A no ser que, mi vecino lo fuera, que no lo sé… (Su carne estaba asquerosa).
Pensando  y pensando, me prometí que, mi siguiente víctima, sería gay.





Pues, fue imposible, no pudo ser gay (Al menos no pude averiguarlo). Me la crucé aquella tarde, después de salir de trabajar. No sé ni siquiera por qué me llamó la atención. Quizás fuera su más que, notable nerviosismo No era en absoluto guapa, ni siquiera atractiva, más bien era del todo normal ¿Sería eso lo que me llamó la atención? Su “normalidad” ― El caso fue que, tras cruzarse en mi camino, no dejé de seguirla. Era extraño pues, parecía ir hablando por todo el camino con alguien “invisible” por lo menos, ante mis ojos. (Llegué a pensar que estaba loca). De repente... ¿y no me preguntéis cómo? ―Desapareció delante de mis ojos ― fueron, o a mí me pareció, tan solo una segundo pero, ¡puedo asegurar que, desapareció de mi vista, ese tiempo!
Me refregué tanto los ojos que, casi me quedo ciego de verdad, de tanto refregar. Por fin, en la calle “Paseo de Gracia número cinco”. Un portal bastante lúgubre y oscuro. Se paró y tras rebuscarse entre los bolsillos, sacó una llave, la metió en la cerradura, abrió y entró. No podía perder tiempo así que, corrí hacia ella y sin perder un segundó, me colé tras ella, al mismo tiempo que, enredaba mis manos en su cuello, por la espalda. No la dejé que reaccionara  y tras amenazarla con romperle el cuello allí mismo, la ordené que me llevara a su piso o apartamento.
Era un primero, así que, no dimos tiempo a que, nadie nos viera entrar. Nada más entrar vi que tenía un extraño empeño por llevarse la mano derecha hacia una aún más extraña pulsera que, tenía en su muñeca izquierda. No me parecía conocido el material con el que parecía haber sido confeccionada, así que, sin dudarlo, se la quité rápidamente y me la metí en mi bolsillo de la cazadora negra que llevaba ese día puesta. Hasta ese momento, no había estado asustada en ningún momento pero, fue quitarle la pulsera y se puso a chillar y a gritar como loca, así que, no tuve más remedio que partirle la boca de un ostión. Al mismo tiempo que, la empujaba contra el sofá de tres plaza que, estaba en el centro de la estancia, frente a una pantalla de no menos de 50 pulgadas de plasma, (o eso me pareció) no soy muy técnico en esas cosas. Encima de la pantalla tenía un retrato de un tío con la cara de más malaleches que yo había visto en mi vida. Parecía ser General o tener un cargo militar importante. Miré por toda la estancia para ver qué me podía servir de “herramienta” esta vez. La “rara” ya se había tranquilizado después del “ostión”, sangraba por la boca y no me extrañaría que le fuese saltado alguna muela o diente. Extrañamente, me sentía excitado y nervioso…
La “rara” me habló en ese momento. ―Creo que te estás equivocando, no sabes con quien te estás metiendo. ―Dijo con la suficiente arrogancia como para que me acabara de “mosquear” y le propinara otra ostia. (No suelo pegar a las chicas). Vamos que nunca lo hago, ―Lo normal es que las mate y me las coma ― En este caso, no sabía por qué pero, me estaba extralimitando y no me gustaba.
― ¡No sabes lo que estás haciendo! ― Volvió a gritar
― Estás poniendo en peligro algo más que tú vida ¡Hijo de puta! Y mi hermano, te matará y matará a mucha más gente si no me sueltas ahora mismo y te marchas de aquí. ―Y la jodía lo decía muy convencida y roja como un tomate.
Bueno, yo, había seguido buscando mi “herramienta” y por fin la encontré así que, sin hacerla ningún caso, la agarré por el pelo y la arrastré hacia el baño “había tenido una genial idea”.
Nada más entrar me di cuenta de que, ese baño parecía no haber sido usado nunca ―Estaba demasiado “limpio” ― No me importó. La metí de otro guantazo dentro. (Sí, esta vez me estaba “pasando”). Una vez dentro de la bañera, le di al agua para  llenarla, mientras la desnudaba. “Supongo que la pobre creería que iba a violarla o  a saber qué cosas se le pasaría por la mente en ese momento”. Busqué gasas de vendar heridas en el botiquín (¿Quién no tiene en su casa?) y le tapé la boca, no sin antes, meterle un buen puñado de algodón dentro de ella. La “rara” se resistía de lo lindo, ―no os creáis ― y me costó darle otra buena ostia que, casi la hago perder el conocimiento, la quedé medio atontada, el tiempo justo para dejarla atada como una morcilla. No quería dejarle muchas señales por el cuerpo, así que, no la até muy fuerte, lo justo para que se asustara y dejara de berrear.  Una vez quieta, fui corriendo al salón, había allí una “herramienta”
Fabulosa para llevar a cabo mi crimen, “sin que averiguaran jamás que fue un crimen”. Era un
Extraño aparato pero, bueno, tampoco yo soy un experto. Parecía un nuevo modelo de “reproductor de DVD” circular y con luces de colores, pero tenía cable para enchufar así que, me serviría a mis propósitos. Cuando volví a entrar en el cuarto de baño, La “rara” me miró con los ojos muy abiertos y ya sí, completamente aterrorizada. ―No me dio ninguna pena ― Desde que me crucé con ella, sentí esa necesidad, casi diabólica, por matarla. Me acerqué a la bañera y agarrando su rostro, la empujé hacia adentro, metiéndola hasta el fondo. No quería ahogarla, no, solo, dejarla sin conocimiento. Tenía que morir sí, pero, de otra manera. Una vez dejó de resistirse,
Saqué su cabeza del agua y tiré de su cuerpo hacia arriba, hasta dejarla sentada. Le quité todas las gasas usadas en su cuerpo.  Después, enchufé el extraño aparato y alejándome todo lo que pude, lo arroje al agua. Hubo toda una explosión silenciosa de colores mientras, su cuerpo era sacudido  violentamente durante unos escasos segundos y la estancia se llenaba de un humo negro y con olor a carne quemada. Abrí la ventana y me quedé allí, observándola durante, creo, lo menos una hora. Sentía una fascinante atracción que, no supe definir, ni aún hoy, lo puedo explicar.
Después de limpiar todo lo que pude tocar o desplazar, me fui tan silencioso como había venido.